INTRODUCCIÓN
El Palacio de los Condes de Benavente está situado en la actual plaza de la Trinidad, junto a la iglesia de San Nicolás de Bari y frente al convento de San Quirce y Santa Julita, formando parte de uno de los ámbitos históricos más significativos de Valladolid. Su historia está vinculada a la evolución urbana de la ciudad y, sobre todo, al poder alcanzado por la Casa de Benavente durante los siglos XVI y XVII.
La construcción del palacio estuvo estrechamente relacionada con el poder y el prestigio de la familia Pimentel. Su edificación respondió a la voluntad del linaje de disponer de una residencia acorde con su elevada posición en la nobleza castellana.
LA FAMILIA PIMENTEL
El apellido Pimentel tiene origen portugués y está ligado en la Edad Media a la nobleza portuguesa y a territorios del nordeste de Portugal, especialmente a la región de Trás-os-Montes y a Braganza.
Tradicionalmente, se ha relacionado el origen del apellido con Vasco Martins Pimentel. La explicación del sobrenombre Pimentel se debe, según los genealogistas, a su relación con el cultivo o el comercio del pimiento. Se supone que fue Alfonso III de Portugal quien le impuso el sobrenombre o apodo.
Los Pimentel consolidaron progresivamente su posición dentro de la nobleza portuguesa mediante su participación en la vida política y militar de la Corona.
La muerte de Fernando I de Portugal, en 1383, abrió una profunda crisis sucesoria. El monarca había dejado como heredera a su hija Beatriz, casada con Juan I de Castilla. La regencia quedó en manos de la reina viuda, la castellana Leonor Téllez de Meneses, pero la posibilidad de que Portugal quedara bajo la influencia de la Corona de Castilla provocó una fuerte oposición.
Juan, maestre de Avis y medio hermano ilegítimo de Fernando I, encabezó el movimiento contrario a la sucesión de Beatriz y Juan I de Castilla. Tras el asesinato del conde de Andeiro, asumió el liderazgo y fue proclamado rey de Portugal.
Juan Alfonso Pimentel se encontraba en el bando legitimista de Beatriz y Juan I de Castilla. Después de la batalla de Aljubarrota, librada en 1385 y que supuso la consolidación de la nueva dinastía de Avis, Juan Alfonso mantuvo durante un tiempo Braganza dentro de la obediencia castellana. Sin embargo, posteriormente modificó su posición y volvió a vincularse a la Corona portuguesa. Juan I de Portugal confirmó e incrementó sus posesiones mediante diversas donaciones.
Finalmente, Juan Alfonso Pimentel pasó a Castilla y entró al servicio de Enrique III. El monarca castellano le concedió el señorío de Benavente y, el 17 de mayo de 1398, le otorgó el título de conde. De este modo quedó establecida en Castilla la Casa de Benavente.
Juan Alfonso Pimentel puede considerarse el fundador de la Casa de Benavente en Castilla. Murió en 1419 y le sucedió su hijo Rodrigo Alfonso Pimentel, II conde de Benavente. Este contrajo matrimonio con Leonor Enríquez, hija de Alfonso Enríquez, almirante de Castilla, reforzando de este modo los vínculos de los Pimentel con algunos de los linajes más poderosos de la nobleza castellana.
Su hijo Alonso Pimentel, III conde de Benavente, continuó la expansión patrimonial de la casa. Sería, sin embargo, su hijo Rodrigo Alonso Pimentel, IV conde de Benavente, quien alcanzaría una dignidad superior. El 28 de enero de 1473, Enrique IV de Castilla le concedió el ducado de Benavente, convirtiéndose en el primer duque de Benavente. El nuevo título no sustituyó al condado, por lo que desde entonces los titulares pudieron utilizar las denominaciones de conde, duque o conde-duque de Benavente.
El linaje Pimentel quedó así definitivamente vinculado a la Casa de Benavente y alcanzó un enorme patrimonio en Castilla, León, Galicia y otros territorios de la Monarquía Hispánica, tanto mediante adquisiciones y concesiones como a través de una intensa política matrimonial.
Durante el siglo XVI, los Pimentel reforzaron su posición mediante enlaces con importantes linajes de la nobleza castellana. Un ejemplo destacado fue Juan Alfonso Pimentel de Herrera, V duque de Benavente desde 1576, quien había contraído matrimonio en 1570 con Catalina Vigil de Quiñones, VI condesa de Luna. Este matrimonio incorporó a la Casa de Benavente el título de Luna y fortaleció sus vínculos con los principales linajes nobiliarios de León.
