INTRODUCCIÓN

El convento de Nuestra Señora de Porta Coeli, conocido popularmente como las Calderonas, constituye uno de los monasterios femeninos más destacados de Valladolid. Situado en la actual calle Teresa Gil, su historia refleja la evolución urbana de la ciudad durante los siglos XVI y XVII, el patronazgo ejercido por la nobleza castellana y el ascenso político de Rodrigo Calderón durante el reinado de Felipe III. La estrecha vinculación entre el convento y la figura de su principal benefactor terminó dando al monasterio el nombre con el que aún hoy es conocido por los vallisoletanos.

LA FUNDACIÓN DEL MONASTERIO

En 1596 falleció el regidor vallisoletano Juan Bautista Gallo. Años más tarde, su viuda, doña Mariana Cortés de Paz, conocida como Mariana de Paz, decidió fundar un monasterio femenino. Para ello donó unas casas y establos situados en la calle de Olleros, actual calle Duque de la Victoria, muy próximos al edificio tradicionalmente identificado como el antiguo palacio de Enrique IV, situado en la actual calle Teresa Gil y conocido como la Casa de las Aldabas, nombre que procede de los grandes llamadores metálicos que decoran su portada.

Obtenidas las correspondientes licencias eclesiásticas, reales y pontificias, la escritura fundacional fue otorgada el 19 de diciembre de 1601. En ella se establecía que el nuevo monasterio de Nuestra Señora de Porta Coeli quedaba incorporado a la Orden de San Francisco bajo la observancia de las religiosas concepcionistas. Las monjas debían vestir hábito y escapulario blancos con manto azul y portar el escudo de la Inmaculada Concepción, elementos que definían la identidad espiritual y jurídica de la nueva comunidad.

Sin embargo, la fundación encontró desde sus primeros años importantes dificultades económicas. El sostenimiento de la comunidad, la construcción de nuevas dependencias y la dotación del culto exigían unos recursos muy superiores a los que podía aportar su fundadora.

Ante esta situación, en octubre de 1606 doña Mariana vendió el patronato del convento, junto con las casas, la huerta y los bienes destinados al culto, a Rodrigo Calderón, secretario de Cámara de Felipe III y hombre de absoluta confianza del duque de Lerma, de quien fue secretario y principal colaborador político.

La adquisición del patronato permitió emprender una profunda transformación del monasterio. Rodrigo Calderón aprovechó que la fundación ya poseía personalidad jurídica para ampliar y ennoblecer el conjunto conventual, con el propósito de convertirlo en panteón de su linaje y en una expresión permanente del poder y del prestigio alcanzados durante el reinado de Felipe III.

La proximidad de la Casa de las Aldabas, una de sus residencias vallisoletanas, favoreció la creación de un amplio conjunto arquitectónico integrado por el palacio y el convento. La primitiva fundación de la calle de Olleros y la posterior incorporación de los inmuebles vinculados a la Casa de las Aldabas acabaron constituyendo un único recinto conventual, como han señalado diversos historiadores.

El 15 de enero de 1615 tuvo lugar la reorganización definitiva del monasterio, que fue entregado a una comunidad de religiosas de la Orden de Predicadores. Desde entonces Porta Coeli quedó configurado como monasterio femenino dominico, circunstancia que dio origen al nombre popular de las Calderonas, en memoria de su refundador y principal benefactor.

RODRIGO CALDERÓN Y EL CONVENTO

El convento, nacido en la calle de Olleros, fue extendiéndose progresivamente hacia la actual calle Teresa Gil, donde finalmente se construyó la fachada principal de la iglesia. No se trató de un traslado del monasterio, sino de una profunda transformación arquitectónica y urbanística, habitual en numerosas fundaciones conventuales de los siglos XVI y XVII.

Durante la ejecución de las obras, las religiosas permanecieron en las dependencias primitivas y, una vez concluidos los nuevos edificios, pasaron a ocuparlos sin abandonar en ningún momento el recinto conventual.

Las obras fueron dirigidas por Diego de Praves, siguiendo la traza atribuida a Francisco de Mora, arquitecto mayor de Felipe III y una de las figuras más relevantes del clasicismo herreriano. La elección del emplazamiento no fue casual. Rodrigo Calderón consiguió integrar su residencia de la Casa de las Aldabas con el nuevo convento, configurando un destacado frente urbano en la calle Teresa Gil, una de las principales vías de acceso al centro de Valladolid desde la Puerta del Campo, junto al Campillo de San Andrés.

