INTRODUCCIÓN

El antiguo convento de las Comendadoras de Santa Cruz, conocido popularmente como Las Francesas, constituye uno de los conjuntos histórico-artísticos más singulares y menos conocidos de Valladolid. Su larga trayectoria, iniciada a finales del siglo XV, refleja la estrecha relación entre la nobleza castellana, la vida religiosa femenina y la evolución arquitectónica de la ciudad.

En más de cinco siglos, el edificio ha experimentado profundas transformaciones. Nació como monasterio de clausura de la Orden de Santiago. Fue ampliado y embellecido en los siglos XVI, XVII y XVIII gracias al patrocinio de familias nobiliarias y acabó convirtiéndose en un espacio cultural. Su arquitectura reúne elementos del gótico final, el Renacimiento, el Barroco y el Neoclasicismo.

LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO

La fundación del monasterio fue posible gracias a doña María de Zúñiga y doña María de Fonseca, pertenecientes a la influyente Casa de Béjar. En 1487, ambas decidieron donar unas de las casas de su propiedad de la calle Real del Campo (Santiago) para fundar un monasterio de Comendadoras de Santiago bajo la advocación de la Santa Cruz. El monacato tenía que acoger religiosas de familias nobles y de la Orden de Santiago.

Desde sus primeros años, el convento disfrutó de una buena condición económica. Las dotes aportadas por las nuevas religiosas, junto con las donaciones de la nobleza castellana, permitieron a la comunidad disponer de abundantes recursos. Estas aportaciones respondían tanto al deseo de favorecer la vida religiosa como para asegurar las oraciones por el alma de sus benefactores. El monasterio se convirtió en una de las comunidades femeninas más relevantes de Valladolid.

Se desconoce la identidad del maestro de obras responsable del proyecto inicial, pero está documentado que la iglesia primitiva fue levantada en estilo gótico tardío.

A finales del siglo XVI, el arquitecto Francisco de Mora, maestro mayor de las obras reales al servicio de Felipe II y Felipe III, intervino en el conjunto diseñando la fachada de la calle de Santiago y el patio de acceso al convento y a la iglesia.

Hacía 1630 ingresó en la comunidad doña María Ana Ladrón de Guevara, viuda del marqués de Viana e hija del conde de Oñate, que se convirtió en la gran benefactora del convento. Promovió una ambiciosa reforma arquitectónica para adaptar el monasterio a las nuevas necesidades de la época.

La iglesia gótica había quedado insuficiente. . Gracias al patrocinio de doña María Ana, se emprendió la construcción de un nuevo templo y la remodelación de buena parte de las dependencias conventuales. Doña María Ana Ladrón de Guevara falleció en 1651 sin llegar a contemplar finalizadas las obras que había patrocinado. Sus restos fueron depositados provisionalmente hasta que, conforme a su voluntad testamentaria, recibieron sepultura definitiva en la capilla mayor de la nueva iglesia tras su conclusión en el siglo XVIII.

Durante el siglo XVII, el monasterio consolidó su posición como uno de los principales conventos femeninos de Valladolid.

EL EDIFICIO CONVENTUAL

El convento es un conjunto notable de Valladolid por la armoniosa superposición de estilos que refleja su evolución histórica. Conviven el Renacimiento plateresco del claustro, el Barroco de la iglesia y el Neoclasicismo presente en la fachada de acceso al conjunto.

Como en buena parte de la arquitectura castellana del Renacimiento, la construcción combina ladrillo y piedra de sillería procedente de las canteras locales. Esta se reservó para los elementos de mayor nobleza arquitectónica, mientras que el ladrillo se empleó en los muros.

En las distintas fases de construcción intervinieron maestros de obra de reconocido prestigio. A Fernando de Entrambasaguas se atribuye la realización del claustro, iniciado hacia 1537. Décadas más tarde, a finales del siglo XVI, Francisco de Mora, arquitecto de Felipe II y Felipe III, trazó el proyecto de la portada que da a la calle Santiago. Ya en el siglo XVIII, la nueva iglesia enriqueció el conjunto con una monumental fachada barroca de Fray de la Visitación, en cuya decoración escultórica participó Pedro de Ávila.

EL CLAUSTRO

El claustro constituye el corazón del antiguo monasterio y es el elemento arquitectónico más sobresaliente. Fue diseñado por Fernando de Entrambasaguas, que tomó como referencia el patio del Colegio Mayor de Santa Cruz.

Su organización en tres pisos es infrecuente en la arquitectura conventual de la época. Los dos niveles inferiores guardan una composición armónica de arcos carpaneles apoyados en esbeltas columnas circulares y con capiteles delicadamente decorados con motivos vegetales. Los pisos superiores incorporan elegantes balaustradas de tracería.

Popularmente se le conoce como el Patio de las Tabas, nombre que alude a su singular pavimento, que está formado por pequeños cantos rodados de río combinados con tabas, el astrágalo de las ovejas, que forman motivos geométricos de gran efecto decorativo. Lejos de ser una simple curiosidad, este tipo de pavimento fue una solución utilizada por los maestros constructores castellanos, ya que reunía cualidades estéticas y prácticas: era económico, muy resistente al desgaste y facilitaba el drenaje del agua de lluvia. Gracias a esta singularidad, el claustro constituye uno de los espacios patrimoniales más originales y reconocibles de Valladolid.