Juan Alfonso Pimentel tuvo una descendencia numerosa, contribuyendo a extender la red de alianzas familiares de la casa. Esta política matrimonial fue característica de las grandes casas aristocráticas de la Monarquía Hispánica.
Durante el siglo XVI, por tanto, el linaje Pimentel se encontraba en pleno proceso de expansión patrimonial y política, circunstancia que permite comprender el contexto en el que se desarrolló el Palacio de los Condes de Benavente en Valladolid.
Durante la segunda mitad del siglo XVII continuó el proceso de concentración patrimonial mediante matrimonios, herencias y sucesiones. Los Pimentel incorporaron títulos con otras grandes casas nobiliarias, aumentando considerablemente el rango y la complejidad patrimonial de la Casa de Benavente.
Un ejemplo significativo fue Francisco Casimiro Antonio Pimentel de Benavides, que, en 1677, tras la muerte de su padre, se convirtió en XII conde y IX duque de Benavente. Contrajo posteriormente matrimonio con Manuela López de Zúñiga y Sotomayor, perteneciente a la poderosa Casa de Béjar.
Su hijo Antonio Alfonso Pimentel, nacido en 1678, contrajo en 1695 matrimonio con María Ignacia de Borja y Centelles, hija de Pascual Francisco de Borja, X duque de Gandía. Antonio Alfonso sería posteriormente XIII conde y X duque de Benavente, tras la muerte de su padre en 1709. El matrimonio de 1695 fue fundamental para los posteriores derechos sucesorios relacionados con la Casa de Borja y el ducado de Gandía, aunque la incorporación efectiva de este título a la Casa de Benavente se produjo posteriormente, mediante el complejo proceso sucesorio que culminó con la sucesión de su hijo Francisco Alfonso Pimentel.
La incorporación del ducado de Gandía a la Casa de Benavente fue, por tanto, el resultado de un complejo proceso sucesorio y no una consecuencia inmediata del matrimonio celebrado en 1695.
En 1763 murió Francisco Alfonso Pimentel, XIV conde y XI duque de Benavente, que había reunido además numerosos títulos, entre ellos el ducado de Gandía. Le sucedió su única hija, María Josefa Alonso Pimentel, que pasó a ser XV condesa y XII duquesa de Benavente.
María Josefa contrajo matrimonio el 29 de diciembre de 1771 con su primo Pedro de Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna. Con este enlace quedaron vinculadas las casas de Benavente y Osuna. Sin embargo, María Josefa continuó siendo titular de sus propios títulos, entre ellos los de XV condesa y XII duquesa de Benavente.
Los Pimentel no desaparecieron como linaje familiar en el siglo XIX, pero la Casa de Benavente quedó incorporada a la estructura patrimonial de la Casa de Osuna.
Esta evolución explica una cuestión que puede resultar confusa al estudiar el Palacio de los Condes de Benavente de Valladolid: aunque el edificio haya conservado el nombre de los condes de Benavente, desde finales del siglo XVIII sus titulares formaban parte de la Casa de Osuna.
LA HISTORIA DEL PALACIO DE LOS CONDES DE BENAVENTE
El Palacio de los Condes de Benavente constituye uno de los grandes testimonios de la arquitectura palaciega vallisoletana del siglo. Situado en la actual plaza de la Trinidad, junto a la iglesia de San Nicolás y próximo al antiguo Puente Mayor, su historia está estrechamente unida a la poderosa Casa de Benavente, una de las grandes casas nobiliarias de la Corona de Castilla.
El 4 de mayo de 1475, Rodrigo Alonso Pimentel, IV conde e I duque de Benavente, adquirió por 240.000 maravedís una extensa propiedad situada al noroeste de Valladolid. El solar se extendía desde el entorno de la actual plaza de la Trinidad hacia las proximidades del Puente Mayor. Sin embargo, hubo que esperar varios años para que el proyecto se hiciera realidad. La construcción se inició en 1515 y quedó concluida en 1520, con Alonso Pimentel y Pacheco, V conde y II duque de Benavente.
Las obras estuvieron paradas por el concejo vallisoletano porque su construcción podía tener un cierto aire de casa fortificada, especialmente por la presencia de torres y elementos defensivos. Y la corona trataba de limitar este tipo de residencias.
