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 INTRODUCCIÓN

En el sector septentrional de la provincia de Palencia, concretamente en la comarca de la Montaña Palentina, la pedanía de Mave se integra administrativamente en el término municipal de Aguilar de Campoo.

El cenobio medieval de Santa María de Mave constituyó un importante núcleo de influencia para la consolidación institucional de la Iglesia. Actuó como un eje vertebrador en la organización administrativa y espacial de la comarca, participando en la repoblación y desempeñando un destacado papel no solo en la vida religiosa, sino también en la económica y social del territorio.

PROCEDENCIA DEL TÉRMINO MAVE

Santa María la Real de Mave posee una notable historia; sin embargo, el origen del término “Mave” no está claro y ha sido objeto de debates no concluyentes. Se han descartado algunas teorías, como su posible origen visigodo, ya que no encaja con los patrones lingüísticos conocidos. Asimismo, se ha rechazado un origen prerromano.

También se ha considerado un origen latino, relacionándolo con palabras vinculadas a accidentes geográficos como ríos, valles o humedales o incluso con frutos como el manzano; no obstante, su evolución lingüística tampoco resulta convincente.

La opción más razonable es que “Mave” podría derivar de un nombre personal, como Mavius, o seguir  la tradición de Virgilio y Horacio, quienes emplearon la palabra Mavius para referirse a un mal poeta. Por otra parte, Maevius es un nombre arcaico y poético asociado a Marte, el dios de la guerra.

A mediados del siglo XX (1960), se encontró en Herrera de Pisuerga una placa de metal datada en el año 14 d. C. Parece tratarse de un pacto de hospitalidad entre la civitas de Maggavi y Turieso.

Maggavi, una civitas desconocida hasta ese momento, fue identificada como posible antecedente de Mave. Las excavaciones arqueológicas realizadas en Santa María de Mave entre 2015 y 2018, y posteriormente en 2022, han sacado a la luz restos de domus, lo que parece confirmar que el origen de Mave deriva de una civitas o campamento romano conocido como Maggavi.

HISTORIA DE LA COMARCA

Mave está situado en un territorio de monte bajo, con bosques, arroyos y fauna variada. Se encuentra muy próximo al «Cañón de la Horadada», una estrecha garganta y paso fluvial del río Pisuerga entre Mave, Olleros de Pisuerga y Villaescusa de las Torres.

Antes de la conquista romana, los cántabros fueron los pobladores de estos territorios. De hecho, se ha sugerido que pudo ser su primer asentamiento. Roma integró esta comarca en la provincia tarraconense y en el convento jurídico de Clunia. Tras las Guerras Cántabras, Campoo fue romanizado, siendo «Julióbriga» su principal núcleo urbano.

Durante el reino visigodo hubo en estas localidades muchos asentamientos religiosos. En su entorno se conservan cuevas y eremitorios excavados en la roca, reflejo de una forma de vida aislada, austera y profundamente espiritual. Algunos historiadores afirman que el monasterio de Santa María de Mave se levantó sobre uno visigodo.

Con la invasión musulmana del siglo VIII, la meseta castellana septentrional quedó prácticamente despoblada. En el año 754, Mave aparece documentada en relación con los saqueos de Alfonso I.

Entre los siglos IX y X, los terrenos yermos de la Montaña Palentina fueron ocupados por colonos montañeses. La repoblación de Campoo constituyó un hito fundamental, aunque poco conocido, de la historia peninsular: una empresa tan heroica como extraordinaria.

Campoo era una tierra de monte bajo, con bosques, ríos y extensas áreas de cultivo, pastizales para el ganado y abundante caza. Corría el año 824 cuando Alfonso II ordenó al conde Munio Núñez que organizara los asentamientos de los colonos que se iban estableciendo de forma dispersa al sur de la cordillera mediante presuras.

Munio Núñez, por orden de Alfonso II, cedió sus tierras a cinco familias para que se asentaran en Brañosera y pudieran subarrendarlas para el pastoreo a otros vecinos. El objetivo era crear una comunidad estable que sirviera como barrera defensiva, motor económico y foco de atracción para nuevos colonos. Por mandato de Alfonso II, el conde Munio Núñez otorgó un documento legal, el «Fuero de Brañosera», considerado el conjunto de leyes y derechos civiles más antiguo de Europa. Estas normas serían administradas por un concejo encargado del asentamiento, la justicia y la explotación de la tierra.

