Hacía pocos años que había terminado la Guerra Civil cuando en Valladolid surgió la idea de organizar unas regatas en el Pisuerga.
España se encontraba bajo el régimen del general Franco. Durante la guerra se habían disuelto los partidos políticos y únicamente quedó el de La Falange Española, integrado en el nuevo sistema de gobierno. Desde ese partido se controlaban los sindicatos y entre ellos el Sindicato Español Universitario (SEU), cuya afiliación era obligatoria para los estudiantes. En su declaración institucional proponían «exaltar la intelectualidad y la disciplina con un profundo sentido católico y español para recuperar el pensamiento que tuvieron las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares».
Durante las décadas de 1940 y 50, la universidad española atravesaba una profunda crisis. El aislamiento internacional dificultaba el contacto con otras instituciones académicas extranjeras. El número de estudiantes universitarios era reducido y el nivel cultural y económico del país era muy precario.
Gratiniano Nieto, director del Colegio Mayor Santa Cruz en 1942, propuso organizar unas regatas universitarias, según el modelo inspirado en las célebres competiciones que enfrentaban a las universidades de Oxford y Cambridge en el Támesis. Se trataba de organizar una competición en el Pisuerga en la que participaran las distintas facultades de la universidad.
El remo y el piragüismo se consideraban disciplinas idóneas para este propósito. Era un deporte que combinaba esfuerzo físico, coordinación y trabajo en equipo. La práctica del remo exigía fuerza, resistencia y destreza técnica para mantener el equilibrio y el rumbo de la embarcación, cualidades que podían desarrollarse en las aguas del Pisuerga, y Valladolid reunía condiciones para ello: una universidad consolidada y un río que atravesaba la ciudad.
Durante la presentación del proyecto ante el claustro universitario, el director del Colegio Mayor Santa Cruz defendió el valor educativo del deporte. En su intervención recordó que el término deporte procede del vocablo latino deportare, que está relacionado con la acción de salir por la puerta de la ciudad para realizar fuera de la muralla actividades recreativas o físicas. La palabra aparece ya en textos castellanos de finales del siglo XIV y comienzos del XV. Algunos linguistan han señalado un posible origen provenzal, vinculándola a la expresión «estar de portu», utilizada por los marineros para referirse al tiempo de ocio pasado en puerto.
El objetivo principal del proyecto era estimular la participación de los estudiantes en una actividad deportiva y cultural para dinamizar la vida académica. Para llevar adelante la iniciativa, hubo que pedir la autorización del SEU, que asumió la organización del evento. Se acordó que participarían todas las facultades de la universidad y los colegios mayores Santa Cruz y Reyes Católicos.
El primer problema fue la adquisición de embarcaciones y material deportivo. En los primeros años, las competiciones se realizaron con piraguas individuales construidas por los propios estudiantes, lo que constituyó el auténtico bautismo del remo universitario en el Pisuerga en 1942.
Como el principal obstáculo era el económico, se decidió emplear bateles de cuatro remeros y timonel más adecuados para las características del Pisuerga. Fueron construidos por los maestros de ribera de Santander y se guardarían en una caseta de madera en el Cabildo.
Fue necesario definir el campo de regatas. En un primer momento, se propuso retirar las pesqueras situadas cerca del Puente Mayor y del colegio Lourdes para establecer un recorrido largo y vistoso entre el Puente Mayor y el puente Colgante. Sin embargo, el Ayuntamiento rechazó esta propuesta, por lo que hubo que optar por otro trazado.
El recorrido definitivo se decidió que fuera desde el Cabildo hasta el Puente Mayor. Allí se situaba una baliza que obligaba a las embarcaciones a virar y remar río arriba hasta el entorno del actual desagüe del Esgueva; en ese punto, una segunda baliza obligaba a realizar una nueva ciaboga para dirigirse de nuevo al Puente Mayor, donde estaba situada la meta. Un recorrido de unos 2.000 metros que, aunque menos espectacular que el proyecto inicial, permitía seguir la competición desde las dos orillas del río.