Durante los últimos decenios del siglo XV y los comienzos del XVI, Valladolid había adquirido una notable importancia como centro político, judicial y cortesano. La presencia de los grandes linajes constituía una manifestación visible de poder, y la Casa de Benavente quiso disponer de una residencia acorde con su rango y situada en un espacio privilegiado de la ciudad.
El palacio durante los siglos XVI y XVII estuvo relacionado en varias ocasiones con la vida política y cortesana de la Monarquía. En 1555 fue sede de las Cortes Generales y, en 1559, sirvió de residencia a Felipe II durante su estancia en Valladolid. Cuando la Corte se trasladó a Valladolid en 1601, el edificio se convirtió en la residencia de la familia real.
El 22 de septiembre de 1601 nació en el palacio la infanta Ana Mauricia de Austria, hija de Felipe III y Margarita de Austria, futura reina de Francia por su matrimonio con Luis XIII. En 1603 nació también en este palacio la infanta María, hija de los mismos monarcas. En cambio, el príncipe heredero Felipe, futuro Felipe IV, nació el 8 de abril de 1605 en el Palacio Real de Valladolid.
El esplendor del palacio alcanzó su época dorada en el siglo XVII, especialmente bajo Juan Alfonso Pimentel, VIII conde y V duque de Benavente, que fue virrey de Nápoles. Durante su etapa italiana y posteriormente a través de la actividad de la familia, la Casa reunió una extraordinaria colección artística con obras de gran nivel, entre ellas la Crucifixión de San Andrés de Caravaggio.
Los grandes incendios de 1667 y 1716 produjeron graves daños en el edificio y obligaron a realizar sucesivas reparaciones. El incendio de 1716 tuvo especial importancia. Se hundió el piso superior del patio principal y prácticamente el patio norte, aunque ya estaba muy deteriorado.
A partir del siglo XVIII, el palacio fue perdiendo su condición de residencia aristocrática y sufrió diversas reformas y cambios de uso
En 1786 se instaló en el edificio la Real Casa de Misericordia, institución que sustituyó desde entonces al antiguo Hospicio. En 1799 el palacio fue adquirido por el Ministerio de la Guerra a los titulares de la Casa de Benavente. Dos años después, en 1801, pasó a manos de la Diputación de Valladolid, que lo destinó a establecimiento asistencial.
Durante los siglos XIX y buena parte del XX, el antiguo palacio acogió diversas instituciones que quedaron integradas en el Hospicio Provincial. Las necesidades de estos establecimientos transformaron profundamente el interior del antiguo palacio.
El Hospicio dejó de funcionar en la década de 1970 y el edificio quedó en abandono. En 1982 la Diputación cedió el inmueble al Ministerio de Cultura y se rehabilitó para adaptarlo a un nuevo uso cultural. El proyecto fue realizado por los arquitectos Manuel e Ignacio de las Casas Gómez y quedó concluido en 1989. Se procuró recuperar y potenciar la tipología histórica del edificio, conservando especialmente la fachada y el patio y se reorganizaron los espacios interiores para adaptarlos a las necesidades de una biblioteca
Desde entonces, el antiguo Palacio de los Condes de Benavente acoge la Biblioteca de Castilla y León y constituye uno de los espacios culturales más importantes de Valladolid.
ARQUITECTURA DEL PALACIO DE LOS CONDES DE BENAVENTE
La construcción del palacio fue concebida como residencia de una de las familias más poderosas de Castilla y como expresión de su posición social y política. Fue levantó sobre un extenso solar de planta rectangular
No se conoce con certeza el autor de los planos y trazas del edificio. Tradicionalmente se ha relacionado su construcción con García de Entrambasaguas.
El edificio original fue un gran conjunto residencial de dimensiones excepcionales, organizado en torno a dos patios y complementado con jardines y galerías. Su aspecto exterior incorporaba elementos de la tradición medieval como unos torreones en las esquinas.
La fachada principal, orientada hacia la actual plaza de la Trinidad, es uno de los elementos más representativos del conjunto. Su composición es sobria y monumental y carece de la profusión ornamental que caracteriza a otros palacios vallisoletanos.
Destaca su portada de piedra, deliberadamente descentrada respecto al eje de la fachada, formada por un arco de medio punto y enmarcada por un alfiz. A ambos lados de la portada se disponen los escudos de armas de los Pimentel. La portada conserva una la tradición tardo gótica castellana, al mismo tiempo que incorpora elementos propios del nuevo lenguaje renacentista.
