INTRODUCCIÓN.
El barrio de San Martín esconde gran parte de la historia de Valladolid y de España. Durante siglos fue el corazón palpitante de la ciudad
ORIGEN DEL BARRIO DE SAN MARTÍN
El barrio nació a la sombra de una iglesia levantada en el siglo XII, extramuros de la primera muralla, en el arrabal donde se instalaban los nuevos pobladores.
La palabra arrabal se refiere a un lugar situado junto a la ciudad, pero fuera de la muralla, donde se establecían los nuevos pobladores. Se asentaron los emigrantes norteños, mozárabes y mudéjares: gente trabajadora que daba servicio a la villa y a las casas señoriales donde vivían el conde, los nobles y los canónigos de la Colegiata de Santa María.
El templo se levantó bajo la advocación de San Martín, un santo considerado patrón de los peregrinos y de quienes ejercen la caridad.
El hecho de que existiera una “Puerta de San Martín” confirma el nombre del barrio. Al salir por la puerta, se veían grandes espacios con tierras de cultivo, huertas y los arroyos del ramal norte del Esgueva.
HISTORIA DEL BARRIO DE SAN MARTÍN.
Cuando el conde Ansúrez asumió el señorío de Valladolid, mandó construir una muralla defensiva y edificó su residencia y la iglesia de Santa María de la Antigua, extramuros, en una zona de huertas surcada por los arroyos del ramal norte del Esgueva. A su alrededor se formó el barrio de Santa María. Más adelante mandó levantar la colegiata de Santa María la Mayor, donde nació el barrio de las Cabañuelas.
Ningún documento señala a Pedro Ansúrez como fundador de la iglesia de San Martín, pero surgió como consecuencia de su política repobladora. La iglesia aparece citada en documentos de 1148, después de la muerte del conde (+1118). Su segunda esposa, Ermesinda de Urgell, donó la iglesia a la Colegiata de Santa María la Mayor. Este hecho confirma que, aunque fuera un arrabal, los terrenos eran propiedad de la familia condal y que la iglesia o ermita ya existía antes de la donación.
En el siglo XIII, el barrio de San Martín dejó de ser un asentamiento periférico para vivir su consolidación urbana. El crecimiento de la villa era tan evidente que fue necesario reforzar y ampliar la muralla.
Durante el reinado de Alfonso X el Sabio, el monarca intentó aumentar los impuestos para financiar su aspiración al trono del Sacro Imperio Romano Germánico. La alta nobleza castellana, liderada por el hermano del rey don Felipe, arzobispo electo de Sevilla y apoyada por la familia Lara, se opuso. El infante pidió permiso al Papa para dejar los hábitos y casarse con Cristina de Noruega.
El barrio de San Martín se convirtió en un escenario de tensiones políticas. Las casas nobiliarias construyeron viviendas con muros muy sólidos cerca de la Puerta de San Martín. La collación se transformó en la base de operaciones y terminó con la revuelta nobiliaria de 1272. El rey, viéndose acorralado y sin apoyos, tuvo que restaurar los fueros y dar marcha atrás en la subida de impuestos.
Este episodio marcó el inicio del declive político de Alfonso X. Las poderosas casas nobiliarias dominaron los barrios de San Andrés, San Martín y Santa María, haciéndose con el control de la villa. Quedó claro que quien dominaba Valladolid dominaba, en gran medida, la política castellana.
Durante el siglo XIV, Valladolid se convirtió en una de las sedes habituales de la corte itinerante. A mediados de ese siglo, Castilla se desangró en la guerra civil entre Pedro I y su medio hermano Enrique de Trastámara. Cuando Enrique II se hizo con el poder, confiscó los bienes de sus enemigos. San Martín se consolidó como un importante núcleo económico y en un referente del poder civil. La nobleza y la Corona negociaron en la collación acuerdos para la pacificación, que se firmaron en la Colegiata de Santa María.
Durante el siglo XV, Valladolid fue el epicentro del poder político. El barrio albergaba las casas de los linajes más influyentes: Tovar, Reoyo, Meneses o los infantes de Granada. Como la iglesia se encontraba entre el convento de San Pablo y la Colegiata de Santa María, templos vinculados a los linajes rivales, los delicados cabildos comunes se celebraban en el templo de San Martín, considerado como un espacio neutral.
