INTRODUCCIÓN:
La tradición genealógica sitúa el origen del linaje en Viveiro como apellido toponímico de la villa gallega de Viveiro. La familia se trasladó a Castilla a comienzos del siglo XV.
EL NACIMIENTO DEL LINAJE VIVERO.
El personaje principal fue el hidalgo Alonso Pérez de Vivero, que decidió establecerse en Valladolid, que se estaba convirtiendo en un importante centro político, eclesiástico y cortesano.
Los Vivero establecieron alianzas matrimoniales con pujantes linajes para integrarse en las redes nobiliarias de la Castilla del siglo XV. Alonso Pérez de Vivero contrajo matrimonio con Inés de Guzmán, perteneciente al poderoso linaje de los Guzmán. Después de su matrimonio, su trayectoria política quedó vinculada a la corte de Juan II, donde ocupó el cargo de contador mayor. Su proximidad al poder le permitió reunir una considerable fortuna.
Su trayectoria política estuvo marcada por las luchas de poder entre Juan II y Álvaro de Luna contra los infantes de Aragón. Su subordinación al valido le permitió reunir una considerable fortuna y adquirir propiedades y señoríos que serán la base de la grandeza de su linaje.
En el año 1453 cooperó en una conspiración contra el condestable y el fracaso lo pagó con su vida. Fue decapitado en Burgos.
Su hijo Juan Pérez de Vivero heredó buena parte de sus bienes y siguió la política de su padre para consolidar su posición social.
CASA-PALACIO DE LOS VIVERO.
Corría el año 1440 cuando Alonso Pérez de Vivero mandó construir cerca de la Puerta de San Pedro una residencia intramuros con cuatro torres almenadas y una cerca de protección rodeándola. Contaba con una extensa huerta. Una documentación registrada en 1452 confirma la existencia de la casa y huerta.
El palacio se organizó en torno a un patio rectangular interior. A su alrededor se dispusieron las salas, habitaciones y dependencias, dentro del patrón característico de la arquitectura palaciega castellana. El patio tenía dos niveles: La planta baja está formada con soportes de piedra y en el piso superior es ladrillo. Esta combinación de piedra y ladrillo constituye uno de los rasgos característicos de la arquitectura gótico-mudéjar castellana del siglo XV.
En las esquinas del patio aún se conservan cuatro habitaciones cuadrangulares que son las bases de las antiguas torres y permiten comprender el carácter originariamente fortificado de la residencia.
El zaguán y el acceso se disponían de manera que desde la calle no se podía ver el espacio interior; una solución frecuente en las residencias mudéjares.
Aunque el edificio tenía un marcado carácter defensivo, con torres y elementos fortificados, su emplazamiento respondía a razones urbanísticas y a la necesidad de expresar visualmente el poder familiar.
En 1475, los Reyes Católicos, dentro de su política de limitar el poder militar de las casas fuertes nobiliarias, ordenaron la eliminación de sus elementos defensivos.
El edificio se convirtió en sede de la Real Audiencia y Chancillería.
EL ENLACE DE LOS REYES CATÓLICOS.
Lo que cuentan las crónicas sobre cómo llegaron el príncipe Fernando y la princesa Isabel a Valladolid para casarse tiene una sólida base histórica, aunque algunos detalles de la narración tradicional hayan sido adornados.
Lo más fiable es que Isabel, sometida a la vigilancia de su medio hermano Enrique IV, pidió permiso para desde Ocaña visitar la tumba de su hermano Alfonso, en Ávila. Desde allí se dirigió a Valladolid, donde contaba con partidarios y se alojó a finales del verano de 1469. En la casa de Juan Pérez de Vivero.
Fernando salió de Aragón con el permiso de su padre Juan II de Aragón y emprendió el viaje secreto a Castilla. Para evitar ser reconocido, viajó con una pequeña comitiva y, según las fuentes tradicionales, disfrazado de mozo de mulas acompañando a unos comerciantes. Llegó a Dueñas el 9 de octubre, donde fue acogido en el palacio de los Acuña, familia de la esposa de Juan Pérez de Vivero, María de Acuña.
El 14 de octubre, Fernando se trasladó a Valladolid para encontrarse con Isabel. Según las fuentes tradicionales, aquella primera entrevista en la casa de Juan de Vivero duró dos horas y estuvo presidida por el arzobispo de Toledo. Fernando regresó por la noche a Dueñas.
El 18 de octubre, Fernando regresó a Valladolid con su comitiva y se alojó en el Palacio de los Vivero. Al día siguiente se celebró en el Palacio Vivero el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en la llamada “Sala Rica”.
¿QUÉ ES CIERTO O QUÉ ES LEYENDA?