En aquellos años, la ribera izquierda estaba ocupada por sembrados, corrales, estabulaciones de vacuno y por la huerta del convento de las Carmelitas que limitaba con una finca de los jesuitas que llegaba hasta la orilla. En esos terrenos y en las huertas circundantes se construiría en la década de 1950 el barrio de la Rondilla de Santa Teresa. En la margen derecha, en el barrio de la Victoria, había fincas privadas de cultivo y estabulaciones de ganado.
Las primeras regatas universitarias propiamente dichas comenzaron a celebrarse en 1945. Durante los días previos, la competición era el principal tema de conversación en las tertulias de bares, cafeterías y especialmente en la calle Santiago, auténtico centro de la vida urbana.
Cada facultad competía con un distintivo de color: Medicina utilizaba el amarillo; Derecho, el rojo; Filosofía y Letras, el azul celeste; y Ciencias, el azul oscuro. El día de la regata, las aguas del Pisuerga debían estar en calma y con suficiente profundidad para garantizar el desarrollo de la competición.
Las embarcaciones remaban por calles delimitadas de 6 metros de anchura. La salida se daba a la altura del Cabildo mediante un disparo de fogueo o por una señal de pañuelo blanco; si el pañuelo era rojo, la salida se consideraba nula. Una embarcación quedaba descalificada tras dos salidas nulas.
A lo largo del recorrido se colocaban boyas de colores que indicaban a los remeros la distancia recorrida. En los últimos cien metros las boyas eran de color rojo. Cada calle contaba con dos balizas para realizar las correspondientes ciabogas: una a la altura del Puente Mayor y otra cerca de la desembocadura actual del Esgueva.
El día del acontecimiento, las orillas se llenaban de universitarios y vecinos. Durante algunos años incluso se instalaron pequeñas casetas de madera donde se podían hacer apuestas. Las regatas universitarias llegaron a convertirse en uno de los acontecimientos más populares de la ciudad.
Más allá del aspecto deportivo, la iniciativa pretendía ofrecer a los estudiantes una actividad que mantuviera su entusiasmo en una época marcada por las dificultades sociales, económicas y políticas del país. Desde el SEU incluso se llegó a plantear la posibilidad de adquirir más embarcaciones y organizar regatas todos los domingos.
Para evitar interferencias con la actividad académica, la primera competición del año se celebraba el 7 de marzo, festividad universitaria de Santo Tomás de Aquino. Ese día se registraban los mejores tiempos de las embarcaciones y posteriormente se organizaba una segunda regata con los bateles mejor clasificados. La final se disputaba el 13 de mayo, festividad de San Pedro Regalado.
El proyecto aspiraba incluso a adquirir dimensión nacional. Si el Ayuntamiento aceptaba retirar las presas del Pisuerga, se pretendía organizar unas regatas universitarias con participación de distintos distritos universitarios españoles, lo que permitiría disputar pruebas en un recorrido de cinco o seis kilómetros entre el Cabildo y el Puente de Hierro.
La ilusión se truncó en 1953 tras un grave accidente conocido como la Tragedia del Pisuerga. Durante la exhibición, una embarcación militar anfibia sobrecargada de pasajeros perdió estabilidad y se hundió a la altura de las aceñas, en la zona donde hoy se encuentra la playa de las Moreras. El accidente provocó la muerte de diez personas. Tras aquella tragedia, la universidad dejó de mirar al Pisuerga y las regatas universitarias desaparecieron.
La comunión deportiva de Valladolid con su río se mantuvo y llegó a organizarse una travesía en piraguas entre Valladolid y Oporto, pero esa es otra historia.












PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
- Regidor, Máximo. Literatura y crítica social. Valladolid. Imágenes de ayer. Ed. Maxtor.
- Andrés Ordax, Salvador. El Colegio de Santa Cruz de Valladolid. Más de quinientos años de historia
- Soria, Miguel Ángel: Valladolid: lugares en la memoria (2014)
- Gómez Cuesta, Cristina. Valladolid 1939-1959
- Merino Arroyo, Carlos. La vida cotidiana de Valladolid en el siglo XX
- Almunia Fernández, Celso Jesús. Catálogo de la prensa vallisoletana.
- Martin Jiménez, Ignacio. La postguerra en Valladolid entre 1939 y 1950
- Calabia de Diego, Alfonso. El Pisuerga encuentro desencuentros del río y su ciudad.