Sin duda, el suceso más trascendental del barrio en el siglo XV está relacionado con la casa-palacio de la familia Vivero. Alonso Pérez de Vivero, como otros nobles gallegos, buscaba prosperar fuera de Galicia. Se trasladó a Valladolid para integrarse en la administración real. Gracias a su habilidad financiera y política, llegó a convertirse en contador mayor con Juan II. En octubre de 1469, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón firmaron las capitulaciones y celebraron su matrimonio en este palacio. Un acontecimiento cambió la historia de España. El enlace se realizó en secreto, pues no contaba con la aprobación del rey Enrique IV.
En 1489, los Reyes Católicos fijaron en Valladolid la sede de la Real Audiencia y Chancillería, el tribunal de justicia más alto de la Corona, y la instalaron precisamente en el palacio confiscado de los Vivero. El barrio se convirtió en el centro jurídico del reino, llenando sus calles de procuradores, jueces, abogados y escribanos, que transformaron su fisonomía social.
En el siglo XVI la ciudad vivió un papel destacado en la revuelta de los Comuneros contra Carlos I. Tras la derrota de Villalar en 1521, hubo una severa represión.
La Corredera de San Pablo se convirtió en el eje urbano nobiliario más importante de España. En ella establecieron sus palacios los Pimentel, donde nació Felipe II en 1527, los condes de Rivadavia y Ribadesella, la casa del sol de los marqueses de Gondomar, los marqueses de Astorga, el palacio de Villena, entre muchos otros.
A finales de ese siglo se produjo una crisis económica con una fuerte inflación y subida de impuestos para financiar las guerras del Imperio. La peste afectó al barrio y provocó una elevada mortalidad. La iglesia siguió siendo el centro religioso, social y administrativo. Las actividades religiosas aumentaron al surgir las cofradías.
En el siglo XVII, San Martín vivió un comienzo esperanzador con la llegada de la corte, aunque fue un breve periodo. El barrio se llenó de juristas, agricultores, hortelanos y pequeños comerciantes. Las casas, corrales y establos eran de tapial y adobe, y el urbanismo mantenía calles estrechas e irregulares por los regatos del Esgueva. Con el traslado de la corte a Madrid, sufrió un declive demográfico y económico agravado por epidemias y malas cosechas.
En el siglo XVIII, la Ilustración intentó mejorar la higiene urbana. Se reformaron algunas viviendas y edificios religiosos: el barrio mantuvo su carácter tradicional y popular, sin grandes reformas urbanísticas.
Durante el siglo XIX, la Guerra de la Independencia afectó a su economía debido al pillaje y saqueo de las tropas francesas. Las desamortizaciones eclesiásticas modificaron la propiedad de muchos edificios religiosos.
Transcurría el año 1845 y, reinando Isabel II, se instauró un Instituto Provincial de Segunda Enseñanza vinculado a la Universidad de Valladolid. En 1857, con la Ley Moyano, se independizó de la universidad y pasó a ser un instituto de enseñanza secundaria, bajo el nombre de Instituto General y Técnico. A lo largo del siglo XIX fue cambiando de sede hasta que, por el mal estado de los edificios antiguos, se decidió construir uno nuevo. El edificio actual se levantó en 1903 en la plaza de San Pablo. Fue diseñado por el arquitecto Enrique María Repullés, uno de los más importantes de España. Se levantó un nato de estilo ecléctico en el área de San Pablo de Valladolid, un lugar representativo y accesible con espacio suficiente para un edificio grande y moderno. Fue inaugurado oficialmente en 1907. Durante el siglo XX, el centro fue cambiando de nombre hasta convertirse en el actual Instituto Zorrilla. Ha sido un referente educativo en Valladolid durante más de un siglo, llegando a ser durante años el único instituto de secundaria de la ciudad, formando a miles de estudiantes.
La llegada del ferrocarril a Valladolid en 1860 impulsó el crecimiento de la ciudad. San Martín quedó como un barrio popular densamente poblado, con viviendas modestas, corrales, establos, talleres artesanales y comercio de proximidad. Se mejoró la pavimentación y el alumbrado público, y aumentó la actividad comercial.
El tranvía de tracción animal comenzó a funcionar en 1881 y fue electrificado a finales del siglo XIX. Un ramal llegaba hasta la plaza de San Pablo, uniendo el barrio con la estación ferroviaria y con el nuevo centro urbano. El sistema dejó de funcionar en 1933, sustituido por autobuses.
Durante el siglo XIX y comienzos del XX, el Ayuntamiento decidió soterrar y canalizar los ramales urbanos del Esgueva. Esta obra mejoró notablemente la salubridad del barrio, evitó inundaciones periódicas y permitió reorganizar el espacio urbano.
