La Abadía de Santa María de Retuerta, conocida actualmente como Retuerta Le Domaine, se encuentra en un amplio valle de la ribera izquierda del río Duero, en el municipio de Sardón de Duero.
HISTORIA DEL MONACATO
El nombre de Retuerta procede, según la interpretación más aceptada, del latín Rivula Torta, que significa «ribera sinuosa», en alusión a los meandros que el Duero forma por estas tierras. El lugar también era conocido como Fuentes Claras, denominación que aparece citada en diversos documentos medievales.
San Norberto fundó la Orden de los Canónigos Premonstratenses en 1120, en Prémontré (Francia). Las primeras fundaciones de la orden en Castilla tuvieron lugar a mediados del siglo XII. En sus primeros tiempos existieron monasterios dobles que albergaban comunidades separadas de canónigos y canonesas, unidas bajo una misma regla y autoridad, y que compartían la iglesia para la celebración de los oficios litúrgicos.
Como la mayoría de las órdenes religiosas medievales, y en particular la premonstratense, solían establecerse cerca de los ríos, ya que el agua era indispensable para la vida cotidiana: beber, cocinar, limpiar, regar los huertos y criar animales. Además de su utilidad práctica, el agua simbolizaba la pureza, la vida y la renovación espiritual; el río evocaba una existencia contemplativa, en armonía con la naturaleza y con Dios. Asimismo, las fértiles tierras de la ribera favorecían el cultivo y la autosuficiencia del monasterio.
La abadía de Retuerta está estrechamente ligada al linaje del conde Pedro Ansúrez. Su fundación se ha relacionado con el nieto del conde, el abad del monasterio Sancho Ansúrez.
Doña Mayor Rodríguez, hija de Pedro Ansúrez y esposa de Martín Alfonso, es mencionada en algunas fuentes como fundadora del monacato junto con su sobrino Sancho. Otros documentos señalan que fue Armengol VI, conde de Urgel y nieto de Pedro Ansúrez, quien donó al Císter, en 1145, unas propiedades conocidas como Fuentes Claras, situadas en la ribera del Duero. Su hermana Estefanía había fundado el monasterio de Santa María de Valbuena en 1143.
La abadía de Retuerta se convirtió en una de las principales casas premostratenses de Castilla. Desde ella, y con el apoyo de la nobleza y de la Corona, se promovieron nuevas fundaciones monásticas y la expansión de la orden.
Todo parece indicar que ya existía un monasterio durante el reinado de Urraca I, hacia 1120, con una iglesia dedicada a San Martín. En 1158, Alfonso VIII y la familia Ansúrez cedieron sus derechos sobre el monacato al abad premostratense. En 1173, el papa Alejandro III confirmó el monasterio a los canónigos premostratenses.
Aunque presentaban algunas diferencias, las estructuras arquitectónicas de los monasterios premostratenses eran muy similares a las de los monasterios cistercienses.
La monarquía de la Casa de Borgoña favoreció el establecimiento de los premostratenses y de otras órdenes durante la Reconquista. Los monasterios fueron un instrumento fundamental para la repoblación, la organización del territorio y la consolidación del poder real. Asimismo, las abadías desempeñaban un importante papel como centros de cultura, espiritualidad y evangelización.
La abadía de Retuerta está emplazada estratégicamente en una zona rica en caza y próxima a las rutas habituales de la corte. Los reyes de Castilla, incluida posteriormente la Casa de Trastámara, acostumbraban a alojarse en el monasterio durante sus desplazamientos. Como era de patronazgo real, la abadía tenía la obligación de acoger al monarca y a su séquito.
Durante los siglos XV y XVI, la abadía de Retuerta, al igual que muchos monasterios medievales, experimentó un periodo de renovación arquitectónica y consolidación económica, en el que se produjo la transición del gótico al Renacimiento. En el siglo XV se amplió la nave central de la iglesia y se construyó el vestíbulo de acceso al claustro.
En el siglo XVI se levantó el coro alto sobre el último tramo de la nave central, el segundo piso del claustro y la escalera principal, para mejorar la funcionalidad del complejo y adaptarlo al nuevo lenguaje arquitectónico. En 1595 se aprovechó el espacio de la panda norte para construir una bodega cubierta con bóveda de cañón, testimonio de la importancia que había adquirido la actividad vitivinícola del monasterio. Asimismo, se iniciaron las reformas de los retablos de la iglesia para adaptarlos a los nuevos gustos renacentistas, aunque las intervenciones más destacadas en este ámbito se realizaron entre los siglos XVII y XVIII.
Tras el incendio de 1660, fue necesario acometer importantes obras de reparación que continuaron durante el siglo XVIII. Las bóvedas originales de la sala capitular, que se habían derrumbado, fueron sustituidas en 1771 por las actuales bóvedas barrocas.
Durante la Guerra de la Independencia, el monasterio fue utilizado como cuartel y almacén por las tropas francesas, que confiscaron provisiones y bienes con el expolio de objetos de valor y daños en los edificios.