Mave surgió a finales del siglo IX o comienzos del X durante el proceso de repoblación protagonizado por los colonos montañeses. En torno a un monacato dual de norma visigoda se formó un núcleo de población dependiente del Reino de León, bajo la órbita del condado de Castilla. El monasterio organizaba la agricultura, la ganadería y la vida social y económica de los habitantes.

En el siglo XI, Mave formaba parte del alfoz de Aguilar de Campoo, bajo la jurisdicción de señoríos eclesiásticos y nobiliarios, aunque también había tierras de realengo.

En el año 1011, el conde de Castilla Sancho García, conocido como «el de los buenos fueros», fundó el infantazgo de Oña y el monasterio dúplice de San Salvador para su hija Trigidia, quien se convirtió en abadesa. El monacato seguía la regla mozárabe. Ese mismo año, el conde dispuso que Santa María de Mave se incorporara al cenobio de San Salvador de Oña, una integración clave en su historia. Santa María de Mave se convirtió en un priorato.

En 1017 murió el conde Sancho García y le sucedió su hijo García Sánchez, todavía menor de edad, bajo la tutela de su hermana mayor y del esposo de esta, el rey de Pamplona Sancho III. Cuando el nuevo conde alcanzó la mayoría de edad, fue asesinado en León en 1029, supuestamente por la familia alavesa de los Vela. Al morir sin descendencia, el condado de Castilla pasó a manos de su hermana doña Mayor, aunque el ejercicio del poder recayó en su esposo, el rey de Pamplona. No obstante, el heredero efectivo era el hijo de ambos, el futuro Fernando I.

En el año 1033, Sancho III decidió introducir la regla de Cluny en el monasterio de Oña y suprimió la comunidad femenina, incluyendo el abadengo de Tigridia. La reforma cluniacense no admitía excepciones para los antiguos infantazgos femeninos.

En el año 1121, la reina Urraca I volvió a donar el monasterio de Santa María de Mave a San Salvador de Oña, tras algunos años de separación.

Transcurría el año 1181 cuando doña Estefanía Ramírez fundó el monasterio femenino cisterciense de San Andrés de Arroyo. Sus monjas eran conocidas como «las bernardas», en honor de san Bernardo de Claraval. Doña Estefanía era hija del conde Ramiro Froilaz y esposa del poderoso magnate García de Aza, conocido como el conde García de Villamayor. Uno de sus hijos, García García de Villamayor, era mayordomo mayor de Alfonso VIII.

El monacato comenzó a expandirse, apoyado por la nobleza y por el prestigio de la regla cisterciense. La proximidad a los monasterios de Oña generó problemas de vecindad: ambos pretendían controlar los mismos campos y montes; el ganado de uno entraba en las tierras del otro sin respetar los derechos de pastoreo, y ambos reclamaban los diezmos y tributos del entorno de Mave, que durante unos años estuvo bajo el dominio de San Andrés. De hecho, los habitantes de Mave se fueron desplazando hacia el sur de los llamados campos góticos.

Alfonso VIII y la autoridad eclesiástica tuvieron que intervenir en 1192 para poner paz entre los monasterios, estableciendo acuerdos y sentencias. El rey marcó los límites de influencia y dominio de cada institución.

Santa María de Mave continuó siendo un priorato benedictino dependiente de Oña, condición que mantuvo hasta la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX.

Ese mismo año de 1192, Sancha Jiménez, hija de Jimeno Íñiguez, señor de Cameros, miembro de una de las familias más poderosas de Castilla, donó a Oña todo su patrimonio con el fin de hacerse beata de San Salvador. Una mujer de la alta nobleza que deseaba convertirse en «beata», es decir, residir en las dependencias monacales, debía entregar todos sus bienes al monasterio y vivir conforme a la orden. Esta práctica constituía una estrategia tanto espiritual como política, orientada a asegurar la salvación del alma y el prestigio del linaje. A diferencia de una monja común, las beatas mantenían un estatus especial dentro del monacato, viviendo bajo la regla, pero con ciertas consideraciones derivadas de su rango y de la fortuna aportada.

En ese mismo año, el abad de Oña concedió en préstamo a Sancha Jiménez el monasterio de Mave, que se encontraba muy deteriorado, para su reconstrucción. Bajo la influencia del Císter y, probablemente, con ayuda económica procedente de los diezmos de los campesinos, Sancha promovió la construcción de la iglesia actual, que fue devuelta a Oña en 1208.