Las décadas de 1960 y 1970 fueron especialmente críticas. Valladolid experimentó un crecimiento urbano muy rápido y muchos edificios de los siglos XVIII y XIX desaparecieron para dar paso a bloques de viviendas. San Martín perdió parte de su carácter histórico
La cercanía al Palacio de Justicia y otras sedes administrativas transformó el barrio en un lugar de paso para abogados, funcionarios y ciudadanos en trámites legales. Muchas antiguas viviendas se convirtieron en despachos y oficinas.
A finales de los años ochenta y durante los noventa comenzó una nueva valoración del centro histórico: se limitó el tráfico en varias calles, se recuperó espacio para los peatones y se emprendieron restauraciones importantes, como la de la propia iglesia de San Martín.
LÍMITES DEL BARRIO
El barrio de San Martín tiene unos límites bastante definidos. Al norte limita con las calles Chancillería y Real de Burgos, y por noroeste con San Nicolás. Al sur, con el barrio Santa María La Antigua. Al este con la calle Prado de la Magdalena. Y al oeste con el eje de la calle Angustias.
LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MARTÍN
La iglesia de San Martín es un edificio del siglo XII. Una modesta construcción románica destinada a atender a los nuevos pobladores del arrabal. No solo era un centro religioso, sino también administrativo y social, donde se resolvían pleitos y se organizaba la caridad para los pobres que llegaban a la ciudad.
El templo ha tenido un proceso constructivo complejo. Parte del edificio original se derrumbó a finales del siglo XVI. Diego de Praves fue el encargado de su reconstrucción, pero fue finalizada por su hijo Francisco de Praves, maestro mayor de obras reales a comienzos del siglo XVII. Fue él quien le dio ese carácter austero y clasicista tan apreciado por Felipe III.
De la fachada se conserva el cuerpo inferior, construido con excelente sillería de piedra blanca, y la puerta de entrada con arco de medio punto. En el segundo cuerpo destaca un frontón triangular que enmarca una hornacina con la imagen de San Martín partiendo su capa con un mendigo, relieve barroco realizado por Antonio Tomé en 1721.
En 1965 se hundieron las bóvedas de la nave central, destruyendo parte de la zona superior del templo. Fue reconstruida a partir de 1968, aunque la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción criticó el nuevo remate por no respetar plenamente las líneas clasicistas de la traza de Praves.
Actualmente, es una fachada rectangular dividida en dos cuerpos: el inferior de piedra y el superior de ladrillo.
Su torre, levantada en el siglo XIII, es románico-mudéjar y constituye el símbolo indiscutible del barrio. Su construcción se atribuye al concejo y al impulso de la nobleza local. Es una de las pocas muestras de este estilo que sobreviven en Valladolid y refleja la participación de los mudéjares en el desarrollo urbano de la ciudad.
Es una torre esbelta, de planta cuadrada, con varios cuerpos y arquerías. Combina piedra caliza en la base con ladrillo en los niveles superiores. Los pisos inferiores presentan arcos de medio punto románicos, mientras que en los superiores aparecen arcos apuntados y lobulados con frisos de ladrillo.
El interior del templo tiene una sola nave con capillas laterales entre contrafuertes; es fruto de la reconstrucción del siglo XVII y destaca por sus bóvedas de crucería estrellada.
Entre 2004 y 2007, la iglesia fue objeto de una profunda restauración dentro del plan Valladolid Renace, que permitió consolidar su estructura y limpiar su emblemática torre.
El retablo mayor que preside el ábside es una obra barroca. Destaca también la escultura de La Piedad, atribuida a Gregorio Fernández o a su escuela, de gran expresividad y realismo.
La Muy Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad tiene su sede en esta iglesia, lo que convierte al templo en uno de los puntos neurálgicos de fervor religioso durante la Semana Santa vallisoletana.






















PARA MÁS INFORMACIÓN CONSULTAR A
- BRASAS EGIDO, José Carlos. Guía artística de Valladolid. Ediciones Lancia, 2005.
- MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José. Catálogo Monumental. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Primera parte, tomo XIV. Edición facsímil 2001. Diputación de Valladolid.
- OLIVERA ARRANZ, María del Rosario (2002). Enciclopedia del románico en Castilla y León: Valladolid. Aguilar de Campoo: Fundación Santa María la Real – Centro de Estudios del Románico. pp. 439-442.
- SÁIZ VIRUMBRALES, Juan Luis y SÁNCHEZ RIVERA, José Ignacio (2016). «Aproximación a las torres de las iglesias de Santa María la Antigua y San Martín de Valladolid a. Iacobus, revista de estudios jacobeos y medievales, 55
- GOMES RENAU. M.MAR. Alarifes mudéjares en Valladolid