La fachada de la iglesia constituye uno de los mejores ejemplos del clasicismo vallisoletano de comienzos del siglo XVII. Se organiza en dos cuerpos separados por una imposta horizontal. El inferior, construido en piedra, presenta una portada adintelada sobre la que se dispone un frontón partido que alberga una hornacina con la imagen de la Virgen. El conjunto culmina en un frontón triangular decorado con bolas, pináculos y los escudos heráldicos de los Calderón.

Al abrirse el acceso principal del templo a la calle Teresa Gil, la fachada no solo cumplía una función religiosa, sino que también actuaba como expresión visible del prestigio social y político de su patrono.

El cuerpo superior, realizado en ladrillo prensado, responde plenamente a los principios del clasicismo tardoherreriano. La sobriedad de sus paramentos, el predominio del muro sobre los huecos y la escasa ornamentación contribuyen a transmitir una imagen de equilibrio y austeridad.

El convento posee dos accesos claramente diferenciados. La portada conventual conduce a la clausura dominica y a las distintas dependencias de la comunidad —locutorios, torno, patios, celdas y refectorio—, constituyendo una entrada de carácter privado reservada a las religiosas y a las personas autorizadas. Por su parte, la portada de la iglesia da acceso al templo abierto al culto de los fieles.

LA IGLESIA DE PORTA COELI

La iglesia fue construida entre 1609 y 1613. Consta de una sola nave de planta de cruz latina, cubierta por bóveda de cañón con lunetos. El crucero se cubre mediante una cúpula sobre pechinas, mientras que la capilla mayor presenta una bóveda de escasa curvatura.

Los muros conservan la decoración pictórica realizada durante las reformas del siglo XVIII, caracterizada por una policromía en tonos gris azulado, blanco, verde y dorado que imita revestimientos marmóreos, conforme al gusto ornamental del barroco.

El retablo mayor, fechado en 1612, constituye una de las obras más singulares del patrimonio artístico castellano por estar ejecutado con mármoles policromos procedentes de Génova. Su riqueza cromática y la calidad de los materiales empleados le confieren un carácter excepcional dentro del panorama artístico de Castilla.

La traza se le atribuye a Juan de Muniátegui. El conjunto se organiza sobre banco, cuerpo principal dividido en tres calles mediante columnas corintias y ático rematado entre pilastras.

En la calle central destaca un gran lienzo de la Asunción de la Virgen, eje compositivo del retablo. El ático alberga las pinturas de la Anunciación y el Nacimiento de la Virgen, mientras que el centro está presidido por un grupo escultórico del Calvario. Tanto estas pinturas como las de los retablos colaterales se atribuyen generalmente al pintor italiano Orazio Borgianni, una de las figuras más relevantes del naturalismo romano de comienzos del siglo XVII.

Los retablos colaterales completan el programa iconográfico del templo. El del lado del Evangelio representa la Circuncisión y la Estigmatización de san Francisco, mientras que el de la Epístola muestra la Presentación de la Virgen y la Virgen del Rosario entregando el rosario a santo Domingo.

Uno de los elementos más sobresalientes del templo son las esculturas orantes de mármol blanco de la familia Calderón, situadas en los brazos del crucero. Destacan por la calidad del trabajo escultórico, el refinamiento de los detalles heráldicos y el magistral tratamiento de los ropajes.

Estas obras se atribuyen al escultor genovés Taddeo Carlone, o a su taller, y constituyen uno de los mejores conjuntos de escultura funeraria italiana conservados en Castilla.

En el brazo sur del crucero se encuentran los sepulcros de don Rodrigo Calderón y de su esposa, doña Inés de Vargas; en el brazo norte, los de sus padres, Francisco Calderón y doña María de Aranda y Sandelín, formando un auténtico panteón familiar. Diversas fuentes históricas sostienen que estas esculturas fueron un regalo de Carlos Doria, duque de Tursi, aunque dicha tradición carece, hasta el momento, de una confirmación documental definitiva.

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:

Alonso Cortés, Narciso (1920). Miscelánea vallisoletana. Valladolid.

Fernández Martín, Luis (1986). Rodrigo Calderón. Valladolid.

Martí y Monsó, José (1898-1901). Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid. Valladolid.

Sangrador Vítores, Matías (1851-1854). Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid. Valladolid.

Urrea Fernández, Jesús (1982). Guía histórico-artística de Valladolid. Valladolid.

Agapito y Revilla, Juan. Las calles de Valladolid.

Antolínez de Burgos, Juan (1887). Historia de Valladolid. B

Bennassar, Bartolomé (1983). Valladolid en el Siglo de Oro. Una ciudad de Castilla y su entorno agrario en el siglo XVII