EL PALACIO DEL LICENCIADO BUTRÓN
INTRODUCCIÓN
El Palacio del Licenciado Butrón constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura civil renacentista de Valladolid. Aunque formó parte del convento de Santa Brígida, su origen fue el de una residencia señorial edificada en el siglo XVI, en una época de gran prosperidad para la ciudad.
La presencia de la Corte durante varios años del siglo XVI, el desarrollo de la Real Chancillería y el poder económico alcanzado por la nobleza y los altos funcionarios favorecieron la construcción de numerosos palacios urbanos, entre ellos el del licenciado Butrón.
El edificio fue mandado construir por el licenciado Francisco de Butrón, destacado jurista vinculado a la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Como otros miembros de la alta administración castellana, deseaba disponer de una residencia acorde con su prestigio profesional y su posición social.
La construcción se llevó a cabo hacia 1565, cuando el Renacimiento se encontraba plenamente consolidado en Castilla gracias a la labor de arquitectos y maestros de obras formados en la tradición clasicista. El edificio responde al modelo de casa señorial castellana organizada en torno a un patio central, auténtico núcleo de la vida doméstica y principal elemento representativo del prestigio de sus propietarios.
EL LICENCIADO FRANCISCO DE BUTRÓN
Las fuentes conservadas no permiten conocer con certeza el lugar de nacimiento de Francisco de Butrón. Su apellido ha llevado a algunos autores a relacionarlo con antiguos linajes de Vizcaya, aunque no existe documentación que confirme esta hipótesis.
Todo parece indicar que pertenecía a una familia hidalga y que su ascenso social fue consecuencia de su formación universitaria en Derecho y de los servicios prestados a la Corona. Durante el siglo XVI, un licenciado en Derecho podía alcanzar cargos de gran relevancia en las chancillerías y audiencias del reino. El prestigio del oficio, unido a una sólida posición económica, permitía adquirir propiedades, fundar mayorazgos y emparentar con familias nobles. No era imprescindible poseer un título nobiliario para formar parte de la élite urbana.
Francisco de Butrón desarrolló toda su carrera profesional en Valladolid. Contrajo matrimonio con María de Rojas, aunque tampoco se conocen con precisión los orígenes de esta.
Ejerció como prestigioso abogado y alcanzó el cargo de oidor de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid.
Fundó un mayorazgo con el propósito de mantener unido el patrimonio familiar y mandó construir una capilla funeraria en la iglesia del convento de San Benito.
Para levantar su residencia, fue adquiriendo progresivamente diversas casas, establos y solares situados entre las actuales calles de San Diego y Gardoqui, ampliando sus posesiones mediante compras y con bienes procedentes de la herencia de su esposa.
En aquella época todavía no existía la actual plaza de las Brígidas. Por ese lugar discurría el Paseo Real, que bordeaba el convento de San Diego y enlazaba con el convento de San Benito a través de la actual calle de San Ignacio.
La proximidad del palacio a la Real Audiencia y Chancillería resultaba especialmente conveniente para el ejercicio de su profesión. La construcción de una residencia de estas características constituía, además, una manifestación pública de prestigio y una forma de consolidar el mayorazgo familiar.
Francisco de Butrón falleció en 1579. El mayorazgo pasó a su hijo Rodrigo de Butrón y posteriormente a sus descendientes. Entre ellos figura Catalina de Ávalos Butrón y Rojas, propietaria del palacio hasta que en el año 1637 lo vendió a las monjas de la Orden de Santa Brígida gracias al impulso de la venerable Marina de Escobar.
Las religiosas se instalaron en el edificio y lo adaptaron a la vida conventual, construyendo además una iglesia anexa en el siglo XVII.
Las monjas de Santa Brígida habitaron y conservaron este complejo monumental durante más de tres siglos, hasta que en 1991 el edificio fue adquirido por la Junta de Castilla y León.
EL PALACIO
El licenciado reunió diversas casas y solares entre las actuales calles de San Diego y Gardoqui y mandó levantar el palacio hacia 1565.
No existe documentación que permita identificar con certeza al autor del proyecto arquitectónico. Algunos investigadores han propuesto el nombre de Francisco de Salamanca, mientras que otros han sugerido una posible intervención de Rodrigo Gil de Hontañón, aunque esta última hipótesis resulta menos probable. La ejecución material de las obras fue dirigida por Juan de la Lastra.
