La segunda y tercera guerras púnicas habían dejado exhausta no solo a Roma, sino también a buena parte de los pueblos hispanos, que habían combatido en la península como aliados de cartagineses o romanos.
Con la derrota de Cartago, Roma pasó a controlar los territorios peninsulares. En el año 197 a. C., organizó Hispania dos provincias: la Citerior, con Tarraco como principal centro político y administrativo, y la Ulterior, cuya capital fue Córdoba.
Roma impuso a las comunidades hispanas tributos y hombres de leva para sus ejércitos. Explotó los recursos agrícolas y mineros con el trabajo de los hispanos.
En el año 195 a. C., Roma envió a Hispania al cónsul Marco Porcio Catón para hacer frente a la rebelión de los pueblos celtibéricos. Cuando llegó a Hispania, encontró una situación especialmente difícil en la Citerior, donde numerosas comunidades se habían levantado contra Roma. Catón actuó con gran dureza y consiguió restablecer temporalmente el dominio romano. Su actuación fue fundamentalmente militar y represiva, por lo que no resulta adecuado hablar de un «método Catón» de integración cultural en sentido estricto. Regresó a Roma con un considerable botín, por lo que el Senado le concedió un triunfo. Su campaña es uno de los primeros episodios del dominio romano.
En el año 193 a. C., el pretor Marco Fulvio Nobilior, gobernador de la Ulterior, derrotó cerca de Toletum a una coalición formada por vacceos, vetones y celtíberos. El dirigente de la coalición, llamado Hilerno, fue hecho prisionero. Nobilior continuó con su saqueo en la comarca.
I- LA PRIMERA GUERRA CELTIBÉRICA
Ante las constantes revueltas que se venían produciendo en Hispania, Roma intensificó su intervención militar. La llamada Primera Guerra Celtibérica se desarrolló entre 181 y 179 a. C.
Roma envió al pretor Quinto Fulvio Flaco, que llevó a cabo varias campañas contra los celtíberos. Consiguió importantes victorias y conquistó diversos pueblos, pero la resistencia continuó. La guerra no se resolvió únicamente mediante la fuerza de las armas, sino también mediante pactos y negociaciones.
En el año 180 a. C., Roma confió el gobierno de la Hispania Citerior a Tiberio Sempronio Graco, que continuó la campaña iniciada por Fulvio Flaco. Graco desarrolló una política que combinaba las operaciones militares con la negociación. En el año 179 a. C. consiguió importantes victorias sobre los celtíberos y estableció una serie de acuerdos que proporcionaron a la región un periodo de relativa estabilidad.
Durante sus campañas se produjeron enfrentamientos de gran dureza. Las fuentes antiguas sitúan uno de los principales combates en Moncayo, aunque esta identificación no puede considerarse absolutamente segura, aunque la derrota de los celtíberos contribuyó al final de la guerra.
Graco estableció con los pueblos sometidos unas condiciones que incluían el pago de tributos, la prestación de servicio militar y limitaciones a la construcción y fortificación de ciudades. A cambio, algunas comunidades conservaron un cierto grado de autonomía. Su política fue más negociadora que la de algunos de sus predecesores y contribuyó a mantener la paz durante varios años.
En este contexto fundó Gracchurris, generalmente identificada con la actual Alfaro, en La Rioja, una ciudad que sirvió como elemento de consolidación de la presencia romana en el valle del Ebro.
II- LA SEGUNDA GUERRA CELTIBÉRICA
La relativa tranquilidad conseguida por Graco duró unos veinticinco años.
Los belos de Segeda, una ciudad a pocos kilómetros de la actual Calatayud, decidieron ampliar sus murallas porque la ciudad estaba creciendo. Roma consideró que contravenía los acuerdos establecidos y utilizó la ampliación de Segeda para declarar la guerra.
Ante la amenaza romana, los segedenses abandonaron la ciudad y buscaron refugio entre los arévacos de Numancia, estableciendo una alianza con ellos. El mando de las fuerzas coaligadas fue asumido por Caro de Segeda.
Roma envió en el año 153 a. C. al cónsul Quinto Fulvio Nobilior al frente de un ejército que las fuentes dicen de unos 30.000 hombres. Se presentó en Hispania para enfrentarse a la coalición de belos y arévacos.
El 23 de agosto, la coalición atacó por sorpresa al ejército romano, causándole numerosas bajas. Caro murió durante el repliegue y Nobilior continuó su avance hacia Numancia. Ocupó Ocilis, identificada con Medinaceli; siguió avanzando hacia Numancia, levantó campamentos en Almazán y en Renieblas. Los restos de los campamentos romanos de esta zona constituyen uno de los testimonios arqueológicos más importantes de las guerras numantinas.
