INTRODUCCIÓN
La Ilustrísima cofradía penitencial de Nuestra Señora de las Angustias es una de las hermandades con mayor tradición en Valladolid. Su importancia no reside solo en sus valores arquitectónicos y artísticos, sino como una de las instituciones religiosas más relevantes en la historia de la ciudad.
HISTORIA DE LA COFRADÍA
No se conoce la fecha de la fundación de la cofradía. La documentación conservada demuestra que la institución ya existía en 1536. En su archivo se encuentra la bula concedida por el papa Paulo III en enero de ese año, y otra de 1543. Ambos documentos acreditan la existencia de la cofradía a mediados del siglo XVI.
La Cofradía tuvo una sede inicial en la parroquia de San Martín, en una ermita hospital en la calle Torrecilla. Un espacio conocido entonces como calle de las Angustias Viejas, próximo al lugar denominado «las Cuatro Calles», cerca de la Real Chancillería.
Los primeros documentos indican que la hermandad estuvo bajo la advocación de la Quinta Angustia. Su devoción se centraba en el dolor de la Virgen María ante la muerte de su Hijo. Las primeras reglas conocidas fueron redactadas y aprobadas en 1569. En ellas aparece el título de «Cofradía de Nuestra Señora de la Quinta Angustia y Angustias y Soledad de Nuestra Señora de los Desamparados».
En 1613 aparece documentada con la advocación de Nuestra Señora de la Soledad y sus Angustias. Con el paso del tiempo, la institución fue identificada como Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. El título actual oficial es el de Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias.
Como otras cofradías penitenciales, combinaba la práctica religiosa y penitencial con labores asistenciales y caritativas como la atención a enfermos y necesitados, la asistencia a personas en situación de desamparo y en obras de misericordia, además de la participación en actos y procesiones de carácter religioso.
La actividad de la Cofradía estuvo muy relacionada con miembros de las élites jurídicas y administrativas de la ciudad, entre ellos oidores, funcionarios y juristas de la Real Chancillería. Esta relación contribuyó a reforzar su posición dentro de la sociedad vallisoletana de la Edad Moderna.
Durante el siglo XVI, y especialmente bajo el reinado de Carlos I, Valladolid desempeñó un destacado papel político, administrativo y religioso. En este contexto se produjo un notable desarrollo de las cofradías y manifestaciones religiosas.
En las últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII, Valladolid tuvo un enorme desarrollo religioso. En esa época se consolidó una sobresaliente escuela escultórica con la aparición de grandes maestros, entre los que destaca Gregorio Fernández.
La presencia en la Cofradía de la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, obra de Juan de Juni, y su creciente veneración contribuyeron decisivamente a convertir esta advocación en uno de los principales referentes devocionales de la ciudad.
El crecimiento de la cofradía y la importancia alcanzada llevaron a la construcción de un nuevo templo. Las obras comenzaron en 1597 y se prolongaron hasta 1606. El templo fue sufragado por Martín Sánchez de Aranzamendi y su esposa, Luisa de Ribera, quienes formalizaron dicho patronazgo mediante escritura en el año 1613. A lo largo de los años siguientes, la iglesia se fue enriqueciendo con retablos, capillas y diversos ornamentos destinados al culto.
Durante el siglo XVIII, la Cofradía continuó siendo una de las instituciones religiosas más importantes de Valladolid. En este periodo se construyó la capilla y el camarín de Nuestra Señora, que contribuyó a reforzar la devoción de la imagen dentro del templo.
Las reformas y nuevas reglas de 1793, junto con la reorganización de los cargos derivada de la Real Cédula de 1804, marcaron la transición de la cofradía hacia el siglo XIX.
El siglo XIX fue especialmente difícil, por la invasión napoleónica y por los profundos cambios políticos, sociales y religiosos que afectaron a la sociedad española. La propia hermandad refleja una prolongada etapa de dificultades, por la pérdida de su pujanza económica y procesional.
Algunas de las grandes obras escultóricas que habían formado parte del patrimonio de la Cofradía, como el Santo Sepulcro y La Piedad, terminaron en el Museo Nacional de Escultura.
El comienzo del siglo XX supuso un punto de inflexión. En 1900 se aprobaron nuevos estatutos. En el año 1920, tuvo lugar una reorganización de la Semana Santa vallisoletana y de la propia cofradía. En este contexto se consolidó la indumentaria penitencial que caracteriza actualmente a sus cofrades: túnica y capirote de terciopelo azul turquí o azul oscuro, bocamangas de encaje blanco, cíngulo rojo, zapatos negros y una cruz roja sobre el pecho. Los Estatutos fueron modificados posteriormente en 1931.
La Guerra Civil supuso una alteración profunda en la vida de la Cofradía y en el conjunto de la Semana Santa vallisoletana. Finalizado el conflicto, hubo un proceso de reorganización y recuperación de la actividad penitencial. La reforma estatutaria de 1942 debe entenderse dentro de este proceso de reorganización institucional y de recuperación de la vida de la Cofradía. Estos estatutos permanecieron vigentes hasta la aprobación de una nueva regla en 1988.
En 1988 se aprobó la regla actualmente vigente, que no supuso una ruptura con el pasado, sino que se valoraron las antiguas normas de 1569, integrándolas en la actividad actual de la Cofradía.
Durante la segunda mitad del siglo XX se produjo una progresiva recuperación de la cofradía y de la Semana Santa vallisoletana. En 1991, la Cofradía recuperó la costumbre de llevar las imágenes a hombros de los cofrades; una tradición que se había perdido con el tiempo.