A ambos lados de la fachada se levantaban los paramentos con ventanas de composición sobria y clasicista, próximas al lenguaje escurialense u en los extremos torreones, que contribuían a conferir al conjunto una apariencia de fortaleza
Tras atravesar la portada se accedía a un amplio zaguán, dispuesto de manera que las puertas quedaran desenfiladas para preservar la intimidad de la residencia. Desde la entrada se alcanzaba el patio
La fábrica original era mucho mayor que el edificio que actualmente contemplamos. En la parte occidental se encontraba una galería orientada hacia el jardín y al Pisuerga. La relación visual con el río constituía uno de los elementos singulares de la residencia.
Por fuera, el palacio ofrecía dos ámbitos de naturaleza diferente: hacia la ciudad presentaba una imagen solemne, cerrada y representativa y hacia el oeste se abría un espacio más íntimo y destinado al disfrute privado de sus moradores.
El interior del edificio se articulaba en torno a dos patios alineados y paralelos a la fachada principal. Esta disposición permitía distribuir las distintas dependencias según su función y establecer una jerarquía entre los espacios representativos y los privados
El patio orientado al sur era el principal. Tenía un primer cuerpo formado por arquerías de medio punto apoyadas en gruesas columnas de piedra, con capiteles de decoración vegetal. Se trata de una arquitectura que todavía conserva rasgos propios de la tradición castellana de comienzos del siglo XVI. En origen, este patio contó con una segunda altura semejante, pero el incendio de 1716 provocó su pérdida. El segundo patio, situado al norte, ya se encontraba en estado de ruina antes del incendio de 1716.
Entre ambos patios se encontraba la escalera principal. Su posición articulaba el edificio y permitía establecer la comunicación entre las diferentes dependencias. Esta organización revela que el palacio no era simplemente una gran vivienda, sino un complejo residencial jerarquizado. Existían espacios destinados a la representación pública del poder del linaje, dependencias privadas para los miembros de la familia, zonas de servicio, patios de circulación, galerías y jardines.
La distribución interior respondía también a las diferentes estancias del conde y a la condesa. Las del conde se situaban en las crujías de la fachada principal y se prolongaban hacia el segundo patio, donde existía un oratorio y las de la condesa se concentraban en torno al patio principal y mantenían una relación más directa con las galerías y con el jardín y el mirador del río.
Por sus dimensiones, por la nobleza de sus moradores y por su privilegiada localización junto al Puente Mayor y al Pisuerga, el palacio se convirtió muy pronto en uno de los edificios residenciales más importantes de Valladolid.
La rehabilitación contemporánea ha intentado recuperar la estructura histórica, pero con soluciones arquitectónicas modernas destinadas a adaptar el edificio a su actual función como biblioteca. El proyecto de Manuel e Ignacio de las Casas está documentado en 1989 El resultado es un edificio en el que conviven varias épocas. La portada de comienzos del siglo XVI, el patio tradicional y determinados elementos que pertenecen al antiguo palacio de los Pimentel.














PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR
- URREA FERNÁNDEZ, Jesús, Arquitectura y nobleza. Casas y palacios de Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1996, pp. 41-45.
- GARCÍA CHICO, Esteban, «El Palacio del Conde de Benavente», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, n.º 18, Valladolid, 1946, pp. 13-30.
- MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José, La arquitectura doméstica del Renacimiento en Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1948.
- MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José, «Los incendios del palacio del Conde de Benavente en Valladolid», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología.
- MARTÍ Y MONSÓ, José, Estudios histórico-artísticos relativos. Valladolid-Madrid, 1898-1901.
- VASALLO TORANZO, Luis, «El arquitecto Maestre Martín», en El arte español en épocas de transición, Universidad de León, León, 1994.
- PÉREZ GIL, Javier La imagen de la corte en Valladolid: Palacio Real y Palacio de los condes de Benavente
- VILLALOBOS ALONSO, Daniel y PÉREZ BARREIRO, Sara, Arquitectura palaciega en el Valladolid de la Corte, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2012.
- RUCQUOI, Adeline, Valladolid en la Edad Media, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1987.
- PALOMARES IBÁÑEZ, Jesús María, La asistencia social en Valladolid: el Hospicio de Pobres y la Real Casa de Misericordia
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