Durante los siglos XIII y XIV, la autoridad administrativa y religiosa recaía en el abad de Oña.

En el siglo XV, Castilla vivió periodos de gran inestabilidad nobiliaria. Mave, como priorato de Oña, gozaba de cierta protección eclesiástica, aunque los linajes trataban de expandir su influencia. Esta situación de inestabilidad terminó con la llegada de los Reyes Católicos.

En el siglo XVI, bajo el reinado de Carlos V, se produjo una mayor estabilización administrativa. Mave formaba parte de las rutas de comunicación que conectaban la meseta con la costa cantábrica a través de Aguilar de Campoo. La economía de la Montaña Palentina se centraba en el cultivo de cereal y la ganadería. La cercanía del río permitía la explotación de molinos harineros, una fuente de ingresos crucial tanto para los habitantes locales como para el monasterio.

En el siglo XVII, Mave seguía siendo una pequeña localidad dependiente de Aguilar de Campoo, cuya vida giraba en torno a una economía basada en el cultivo de cereales y la ganadería.

En el siglo XVIII se mantuvieron las bases agrarias, aunque mejoró la organización administrativa.

El siglo XIX supuso un periodo de cambios. La Guerra de la Independencia afectó a Aguilar de Campoo que, como nudo de comunicaciones, fue ocupada por los franceses para asegurar el paso de tropas hacia el norte. La villa sufrió saqueos y la destrucción del monasterio de Santa María la Real. Por su parte, Cervera de Pisuerga sirvió como punto de refugio y organización de las juntas de defensa locales que trataban de coordinar la resistencia civil. Mave no se vio especialmente afectada.

En este siglo desaparecieron los señoríos y se reorganizó la administración municipal. Muchas dependencias y terrenos eclesiásticos fueron desamortizados y vendidos a particulares.

El ferrocarril estableció una estación en Mave en 1860, destinada a facilitar la salida del trigo de Castilla.

Durante el siglo XX, Mave experimentó importantes transformaciones, aunque continuó siendo una localidad rural con una economía basada en la agricultura y la ganadería. El desarrollo industrial de Aguilar de Campoo incrementó su población; sin embargo, entre las décadas de 1950 y 1980 se produjo una intensa emigración hacia ciudades como Valladolid, Santander, Bilbao y Madrid, lo que provocó un notable descenso demográfico y el envejecimiento de la población.

A finales del siglo XX comenzó a valorarse el patrimonio natural y cultural, como el Cañón de la Horadada y el entorno de Las Tuerces, iniciándose un incipiente desarrollo del turismo rural.

En la actualidad, Mave se integra en el Geoparque Mundial UNESCO Las Loras, destacado por su valor paisajístico y geológico.

El monasterio de Santa María de Mave ha sido transformado en un establecimiento hotelero tras la adquisición y restauración de parte del edificio por un particular, bajo el nombre de «El Convento de Mave».

HISTORIA Y ARQUITECTURA DEL TEMPLO

El origen del Monasterio de Santa María de Mave fue un cenobio que se levantó durante el proceso de repoblación del siglo IX. Algunas fuentes sugieren la posible existencia de un cenobio visigodo anterior, teoría que se apoya en el hecho de que Mave fue un lugar de gran actividad eremítica durante los siglos VI y VII. En el monte Cildá y en Olleros de Pisuerga se han encontrado numerosos cenobios visigodos.

Para Ordoño II, los monasterios no eran solo centros religiosos, sino también focos administrativos y espacios seguros. El rey confirmó las posesiones del monasterio y sus derechos sobre el agua en el año 920. Bajo su reinado, los monjes organizaban a los colonos y a los mozárabes procedentes de al-Ándalus.

La iglesia actual, construida a finales del siglo XII y comienzos del XIII, constituye un magnífico ejemplo del románico palentino. La fábrica destaca por su solidez, sobriedad y por la armonía de sus volúmenes. Está construido con piedra de sillería arenisca de tonos rojizos y grisáceos, que le confieren un aspecto característico. Los elementos de mampostería son posteriores.

Durante la Alta Edad Media, el conjunto cumplió funciones religiosas, administrativas y sociales.

La fábrica se organiza en cuerpos bien definidos, sin casi ornamentación. Por la disposición de sus volúmenes, se percibe una planta de cruz latina. El muro norte, la cabecera y el cimborrio pueden apreciarse desde el exterior.