En 2003 la Cofradía también recuperó la Procesión propia de la Regla, reforzando una de las expresiones tradicionales de su vida penitencial.
El acontecimiento más relevante de las primeras décadas del siglo XXI fue la coronación canónica de Nuestra Señora de las Angustias, celebrada el 3 de octubre de 2009 en la Catedral de Valladolid. El acontecimiento puso de manifiesto la profunda devoción que la imagen ha suscitado entre los vallisoletanos a lo largo de generaciones.
En el siglo XXI, la Cofradía continúa ocupando un lugar destacado en la vida religiosa y en la Semana Santa de Valladolid. Mantiene su actividad penitencial, cultural y procesional, como el emotivo encuentro de la Santísima Virgen con su Hijo y en los cultos del Viernes Santo.
La Cofradía afronta el siglo XXI desde una doble perspectiva: como institución religiosa viva, que mantiene sus cultos, su carácter penitencial y sus tradiciones, y como depositaria de un extraordinario patrimonio histórico, artístico y devocional que forma parte inseparable de la historia de Valladolid.
LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS
La imagen titular de la cofradía penitencial, Nuestra Señora de las Angustias, es una de las obras maestras de Juan de Juni y una de las esculturas más representativas de la Semana Santa y de la escultura religiosa vallisoletana.
La obra está documentada hacia 1561, es decir, en los últimos años de la actividad del escultor. Su cronología exacta y las circunstancias concretas de su encargo no se conocen.
La escultura es una imagen particular tradicional de la Piedad. Juni no representa a la Virgen sosteniendo sobre sus rodillas el cuerpo muerto de Cristo, sino a María sola, después de la muerte de su Hijo, sumida en un profundo dolor.
Sentada y abatida sobre una roca, adelanta la pierna derecha y gira ligeramente el cuerpo hacia la izquierda, creando un movimiento de gran intensidad expresiva. Su rostro, elevado hacia el cielo, concentra toda la emoción de la imagen: la mirada parece buscar una respuesta imposible, mientras la boca, ligeramente entreabierta, acentúa la sensación de dolor contenido.
La mano derecha la lleva al pecho en un gesto de desconsuelo, mientras la izquierda se apoya sobre la roca para equilibrar el peso y dar realismo al movimiento del cuerpo. No se trata, por tanto, de una figura estática, sino de una escultura concebida para transmitir la conmoción y el sufrimiento de la Virgen.
Su estructura compacta y el movimiento helicoidal del cuerpo son característicos del lenguaje escultórico de Juan de Juni. La talla fue tallada en madera de pino y ahuecada; un procedimiento relacionado con su condición de imagen destinada al culto procesional.
Su cuidada policromía contribuye decisivamente a reforzar el naturalismo de la escultura, especialmente en el tratamiento de las vestiduras, y pone de manifiesto la capacidad técnica de Juni para combinar realismo, movimiento y expresividad.
María aparece como Madre Dolorosa, pero su sufrimiento no se manifiesta únicamente mediante un gesto desgarrado, sino a través de la combinación de dolor, abatimiento y esperanza. La mirada elevada hacia el cielo introduce una dimensión espiritual que trasciende el sufrimiento físico y convierte a la Virgen en modelo de actitud ante la Pasión de Cristo.
Su presencia en las procesiones constituye uno de los testimonios más antiguos y significativos de la tradición procesional vallisoletana. Durante un largo periodo, la Virgen llevó siete espadas o cuchillos clavados simbólicamente en el pecho, atributo relacionado con los Siete Dolores de la Virgen, por lo que llegó a ser conocida popularmente como la Virgen de los Cuchillos.
Estos elementos metálicos fueron retirados durante la restauración realizada en 1971, porque no formaban parte de la concepción escultórica original de la obra y por los problemas que ocasionaban en la talla.
La imagen es propiedad de la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias y constituye uno de los grandes símbolos de la historia religiosa de Valladolid. Su extraordinaria difusión queda reflejada en la abundancia de grabados y copias escultóricas que ha inspirado a lo largo de los siglos.
En reconocimiento a la profunda devoción que ha suscitado durante generaciones, fue coronada canónicamente el 3 de octubre de 2009 en la Catedral de Valladolid.
La Virgen de las Angustias no es solamente una obra capital de Juan de Juni, sino también el centro espiritual, artístico y procesional de la Cofradía y una de las imágenes fundamentales de la memoria religiosa y cultural de Valladolid.


















PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A.
Orduña Rebollo, Enrique, Cofradías y sociedad urbana: la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias. Buenos Aires, Ciudad Argentina, 2002.
Frades, Luis G., Bosquejo histórico de la Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid, Valladolid, Imprenta Manuel de la Cuesta, 1908.
Agapito y Revilla, Juan, Las cofradías, las procesiones y los pasos de Semana Santa en Valladolid, Valladolid, Imprenta Castellana, 1925.
Burrieza Sánchez, Javier, Cinco siglos de cofradías y procesiones: historia de la Semana Santa en Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2004.
Martí y Monsó, José, Estudios histórico-artísticos relativos a Valladolid. Imprenta de Leonardo Miñón, 1901.
Calabia L. La cofradía de las Angustias de Valladolid. Boletín de la Academia de la Purísima Concepción
Chico, E. G., “La capilla de Nuestra Señora de las Angustias”, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología, 1944-1945.
Martín González, Juan José El escultor Gregorio Fernández, Madrid. 1980.