En 1950, el urbanista y catedrático César Cort sostuvo que la Huerta del Rey estaba llamada a convertirse en un espacio de expansión de Valladolid. La afirmación no era una simple intuición, sino la consecuencia lógica de la concepción urbanística que él mismo había plasmado en el Plan General de Ordenación y Ensanche de la ciudad, redactado por encargo del Ayuntamiento en 1939. Su propuesta rompía con una inercia secular: por primera vez se planteaba que el crecimiento de Valladolid debía orientarse hacia la margen derecha del río Pisuerga.

La difusión de esta idea provocó reacciones inmediatas. Los propietarios de solares situados en la margen izquierda manifestaron su preocupación ante la posibilidad de que el valor de sus terrenos disminuyera si el futuro desarrollo urbano se desplazaba hacia el lado opuesto del río. Al mismo tiempo, no faltaron quienes acogieron el proyecto con escepticismo y se preguntaban cuánto tiempo tardaría en hacerse realidad y quién asumiría la responsabilidad de ejecutarlo. La propuesta suscitó numerosos comentarios. Durante siglos, la ciudad había concentrado su desarrollo en la margen izquierda del Pisuerga, mientras que la derecha conservaba un carácter esencialmente agrícola y conventual. La comunicación entre ambas orillas tenía lugar por el llamado puente Mayor y el popularmente conocido como Puente de Hierro.

Como consecuencia de la expansión urbana durante la posguerra, comenzaron a desarrollarse nuevos barrios, entre ellos el Cuatro de Marzo, levantado sobre antiguos terrenos de huerta al sur de la ciudad. A finales de la década de 1950, sus primeras viviendas ya estaban ocupadas, reflejando la creciente demanda residencial de una población en constante desarrollo demográfico.

La margen derecha seguía siendo contemplada con cierta extrañeza. Para muchos vallisoletanos resultaba difícil imaginar que alguien quisiera establecer su residencia en unos terrenos tan alejados del núcleo urbano y separados por el río. En aquella época, el tránsito cotidiano hacia ese sector era reducido. Iban a la otra orilla hortelanos, religiosos y trabajadores vinculados a las fincas y conventos.

Sin embargo, las previsiones formuladas por César Cort comenzaron a adquirir credibilidad cuando el Ayuntamiento inició las primeras actuaciones de urbanización. La aparición de trazados urbanos, la instalación del alumbrado público y la mejora de las comunicaciones evidenciaban que la expansión hacia la margen derecha había dejado de ser un proyecto teórico. La construcción del Puente del Cubo, inaugurado en 1954, y el Puente del Poniente en 1960, consolidaron definitivamente la conexión entre ambas orillas y sentaron las bases del posterior desarrollo de la Huerta del Rey.

El nombre de este amplio espacio tenía un origen histórico. Procedía de las huertas vinculadas al Palacio de la Ribera, mandado construir en 1603 por orden de Felipe III durante el periodo en que la Corte se estableció en Valladolid. Aquellas tierras, conocidas como la Huera del Rey, estaban destinadas al abastecimiento y recreo de la residencia regia. Con el tiempo fueron cambiando de propiedad y de uso. En 1738, el Ayuntamiento compró parte de ellas a la Corona para recuperar unos terrenos que habían caído en el abandono y se estaban llenando de arbustos de monte bajo para arrendamiento agrícola. Décadas más tarde, en 1807, se proyectó instalar en el antiguo palacio de la Ribera una escuela de agricultura promovida por la Sociedad Económica de Amigos del País, iniciativa que quedó frustrada por la invasión napoleónica. En 1865, la finca fue enajenada por el Patrimonio Real y pasó definitivamente a manos particulares.

A mediados del siglo XX, la Huerta del Rey continuaba siendo un extenso espacio agrícola escasamente urbanizado. Caminos de tierra y tapiales definían un paisaje que apenas había cambiado desde siglos atrás. Solo el antiguo paseo que partía de la plaza de San Bartolomé y se dirigía hacia el monasterio de Nuestra Señora del Prado articulaba un territorio todavía ajeno al entramado urbano de Valladolid.

Después de la Guerra Civil, especialmente en los primeros años de 1950, hubo una necesidad acuciante de vivienda para alojar a numerosas familias de condición humilde que vivían en condiciones precarias. En este contexto, el ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco, impulsó, a través del Instituto Nacional de la Vivienda, la construcción del barrio Girón. Fue concebido según el modelo rural de ciudad jardín. Un complejo que se construyó en unos terrenos al oeste del camino que comunicaba el barrio de La Victoria con el monasterio de Nuestra Señora del Prado.

El barrio fue proyectado por los arquitectos Ignacio Bosch y Julio González y contempló la construcción de 723 viviendas protegidas, entregadas en 1955. Eran viviendas unifamiliares de una o dos plantas, encaladas, ejecutadas con notable calidad pese a la escasez de recursos. El núcleo urbano se articuló en torno a una plaza porticada y a la iglesia de San Pío X, que pronto se convirtieron en los centros de la vida social y comercial del barrio. Aunque inicialmente permaneció relativamente aislado del casco urbano, entre los años 1960 y 1970 ya estaba plenamente integrado en la ciudad.

La margen derecha del Pisuerga comenzó a hacerse visible cuando las nuevas infraestructuras acercaron ambas orillas y los vallisoletanos empezaron a recorrer unos parajes que, hasta entonces, habían permanecido al margen de la vida cotidiana. Al caer la tarde, los paseos por la orilla derecha del Pisuerga se convirtieron en una costumbre. Mientras el sol se ocultaba por el cerro de las Contiendas, una tenue penumbra azul violácea envolvía el paisaje fluvial. Se inició un proceso de integración que transformaría de forma irreversible la geografía de Valladolid.

A finales del siglo XX, la Huerta del Rey había quedado plenamente integrada en el tejido urbano. La expansión residencial se dirigió principalmente hacia el suroeste, donde surgieron nuevos desarrollos como Parquesol, mientras que el crecimiento hacia el norte fue más limitado. En la actualidad, la Huerta del Rey constituye un espacio residencial heterogéneo en el que conviven viviendas unifamiliares adosadas con bloques de apartamentos de diferentes alturas, reflejo de la evolución social y económica de Valladolid. Su red de comercios de proximidad, establecimientos hosteleros y equipamientos públicos cubre las necesidades cotidianas de sus habitantes.

En sus inmediaciones se encuentran dos de los principales equipamientos culturales de la ciudad: el Centro Cultural Miguel Delibes, situado junto al monasterio de Nuestra Señora del Prado, y el Museo de la Ciencia de Valladolid, emplazado en la ribera del Pisuerga.

 

  • PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:
  • García Araque, Jesús (2023). Valladolid y su evolución. Barrios desfavorecidos. Universidad de Valladolid.
  • Bennassar, Bartolomé (1983). Valladolid en el Siglo de Oro: una ciudad de Castilla y su entorno agrario. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Martín González, Juan José (1972). Guía de Valladolid. Editorial Miñón. Valladolid.
  • Ortega del Río, José Miguel (2000). El siglo en que cambió la ciudad. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Calabia Ibáñez, L. Crónica de mi ciudad. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Torrecilla Hernández, Luis (1999). Valladolid con ojos distintos. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Urrea, Jesús (1990). Guía artística de Valladolid. Caja España.
  • Vivar Cantero, Roberto (2006). Guía de arquitectura urbana de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Wattenberg Sempere, Federico (1977). Valladolid: El desarrollo de su zona urbana