El edificio responde al modelo clásico del Renacimiento vallisoletano. La fachada destaca por su sobriedad compositiva y por la ausencia de una decoración excesiva. La entrada principal se abría a la calle de San Diego y se encontraba precedida por un pequeño espacio libre vinculado al convento de San Diego, lo que permitía contemplar con amplitud la fachada.
La portada está realizada en piedra y formada por un arco de medio punto. Sobre él se dispone una ventana adintelada sustentada por zapatas decoradas con relieves y, encima, el escudo de armas de la familia Butrón. La parte superior de la fachada muestra una serie de óculos y medallones con alegorías de la Justicia, la Paz y la Concordia, virtudes especialmente apropiadas para un alto magistrado de la Real Chancillería.
El acceso principal conducía a un zaguán que disponía de dos puertas desalineadas que obligaban a realizar un recorrido diagonal, orientando la perspectiva hacia el patio y la escalera principal. La distribución interior seguía el modelo habitual de los grandes palacios castellanos del siglo XVI.
El patio renacentista constituye el elemento más sobresaliente del edificio. De planta prácticamente cuadrada, presenta tres pandas con dos pisos de galerías abiertas mediante arcos de medio punto apoyados sobre esbeltas columnas jónicas de piedra. El cuarto lado aparece cerrado por un imponente muro almohadillado.
La armonía de sus proporciones, la pureza de sus líneas y la excelente calidad de la talla de capiteles y zapatas lo convierten en uno de los patios renacentistas más refinados de Valladolid. Su concepción recuerda la de otros grandes patios palaciegos de la ciudad, aunque posee una personalidad propia basada en la sobriedad y el equilibrio compositivo.
A la escalera principal, de carácter monumental, se accede por un arco carpanel. Se cubre con un artesonado de madera.
La planta noble albergaba los salones de representación, el despacho del licenciado, las habitaciones privadas y las galerías abiertas al patio. La planta baja acogía las dependencias de servicio, entre ellas cocinas, almacenes y habitaciones para la servidumbre.
En la parte posterior se encontraba el denominado Jardín de las Pinturas, uno de los espacios más singulares del conjunto. Sus muros conservan una notable decoración de estucos inspirada en grabados italianos y flamencos, con escenas mitológicas y motivos de la Roma clásica. Todo indica que este espacio debió de estar ajardinado y contar con elementos ornamentales propios de los jardines renacentistas, aunque su aspecto original no puede reconstruirse con absoluta precisión. Tras el jardín se extendía una huerta destinada al abastecimiento de la casa.
Durante los siglos XVI y comienzos del XVII, el edificio permaneció como residencia de la familia Butrón. Sin embargo, los cambios económicos y sociales derivados del traslado definitivo de la Corte a Madrid en 1606 alteraron el destino de numerosas residencias nobiliarias vallisoletanas. Muchas fueron vendidas o destinadas a nuevos usos.
Finalmente, en 1637, los herederos de Francisco de Butrón, representados por Catalina de Ávalos Butrón y Rojas, vendieron el palacio a las religiosas de la Orden de Santa Brígida, recientemente establecidas en Valladolid. Desde entonces, el edificio pasó a constituir el núcleo del convento de las Brígidas, al que las monjas añadieron la iglesia y otras dependencias conventuales.
Desde 1988, el Palacio del Licenciado Butrón fue adquirido por la Junta de Castilla y León para sede del futuro Archivo General de Castilla y León. Abrió su puerta en 2002 y sigue ocupando el edificio en la actualidad.











PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
Urrea, Jesús (1996). Arquitectura y nobleza. Casas y palacios de Valladolid. Valladolid: IV Centenario de la Ciudad de Valladolid.
Fernández del Hoyo, María Antonia (2002). Casas y palacios de Castilla y León. Junta de Castilla y León.
Martín González, Juan José (1985-2000). Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid. Tomo XV, parte II: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid
Arnuncio, Juan Carlos (1996). Guía de arquitectura de Valladolid.
Rivero Blanco, Javier (1995). Catálogo monumental de Castilla y León.