Están bien documentados los viajes secretos de ambos. La estancia de Isabel en Valladolid en casa de los Vivero y la de Fernando en la residencia de los Buendía en Dueñas. Así como la presencia de ambos en Valladolid y el matrimonio celebrado el 19 de octubre de 1469.
La estancia en Dueñas y el desplazamiento de Fernando a Valladolid antes de la ceremonia forman parte de la tradición historiográfica. Sin embargo, algunos detalles concretos de los itinerarios, de las entradas en Valladolid y la composición de las comitivas proceden de relatos posteriores y no pueden considerarse fiables.
EL SEÑORÍO Y EL CONDADO DE FUENSALDAÑA.
Está documentado que Alonso Pérez de Vivero, nada más llegar a Valladolid, fue adquiriendo solares y viviendas. En el antiguo barrio Reoyo, entre el oeste de la muralla y el Pisuerga. Poco tiempo después mandó construir su residencia.
Las tierras de cultivo de Fuensaldaña dependían de propietarios como hidalgos, abadías o agricultores privados. Alonso fue adquiriendo derechos y propiedades hasta consolidar un importante dominio territorial. Una vez aseguradas las propiedades, emprendió hacia 1452 la construcción de un castillo-palacio destinado a convertirse en el centro de su señorío.
El castillo de Fuensaldaña no nació como una fortaleza militar, aunque su arquitectura, con torre del homenaje, cubos, almenas y otros elementos defensivos, cumplía una función representativa para expresar el poder alcanzado por los Vivero.
En el testamento de 1452 de Alonso Pérez de Vivero menciona su patrimonio: Contaba con casas, huertas, tierras de labor, viñas, bodegas, prados y solares, además de villas, rentas y fortalezas. Entre sus posesiones se encontraban: Urueña, Barcial de la Loma, Gema, Torrelobatón, Valdesandinas, Villajuán y otras jurisdicciones y rentas.
Los Vivero establecieron así una doble presencia: por una parte, con Fuensaldaña como centro de su señorío con un extenso poder territorial y judicial, y por otra parte, su residencia urbana le permitía participar en la vida política y cortesana.
La situación jurídica de algunas de estas posesiones cambió a lo largo del siglo XV como consecuencia de la intervención de la Corona.
En 1465, Juan Pérez de Vivero Guzmán recibió de Enrique IV de Castilla el título de vizconde de Altamira.
El título de conde de Fuensaldaña fue creado por Felipe II el 13 de enero de 1584 a favor de Juan Pérez de Vivero y Mercado, V vizconde de Altamira.
ESPLENDOR Y OCASO DEL LINAJE.
En pocos años, Alonso Pérez de Vivero había conseguido ascender desde la hidalguía a círculos de la nobleza próximos al poder regio. Había construido un importante palacio en Valladolid, iniciado la construcción de un castillo en Fuensaldaña y establecido las bases patrimoniales de un linaje destinado a ocupar un lugar destacado entre la nobleza castellana.
Alonso Pérez de Vivero fue enterrado en la capilla que su viuda, Inés de Guzmán, mandó construir en el monasterio de San Benito y que quedó destinada desde entonces para los miembros de su linaje. No obstante, no se ha podido documentar con la misma seguridad el lugar exacto de sepultura de su hijo Juan de Vivero, I vizconde de Altamira.
Los Vivero emparentaron con algunos de los linajes más poderosos del reino. Pero el poder nobiliario era frágil y dependía de la capacidad de cada generación para conservar las alianzas y mantener los privilegios alcanzados por sus antepasados.
A Alonso Pérez de Vivero le sucedió su hijo Juan Pérez de Vivero, que heredó buena parte de los bienes y siguió la política de su padre para consolidar su posición social. Enrique IV, nombre V, vizconde de Altamira
Las luchas políticas del reinado de Enrique IV y las transformaciones producidas durante el reinado de los Reyes Católicos cambiaron las relaciones entre la nobleza y la Corona. Limitando el poder de los nobles y reforzando la autoridad monárquica.
La nobleza tuvo que adaptarse a la nueva situación del reino creando mayorazgos y las alianzas matrimoniales se convirtieron en instrumentos fundamentales para conservar los patrimonios familiares, los señoríos y la influencia política de la nobleza.
El Palacio de los Vivero es un ejemplo extraordinario de ese proceso: una residencia privada de una poderosa familia terminó convirtiéndose en sede de una institución de la Corona.
La red de señoríos proporcionaba al linaje no solo rentas, sino también jurisdicción y capacidad de intervención política.
En el año 1584, Juan Pérez de Vivero y Mercado, V vizconde de Altamira, fue nombrado I conde de Fuensaldaña por Felipe II por los servicios prestados a la Corona como embajador en Francia y en Flandes, como gentilhombre de cámara de Felipe II y porque su mujer era mayordomo mayor de la emperatriz María de Austria, hermana de Carlos V. Juan ya ocupaba una posición muy destacada entre la nobleza como V vizconde de Altamira, VI señor de Fuensaldaña y caballero de Santiago. A este le sucedió su sobrino Juan Pérez de Vivero, II señor de Fuensaldaña, que al casarse con María de Acuña formó un extenso dominio.