Uno de los rasgos más destacados es su testero, formado por tres ábsides semicirculares, reforzados por contrafuertes verticales que se prolongan en pilastras hasta las ventanas, dando lugar a tres lienzos. En cada uno de ellos se abre un vano sencillo, de tipo saetera, con un guardapolvos y arcos de medio punto sin capiteles ni columnas. El ábside central, de mayor tamaño, sobresale claramente sobre los laterales, completando una composición muy equilibrada.

Los muros son sólidos y gruesos, con vanos relativamente pequeños. Los canecillos son de tipo geométrico, sin representaciones humanas, animales ni del bestiario.

En el crucero se eleva una linterna o cimborrio cuadrado, con una ventana en cada lado, que aporta altura y luz al templo.

La decoración exterior parece estar suprimida, probablemente por influencia cisterciense.

En la fachada occidental se sitúa la entrada al templo, que es la parte más ornamentada. Está poco abocinada, mantiene los tonos rojizos y grisáceos de la piedra y consta de varias arquivoltas apuntadas. La primera y la tercera presentan decoración de dientes de sierra, mientras que la segunda y la cuarta están formadas por baquetones. Los arcos se apoyan en capiteles vegetales, propios del Císter, sostenidos por ocho columnas esbeltas y elegantes, con cierto efecto de zigzagueo.

Sobre el hastial se alza la espadaña, que refuerza la silueta vertical del templo.

En el interior, el templo presenta planta basilical de tres naves, siendo la central más ancha. Las naves están cubiertas por bóvedas de cañón apuntado y se dividen en tres tramos, separados por semicolumnas adosadas que sostienen los arcos y articulan el espacio interior.

El templo adopta planta de cruz latina en el transepto. En el crucero se levanta un cimborrio cuadrado que sostiene una cúpula semiesférica, que pasa de planta cuadrada a octogonal mediante trompas.

La cabecera está formada por tres ábsides semicirculares, que refuerzan la jerarquía del espacio litúrgico.

El interior se caracteriza por su austeridad decorativa, destacando la piedra arenisca de tonos grises y rojizos. La solidez de los muros y la escasa iluminación responden al estilo románico, que buscaba transmitir recogimiento y espiritualidad.

Al ser Santa María de Mave un monasterio benedictino con influencias cistercienses, la decoración pictórica original sería escasa.

Los restos pictóricos murales son posteriores a la construcción de la iglesia. Debido a la humedad y al paso del tiempo, no constituyen un elemento significativo. En la bóveda del lado del Evangelio se conservan los restos más identificables: un calvario gótico de trazo muy tenue. En la bóveda del ábside de la Epístola, la policromía resulta ilegible. En la bóveda del ábside central hay restos de pinturas del siglo XVII, de carácter decorativo y simbólico, que buscaban actualizar la estética del templo.

Más interesante resulta el gran capitel románico que sirve de soporte a la mesa del altar, aunque no es originario de Santa María de Mave.

En la actualidad, la iglesia del monasterio constituye uno de los ejemplos más puros del románico de la zona, destacando por el color rojizo de la piedra y su excelente estado de conservación. Es un testimonio destacado del románico castellano. Su fábrica, su historia medieval, su equilibrio y su entorno natural transmiten una sensación de sencillez y sobriedad espiritual, acorde con su carácter monástico.

El antiguo recinto monacal ha sido transformado en una hospedería, manteniendo viva la tradición de «lugar de acogida» propia de la Edad Media.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:

  1. García Guinea, Miguel Ángel. Enciclopedia del románico en Castilla y León: Palencia. Aguilar de Campoo: Fundación Santa María la Real, 2002.
  2. García Guinea, Miguel Ángel. El románico en Palencia. Palencia: Diputación de Palencia, 1961.
  3. Yepes, Antonio de. Crónica general de la Orden de San Benito. Vol. II. Madrid, facsímil de 1960.
  4. Argaiz, Gregorio de. La soledad laureada por San Benito y sus hijos en las iglesias de España. Madrid, 1675.
  5. Navascués Palacio, Pedro. «La iglesia de Santa María de Mave». Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1985.
  6. Valdez del Álamo, Elizabeth. «The Saint’s Pocket: El relicario de Santa María de Mave». En Relics and Remains, 2006.
  7. Fundación Santa María la Real. Todo el románico de Palencia. Aguilar de Campoo, 2006.