Nobilior en Numancia recibió refuerzos de caballería númida y diez elefantes de guerra norteafricanos. Su intención era utilizar los animales para atacar a los celtíberos. Sin embargo, uno de los elefantes resultó herido por una piedra lanzada desde las murallas y la manada enloqueció por las pajas encendidas que les lanzaban los numantinos, y los animales se volvieron contra los romanos, provocando el desorden de sus líneas. Los numantinos aprovecharon la situación para realizar una salida y causaron una grave derrota al ejército romano, que tuvo que retirarse a sus campamentos de seguridad. La llegada del invierno, las dificultades de abastecimiento y las derrotas sufridas hicieron todavía más difícil la situación del ejército romano.
En el año 152 a. C., el Senado envió a Hispania al cónsul Marco Claudio Marcelo, que adoptó una política más conciliadora y consiguió que varias comunidades celtibéricas aceptaran negociar. Se planteó entonces una paz basada, en buena medida, en los acuerdos establecidos por Graco.
Los celtíberos enviaron embajadores a Roma para negociar las condiciones de la paz. Aunque inicialmente el Senado mostró reservas, finalmente el acuerdo fue aceptado. Marcelo consiguió establecer una paz que se mantuvo hasta el año 143 a. C., cuando volvió a producirse el levantamiento celtibérico.
III- EL ALZAMIENTO DE LOS LUSITANOS: VIRIATO
Mientras se desarrollaba la segunda guerra celtibérica, Roma tuvo que enfrentarse también a la resistencia de los pueblos de la Lusitania. El primer levantamiento comenzó hacia 155 a. C., cuando el caudillo lusitano Púnico llevó a cabo diversas operaciones contra los romanos. Tras su muerte, otro dirigente, Césaro, continuó la lucha y obtuvo importantes victorias. En el año 153 a. C., Césaro derrotó a las tropas romanas y se apoderó de sus enseñas, que mostró posteriormente a otros pueblos hispanos como prueba de la vulnerabilidad de Roma, pero finalmente fue derrotada.
En el año 147 a. C., Viriato y un contingente de lusitanos penetraron en el suroeste de la península en busca de suministros. El pretor de la Hispania Ulterior, Cayo Vetilio, consiguió rodearlos y le ofreció una salida negociada a cambio de su rendición. Viriato no confió en la propuesta romana y consiguió escapar del cerco utilizando la movilidad de sus tropas. Condujo a los romanos que lo perseguían hacia una emboscada y derrotó al ejército de Vetilio. El propio pretor murió durante la derrota.
Viriato desarrolló su estrategia basada en la movilidad, el conocimiento del terreno y en la guerra de guerrillas. Sus fuerzas consiguieron derrotar repetidamente a diferentes ejércitos romanos y extender la rebelión por amplias zonas de Hispania.
Roma envió contra él a varios generales, entre ellos Fabio Máximo Emiliano y Quinto Fabio Máximo Serviliano. Serviliano llegó a conseguir importantes éxitos, pero terminó negociando con Viriato un acuerdo de paz en el año 140 a. C.
Roma no aceptó el arreglo. En el año 139 a. C., Quinto Servilio Cepión reanudó la guerra contra Viriato. Ante la imposibilidad de derrotarlo directamente, Escipión recurrió finalmente a la traición.
Viriato envió a su campamento a tres de sus hombres, Audax, Ditalkón y Minuro, para negociar la paz. Cepión consiguió sobornarlos prometiéndoles riquezas y tierras si asesinaran a su propio jefe, lo que hicieron mientras dormía, clavándole un puñal en el cuello.
Viriato murió asesinado en el año 139 a. C. Su muerte puso fin a buena parte de la resistencia organizada que había encabezado. Según las fuentes antiguas, sus hombres le tributaron un gran funeral, con sacrificios y ceremonias en su honor.
Viriato se convirtió en uno de los grandes símbolos de la resistencia contra Roma. Su capacidad para aprovechar la movilidad de sus tropas y su conocimiento del terreno le permitieron enfrentarse durante años a ejércitos romanos mucho más numerosos. Su figura, su valor y su talento militar están ampliamente atestiguados por las fuentes antiguas.
IV- LA TERCERA GUERRA CELTIBÉRICA: NUMANCIA
Después de la muerte de Viriato, Roma quiso terminar definitivamente con la resistencia de los pueblos hispanos. En el año 143 a. C., el Senado envió al cónsul Quinto Cecilio Metelo Macedónico, que obtuvo importantes victorias, aunque no consiguió conquistar Numancia ni Termancia.