En el siglo XVI, una rama de los Vivero estableció una relación matrimonial con la casa de Borja. La vinculación se concretó especialmente en el matrimonio de Juan Pérez de Vivero y Mercado, VI vizconde de Altamira, con Magdalena de Oñaz y Loyola, hija de Juan de Borja y Castro y, por tanto, nieta de san Francisco de Borja.
La historia del linaje Vivero en Valladolid tuvo, a finales del siglo XVI, un episodio dramático que iba a marcar para siempre la memoria de una de sus ramas. Mientras algunos miembros de la familia mantenían una posición destacada en la sociedad y en la administración de la Corona, otros quedaron atrapados en la persecución religiosa contra los círculos luteranos.
En el origen de esta historia aparece doña Leonor de Vivero, casada con Pedro de Cazalla, contador real. Su vivienda acabaría convirtiéndose en uno de los principales escenarios de la comunidad reformista vallisoletana.
La familia tenía antecedentes que ya habían despertado la atención del Santo Oficio. La madre de Leonor, Constanza Ortiz, fue procesada por sospechas de judaísmo.
La vida de los Vivero-Cazalla se desarrolló en un ambiente en que la ortodoxia religiosa estaba siendo debatida. El matrimonio tuvo varios hijos: Agustín, Francisco, Beatriz y Pedro de Cazalla, vinculados al movimiento reformista. Agustín de Cazalla, el más conocido, había recibido una sólida formación intelectual y llegó a ser predicador del emperador Carlos V. Su estancia en Alemania le permitió conocer directamente las doctrinas de la Reforma, que serían difundidas en determinados círculos vallisoletanos.
La casa de Leonor de Vivero se convirtió en un lugar clandestino para reuniones de las nuevas ideas religiosas. El Santo Oficio terminó descubriéndolos, lo que desencadenó una de las mayores operaciones inquisitoriales de la España del siglo XVI. Las detenciones se sucedieron rápidamente. Pedro de Cazalla fue apresado el 23 de abril de 1558; al día siguiente fue detenido Agustín de Cazalla y poco después su hermana Beatriz. Otros miembros del grupo fueron encarcelados e interrogados.
Leonor de Vivero, anciana y enferma, no fue encarcelada, pero la Inquisición terminó acusándola de haber permitido que su casa fuese lugar de reunión de luteranos. Murió en 1558, pero el proceso contra ella continuó después de su muerte.
En el auto de fe celebrado en la plaza Mayor de Valladolid el 21 de mayo de 1559, fueron condenados: Agustín de Cazalla, Francisco y Beatriz de Vivero y ejecutados después de haber sido condenados por luteranismo.
La Inquisición ordenó que Leonor fuese condenada públicamente. El Santo Oficio decretó la demolición de su casa y que el solar fuera sembrado con sal y que se pusiera un rótulo explicando lo sucedido.
La historia de los Vivero en Valladolid no puede reducirse a la historia de un palacio. Es la historia de una familia hidalga que se instaló en Valladolid y que, en poco más de una generación, consiguió incorporarse a la élite política y nobiliaria, dejando un significativo legado en la ciudad: el Palacio de los Vivero, el castillo de Fuensaldaña, el matrimonio de Isabel y Fernando y la dolorosa memoria de los Vivero-Cazalla y la Inquisición.
La tragedia de los Vivero-Cazalla constituye uno de los episodios más dramáticos de la historia religiosa de Valladolid. Pero no puede atribuir este dramático episodio a todo el linaje Vivero.











PARA MÁS INFORMACIÓN, SE PUEDE CONSULTAR A:
- ZALAMA RODRÍGUEZ, Miguel Ángel, «El palacio de los Vivero, sede de la Audiencia y Chancillería de Valladolid, en época de Carlos V», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, LIX.
- MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José, «Dos monumentos para el 92: el palacio de los Vivero», Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.
- VILLALOBOS ALONSO, Daniel, «El palacio de los Vivero», en Guía de Arquitectura de Valladolid, Valladolid, 1996,
- MENDIZÁBAL, Francisco, «Conjunto histórico-artístico de Valladolid», Academia: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
- MARTÍN POSTIGO, María de la Soterraña, Historia del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Valladolid, 1979.
- REGUERAS GRANDE, Fernando y SÁNCHEZ DEL BARRIO, Antonio, Arquitectura mudéjar de la provincia de Valladolid, Valladolid, Diputación Provincial, 2007.
- FRANCO SILVA, Alfonso, «Fuensaldaña y los Vivero. Hispania, 1999.