La inestabilidad política y las medidas liberales introducidas durante el conflicto, como la supresión de órdenes religiosas decretada por José I Bonaparte, cuya aplicación fue limitada, debilitaron la posición económica y social de los monasterios. La comunidad de canónigos premonstratenses de Retuerta logró sobrevivir a la contienda. En 1836, con la Desamortización de Mendizábal, los monjes fueron expulsados y el conjunto monástico, junto con sus tierras de cultivo y viñedos, fue confiscado por el Estado para ser subastado y vendido a particulares.
II LA ESTRUCTURA DEL MONASTERIO
Vista desde el exterior, la Abadía de Santa María de Retuerta responde a una edificación iniciada en el siglo XII, caracterizada por la austeridad y la solidez propias de la arquitectura cisterciense y premonstratense.
El monasterio ha experimentado importantes reformas en los siglos XV, XVII y XVIII que han modificado su aspecto original, aunque todavía conserva destacados rasgos románicos, como la robusta estructura de sus muros, levantados con piedra caliza de la zona y exentos de ornamentación.
La iglesia, cuya construcción comenzó hacia 1146, conserva un magnífico ábside central de sillería reforzado por dos contrafuertes escalonados, que generan tres paños en los que se abren ventanas abocinadas con derrame exterior. Estos vanos tienen arcos de medio punto y capiteles decorados, en su mayoría, con motivos vegetales; uno de ellos incorpora figuras del bestiario medieval, hoy mutiladas. Los ábsides laterales son más sencillos, con un único contrafuerte y ventanas de menor desarrollo.
La estructura arquitectónica de la cabecera resulta llamativa porque los ábsides laterales tienen la misma altura que el central. En los muros laterales de la iglesia se abren vanos góticos. El elemento más llamativo del exterior es la espadaña, añadida en 1655. Consta de dos cuerpos: el inferior alberga dos huecos para las campanas y un hueco el superior. Está rematada por un frontón y decorada con bolas y otros elementos característicos del barroco.
El claustro conserva la esencia de la arquitectura de transición del románico al gótico propia, aunque la superposición de elementos de distintas épocas refleja las sucesivas reformas realizadas para adaptarlo a la vida monástica y, más recientemente, a su transformación en hotel.
El claustro comunica con la iglesia por el lado norte y, por la galería oeste, con las celdas y el refectorio. Este último es uno de los espacios que mejor se ha conservado. De planta rectangular, destaca por su amplitud y altura. Se cubre con bóvedas de crucería que arrancan de los muros laterales. En su construcción se alternan la sillería, el ladrillo y la mampostería. En uno de sus muros hay restos de una pintura de la Última Cena.
La galería sur fue profundamente modificada. El antiguo espacio destinado al paseo y al esparcimiento de los monjes ha sido reformado y ampliado para aportar mayor suntuosidad y elegancia a la actual hospedería.
La mayoría de los capiteles tienen decoración vegetal. Destaca uno figurado en el que aparece una cabeza felina de la que brotan tallos vegetales.
La iglesia es sencilla y con muros de caliza vista. Tiene una única y amplia nave. Su ábside semicircular con vanos estrechos que permiten el paso de una tenue luz es la parte mejor conservada. Mantiene un coro elevado al que se llega por una escalera.
El conjunto arquitectónico original constituye un valioso ejemplo de la arquitectura de transición.
Desde sus inicios, los monjes premonstratenses aprovecharon las fértiles riberas del Duero para dedicarse al cultivo de la vid. Documentos del siglo XVI atestiguan la importancia del viñedo, señalando que la abadía abastecía a otros monasterios.
En 1988, la finca fue adquirida por una empresa con el propósito de recuperar el esplendor de la abadía y su tradición vitivinícola. En 1996 se construyó una bodega dotada de la tecnología más avanzada. Los viñedos, distribuidos en 54 pagos o parcelas, producen vinos de gran calidad que, desde 2022, están amparados por su propia Denominación de Origen Protegida.
En la actualidad, Abadía Retuerta Le Domaine desarrolla una importante actividad hotelera. La restauración del conjunto fue distinguida en 2013 con el Premio Europa Nostra de la Unión Europea.















PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:
1- CANAL SANCHEZ-PAJIN, J. Mª. El linaje Gómez y Ansurez. Anuario de Estudios Medievales. 2003
2-ANDRÉS GONZÁLEZ, P. El Monasterio de Santa María de Retuerta. Ed. Edilesa. León 2005
3-ANDRÉS GONZÁLEZ, P. Monasterios premonstratenses en Castilla y León. Las órdenes monacales en Castilla y León. Ed. Edilesa. León
4- HERRERA MARCOS, J. (1997). Arquitectura y simbolismo del románico en Valladolid. Ars Magna. Diputación de Valladolid
5- ANTÓN, F. Monasterios medievales de la provincia de Valladolid. Ed. Maxtor Valladolid. 1942
6- LÓPEZ DE GUEREÑO SANZ, M.ª T. (1997). Monasterios medievales premonstratenses: reinos de Castilla y León. Consejería de Educación y Cultura. Valladolid