La iglesia de la Pasión de Valladolid es uno de los edificios más singulares del patrimonio histórico de la ciudad. Con más de cuatro siglos de historia, este magnífico templo pasa, paradójicamente, casi inadvertido para quienes transitan cada día por la calle de la Pasión, entre la Plaza Mayor y la plaza de Santa Ana. Sin embargo, constituye un excelente ejemplo de la evolución de la arquitectura religiosa vallisoletana y fue uno de los edificios más representativos de la Semana Santa de la ciudad.

La Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo fue fundada en octubre de 1531 en la parroquia de Santiago por el párroco, el sacristán y varios feligreses. Sus primeras reglas fueron aprobadas por el abad de Santa María la Mayor, Alonso Enríquez. Desde sus orígenes, la hermandad nació con una clara vocación asistencial y benéfica. Sus miembros practicaban las obras de misericordia, atendiendo a los pobres, recogiendo a los enfermos abandonados, cuidando de niños desamparados, acompañando espiritualmente a los condenados a muerte y proporcionando sepultura cristiana a quienes fallecían sin recursos. Estas actividades reflejan el profundo compromiso religioso y social que caracterizó a la institución.

Poco tiempo después, la cofradía trasladó su sede a la calle de la Pasión, junto a la entonces Plaza del Mercado, principal centro político, económico y social de Valladolid. En aquel lugar se celebraban con frecuencia los juicios públicos, por lo que la proximidad facilitaba el acompañamiento espiritual de los condenados y su posterior entierro. Asimismo, esta ubicación favoreció la organización de las procesiones penitenciales de Semana Santa, permitiendo una mayor participación popular.

La hermandad contaba con recursos económicos procedentes de las cuotas de sus hermanos, limosnas, donaciones y rentas derivadas de diversas propiedades. Gracias a esta estabilidad financiera, pudo emprender la construcción de un edificio propio, muy sencillo, consistente en un pequeño hospital con una capilla oratorio que se levantó sobre un solar. Con el incendio de Valladolid de 1561, la zona quedó muy afectada. Años después, la cofradía decidió levantar un nuevo templo. Las obras comenzaron en 1577 siguiendo las trazas de los maestros Juan de Mazarredonda y Pedro del Río. Algunos historiadores han planteado la posible intervención de Juan de Nates, aunque no existe documentación que lo confirme.

El templo fue inaugurado en 1581 por el abad de Valladolid, Alonso de Mendoza. Constituyó el primer edificio construido expresamente como sede de una cofradía penitencial, aunque la hermandad había tenido anteriormente su sede en la parroquia de Santiago.

Todo indica que la nueva fábrica que se levantó sobre un solar fue un hospital de la cofradía con capilla oratorio. La documentación del siglo XVIII menciona expresamente el «hospital viejo» y el «hospital nuevo», lo que confirma la existencia de ambos edificios en diferentes etapas de la historia de la institución.

Durante la segunda mitad del siglo XVII, los cofrades consideraron que el templo resultaba excesivamente sobrio para los gustos artísticos del momento. Entre los impulsores de la renovación destacó Gregorio Rodríguez Gavilán, nieto del escultor Gregorio Fernández.

En 1666, la cofradía decidió acometer una profunda reforma barroca, encargando las obras a Felipe Berrojo de la Isla y Antonio de la Iglesia, dos de los arquitectos más prestigiosos de la ciudad. La transformación concluyó en 1672 y modificó profundamente el edificio, dotándolo de una única nave dividida en cinco tramos, crucero cubierto por una cúpula y una reducida capilla mayor iluminada exclusivamente por la linterna.

El interior fue enriquecido con yeserías barrocas y una balconada, característica de muchos templos penitenciales, desde la que los hermanos podían asistir a las celebraciones litúrgicas.

La fachada constituye uno de los elementos más originales del edificio. Se organizó en dos cuerpos para integrar la sala de cabildos situada en la planta superior. En el nivel inferior se abren dos amplias puertas adinteladas destinadas a la salida de los pasos procesionales, separadas por tres columnas anilladas con fustes estriados.

Uno de los aspectos más curiosos del conjunto es que las puertas no se alinean exactamente con la calle. Diversos estudios consideran que este ligero retranqueo y desviación de la fachada fue una solución urbanística destinada a facilitar la maniobra y el giro de los grandes pasos procesionales en una vía especialmente estrecha, más que un error de trazado.

Sobre las puertas se disponen dos tragaluces enmarcados por molduras y sendos relieves alusivos a la Pasión de Cristo. Una cornisa volada separa este cuerpo del superior, donde la composición adquiere un carácter plenamente barroco. En esta parte intervino Pedro Ezquerra, autor de los balcones decorados con molduras quebradas y de las pilastras almohadilladas que sustituyen a las columnas del cuerpo inferior.

El conjunto culmina en una espadaña rematada por un frontón triangular, con vano para la campana y decoración de pináculos y guirnaldas.

El edificio constituye una interesante obra de transición entre el barroco clasicista y las formas que, décadas después, desembocarían en el churrigueresco.

En 1744, el arquitecto José Morante reformó el crucero mediante la construcción de la actual cúpula con linterna.

Durante el siglo XVIII, la Cofradía de la Pasión, al igual que otras hermandades penitenciales españolas, experimentó un progresivo declive como consecuencia de los cambios políticos, sociales y religiosos de la época.

La Guerra de la Independencia agravó la situación. Durante la ocupación francesa, el edificio fue saqueado y sufrió importantes daños, perdiéndose numerosas obras de arte y objetos litúrgicos. Finalizado el conflicto, fueron necesarias diversas intervenciones para recuperar su actividad religiosa.

La desamortización de Mendizábal supuso un nuevo golpe para la institución, al provocar la pérdida de gran parte de su patrimonio y debilitar considerablemente su capacidad económica.

Finalmente, el templo fue clausurado al culto en 1926 debido a su avanzado estado de deterioro. Sus imágenes, esculturas y lienzos fueron repartidos por el Museo de Escultura Policromada y por diferentes iglesias y conventos de Valladolid. Dos años más tarde, en 1928, fue declarado Monumento Nacional, reconocimiento que resultó decisivo para garantizar su conservación.

En 1991, el edificio pasó a depender del Ayuntamiento de Valladolid, que lo rehabilitó como Sala Municipal de Exposiciones, función que continúa desempeñando en la actualidad. En su interior todavía se conserva la histórica Sala de Cabildos, uno de los espacios más representativos de la antigua cofradía.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A

 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José (2001: Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid. Tomo XIV). Valladolid, Diputación Provincial.

BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier: “(2004) Cinco siglos de cofradías y procesiones. Historia de la Semana Santa en Valladolid. Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2004.

ÁLVAREZ TERÁN, Concepción: (1932) “La Iglesia Penitencial de la Pasión”, en Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Universidad de Valladolid.

 REBOLLO MATÍAS, Alejandro (2012) “La iglesia de la Pasión y su patrimonio”, Revista Pasión Cofrade

GARCÍA VEGA, Blanca: (1995) “Nuestra Señora de la Pasión de Valladolid”, en Homenaje al profesor Martín González, Universidad de Valladolid.

GARCÍA CHICO, Esteban: Documentos para el estudio del arte en Castilla. Valladolid, 1940-1946.

BRASA EGIDO, JOSÉ CARLOS. (2005) Guía artística de Valladolid. Ed. Lancia