En el 1411 a. C. llegó Quinto Pompeyo, que sufrió varios reveses de los numantinos. Finalmente, llegó a un acuerdo con ellos, aunque el tratado fue posteriormente anulado por Roma.
En el año 139 a. C., el cónsul Marco Popilio Lenas continuó la guerra, pero tampoco consiguió conquistar Numancia. La resistencia de la ciudad arévaca seguía constituyendo un serio problema para Roma.
En el año 137 a. C., el cónsul Cayo Hostilio Mancino sufrió una nueva derrota ante los numantinos. El ejército romano quedó prácticamente cercado y Mancino se vio obligado a rendirse y negociar. El acuerdo garantizaba ciertas condiciones a los numantinos, pero el Senado romano consideró el tratado humillante y decidió no ratificarlo.
Mancino fue entregado a los numantinos, pero estos se negaron a aceptarlo y tuvo que mantenerse desnudo un día ante las puertas de Numancia. El antiguo cónsul regresó finalmente al territorio romano.
La tradición sobre su entrega desnudo procede de las fuentes antiguas y refleja el carácter excepcional de la humillación sufrida por el ejército romano.
Durante los años siguientes, los cónsules romanos evitaron los enfrentamientos directos con Numancia y dirigieron sus operaciones contra los aliados de los numantinos. La relación existente entre vacceos y celtíberos fue suficientemente importante como para que Escipión Emiliano, años después, considerase necesario atacar el territorio vacceo para impedir que Numancia recibiera suministros y ayuda.
Finalmente, el Senado tomó la decisión de acabar definitivamente con la resistencia numantina. En 134 a. C. fue enviado a Hispania Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo de Escipión el Africano y vencedor de Cartago. Escipión había alcanzado un enorme prestigio militar y los soldados confiaban en él. A su llegada encontró un ejército desorganizado y poco disciplinado, por lo que comenzó imponiendo una estricta disciplina y sometiendo a sus tropas a un intenso entrenamiento.
Escipión comprendió que no podía conquistar Numancia mediante un ataque directo. Decidió, por tanto, aislarla completamente. Para ello construyó una compleja red de campamentos, fortificaciones y torres de vigilancia comunicadas entre sí, y levantó alrededor de la ciudad una circunvalación formada por un muro, un foso y diversas estructuras defensivas. El cerco tenía aproximadamente nueve kilómetros de perímetro.
Antes de completar el cerco, Escipión realizó campañas contra los pueblos vecinos y, especialmente, contra los vacceos, con el objetivo de impedir que Numancia recibiera alimentos o refuerzos.
Los numantinos intentaron romper el cerco en diferentes ocasiones, pero no lo consiguieron. El bloqueo terminó provocando una situación desesperada dentro de la ciudad. Después de muchos meses de asedio, el hambre y las enfermedades hicieron estragos entre sus habitantes.
Finalmente, en el año 133 a. C., Numancia cayó.
La tradición transmitida por las fuentes afirma que muchos de sus habitantes prefirieron morir antes que entregarse a los romanos. Incendiaron la urbe y muchos se suicidaron. Los supervivientes fueron capturados y vendidos como esclavos a pueblos del Asia Menor. La ciudad fue destruida y Escipión recibió el sobrenombre de «Numantino».
Con la caída de Numancia terminó la gran resistencia celtibérica organizada contra Roma. Sin embargo, la conquista romana de Hispania todavía no había concluido. Quedaban amplios territorios del norte y del oeste peninsular fuera del control efectivo de Roma, que continuaría sus campañas durante las décadas siguientes.










PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:
1-Romeo Marugán, Francisco (2026). Las guerras celtibéricas: Historia narrada del conflicto entre Celtiberia y Roma. Editorial Almuzara.
2- Gracia Alonso, Francisco (2003 / 2006). Roma, Cartago, íberos y celtíberos. Las grandes guerras en la península ibérica. Editorial Ariel.
3-Schulten, Adolf. Numancia. Una obra clásica sobre la guerra numantina.
4-Capalvo, Álvaro (1996). Celtiberia: un estudio de fuentes literarias antiguas.
5-Romeo Marugán, Francisco (2026). Las guerras celtibéricas: Historia
6- Lorrio Alvarado, Alberto J. (2005). «Los celtíberos: economía, sociedad y milicia». Trabajos de prehistoria.
7-Pina Polo, Francisco. Universidad de Zaragoza
8-Jiménez Díez, Alfredo (2010). «La guerra en la Celtiberia: tácticas, armamento y fortificaciones».
9- Burillo Mozota, Francisco, Los celtíberos. Etnias y estados, Crítica, Barcelona.
10-Lorrio Alvarado, Alberto J., Los