LAS DEPENDENCIAS DE CLAUSURA

En torno al claustro se distribuían las principales estancias de la vida cotidiana de la comunidad. La sala capitular acogía las reuniones conventuales, el refectorio era el lugar reservado para las comidas y las celdas, de reducidas dimensiones, respondían al ideal de la vida religiosa.

El conjunto contaba con dependencias destinadas a recibir a familiares y visitantes fuera de la clausura, fiel reflejo del vínculo de la comunidad con la nobleza castellana. Completában el recinto establos, almacenes y un amplio huerto en el sector occidental para cultivar hortalizas de autoabastecimiento.

A comienzos del siglo XVII, las Comendadoras decidieron sustituir la antigua iglesia por un templo más amplio. Convocaron un concurso que ganó fray Pedro de la Visitación, religioso carmelita de Salamanca. Su diseño dio lugar a uno de los ejemplos más destacados del barroco clasicista vallisoletano, en el que introdujo esculturas atribuidas al taller de los Tomé y a Pedro de Ávila.

LA IGLESIA

La iglesia se construyó con una sola nave y con planta de cruz latina. La sala se cubre con bóvedas de cañón decoradas con yeserías barrocas. En el crucero se levanta una cúpula sobre pechinas que aporta luminosidad y verticalidad al espacio.

A lo largo de los muros se abren balcones-tribuna protegidos por celosías de madera y rejas de hierro. Desde donde las religiosas de clausura y determinadas autoridades y benefactores podían asistir a los oficios litúrgicos sin mezclarse con los fieles.

La fachada principal, concluida en 1732, constituye uno de los elementos más representativos del conjunto. Está organizada en dos cuerpos de composición clasicista e incorpora una rica decoración barroca. En el cuerpo inferior se abre la puerta mediante amplio arco de medio punto flanqueado por columnas y hornacinas. Una alberga la imagen de san Agustín, porque la orden sigue su regla, y la otra se identifica con santa Ana, aunque algunos autores consideran que representa al apóstol Santiago.

En el cuerpo superior destaca la imagen de la Inmaculada Concepción, enmarcada por un frontón triangular partido, sobre el que se dispone el escudo real; coronando el conjunto, sobresale una cruz. El contraste entre la sillería de la fachada y el ladrillo es uno de los rasgos más característicos de su arquitectura.

EL CONVENTO EN LOS SIGLOS XIX Y XX

La ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia alteró la vida del convento. Sin embargo, no hay documentos que confirmen que fuera abandonado. La tradición sostiene que parte del edificio fue utilizado como hospital socorrido por las monjas.

La desamortización de Mendizábal, en 1836, supuso el fin de la vida conventual de las Comendadoras de Santiago y la incorporación del edificio al patrimonio del Estado.

En 1862, el antiguo convento fue ofrecido a la Orden de la Visitación, conocida popularmente como las Salesas, que confirmó la reina Isabel II en el año 1866, pero con la revolución de 1868, conocida como la Gloriosa, fueron expulsadas temporalmente. 

En 1886 fue adquirido por la comunidad de Dominicas Francesas, para un centro de enseñanza para niñas y adolescentes bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario. La comunidad que desarrolló una intensa actividad educativa durante décadas fue conocida popularmente como “el Colegio de las Francesas”. Con el que todavía se le conoce.

DE CONVENTO RELIGIOSO A ESPACIO CIVIL

A finales de la década de 1970, el mantenimiento por parte del convento era inviable y las monjas lo vendieron a una entidad privada. Fue sometido a una profunda restauración bajo la supervisión de los responsables de la protección del patrimonio histórico.

La intervención transformó las antiguas dependencias conventuales en un espacio abierto a la ciudad. Los huertos y zonas residenciales dieron paso a un pasaje comercial que comunica las calles Santiago y María de Molina, mientras que el claustro renacentista recuperó su protagonismo. En 2022, la Junta de Castilla y León llevó a cabo una restauración de su singular pavimento para consolidar y preservar los motivos decorativos del conocido Patio de las Tabas.

La iglesia, desacralizada, alberga actualmente la Sala Municipal de Exposiciones de Las Francesas. Gracias a esta su función cultural, uno de los antiguos espacios de clausura más importantes de Valladolid parte hoy de la vida cotidiana de la ciudad, conservando el valor histórico y artístico que atesora.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:

Martín González, Juan José (1959). La iglesia de las dominicas francesas de Valladolid. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología

Martín González, Juan José, Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Diputación Provincial de Valladolid.

Isasi Baqué, (1999). El patrimonio de los conventos de la provincia de Valladolid.

Baladrón Alonso, Javier (2021). Una escultura reencontrada: El retablo mayor del monasterio de las Comendadoras de Santiago de Valladolid.

Urrea, Jesús (2015). La orden y el convento. Fundación Municipal de Cultura, Ayuntamiento de Valladolid.