Dedicado a mis amigos y familiares que se han formado en el colegio San José.

El convento de Nuestra Señora de Belén ocupó una extensa manzana delimitada por la plaza de Santa Cruz, las actuales calles Cardenal Mendoza y de la Merced, y la plaza de San Juan. Su huerta se extendía hasta las inmediaciones de esta última, conformando uno de los mayores recintos conventuales del Valladolid de la Edad Moderna. Tras la desaparición del monasterio en el siglo XIX, una parte de sus antiguos terrenos fue destinada a la construcción del Colegio de San José de la Compañía de Jesús, que ha mantenido desde entonces su vocación educativa.

El monasterio fue fundado en 1538 por doña María de Sandoval y Rojas y Enríquez de Luna, perteneciente a uno de los linajes más destacados de la nobleza castellana. Para ello donó varias casas y corrales de su propiedad en la colación de San Andrés, destinados a albergar una comunidad de monjas bernardas cistercienses, integrada por mujeres procedentes de familias nobles. La adquisición de nuevas propiedades permitió ampliar progresivamente el conjunto hasta alcanzar su configuración definitiva hacia 1562.

Doña María era hija de Bernardo de Sandoval y Rojas, II marqués de Denia, mayordomo mayor de Fernando el Católico y gobernador de la Casa de la reina Juana durante su retiro en Tordesillas. Contrajo matrimonio con Juan Fernández Manrique de Lara, III marqués de Aguilar de Campoo, aunque el matrimonio no tuvo descendencia.

El patronazgo del convento pasó posteriormente a su sobrino nieto, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, V marqués de Denia y futuro duque de Lerma, quien llegaría a convertirse en el principal valido de Felipe III. Gracias a su mecenazgo, el monasterio experimentó una profunda renovación arquitectónica, culminada con la construcción de una nueva iglesia a comienzos del siglo XVII.

Como era habitual en las comunidades monásticas femeninas de la época, las religiosas aportaban una importante dote al ingresar en el convento, además de los bienes que pudieran recibir por herencia. Estas aportaciones, unidas a numerosas donaciones y a la adquisición de propiedades rústicas y urbanas, permitieron al monasterio reunir un importante patrimonio, situándolo entre las comunidades cistercienses más prósperas de Valladolid.

El convento fue levantándose en distintas fases constructivas, siguiendo una arquitectura sobria y funcional. La documentación conservada señala la intervención del maestro de obras Juan de Nates en la adaptación y ampliación de las dependencias conventuales para adecuarlas a las necesidades de la comunidad.

Uno de los episodios más dramáticos de su historia tuvo lugar en 1559, cuando varias religiosas del convento fueron procesadas por la Inquisición dentro del denominado foco protestante de Valladolid. Aquellos acontecimientos marcaron profundamente la vida del monacato, que permaneció durante años bajo una estrecha vigilancia inquisitorial antes de recuperar progresivamente su estabilidad y prestigio.

La gran transformación arquitectónica del monasterio llegó durante el patronazgo del duque de Lerma. Las trazas de la nueva iglesia se atribuyen tradicionalmente a Francisco de Mora, mientras que su construcción fue dirigida por Francisco de Praves. El templo respondía plenamente al clasicismo castellano de inspiración escurialense: una sola nave cubierta con bóveda de cañón, crucero coronado por una cúpula y una fachada de extraordinaria sobriedad, caracterizada por la pureza de sus líneas y la ausencia casi total de ornamentación.

La iglesia fue solemnemente inaugurada el 3 de noviembre de 1612, en una ceremonia presidida por Felipe III y el propio duque de Lerma, reflejo del estrecho vínculo entre la Corona, la alta nobleza y las grandes fundaciones religiosas de la época.

Durante los siglos XVII y XVIII, el convento alcanzó su máximo esplendor. El apoyo continuado de numerosas familias nobles enriqueció su patrimonio artístico con retablos, esculturas, pinturas, objetos litúrgicos y otras obras de gran calidad, convirtiéndolo en uno de los conjuntos conventuales más destacados de la ciudad.

La Guerra de la Independencia supuso el comienzo de su decadencia. Durante la ocupación francesa, el convento fue saqueado y utilizado como cuartel y almacén militar; ocasionaron importantes daños tanto en sus edificios como en su patrimonio artístico. Tras el regreso de la comunidad, las dificultades económicas impidieron recuperar plenamente su antiguo esplendor.

La desamortización y el progresivo deterioro de sus edificios precipitaron el abandono definitivo. En 1841 las religiosas se trasladaron al monasterio de las Huelgas Reales, mientras que el antiguo recinto pasó a manos particulares. La iglesia permaneció en pie algunas décadas más y llegó incluso a desempeñar funciones parroquiales tras la desaparición de la iglesia de San Juan, hasta su demolición en las primeras décadas del siglo XX.

Sobre una parte del antiguo solar conventual se construyó el Colegio de San José, inaugurado en 1881, institución que conserva hasta hoy la tradición educativa desarrollada en este espacio histórico.

LA CASA DEL DUQUE DE LERMA

Durante la segunda mitad del siglo XVI, el entorno de la actual calle Cardenal Mendoza se consolidó como uno de los sectores más prestigiosos de Valladolid. En sus inmediaciones se levantaban edificios tan relevantes como el Colegio de Santa Cruz, la iglesia de la Magdalena, la residencia del linaje Vitoria, marqueses de Valdagema, de los Enríquez de Almansa, marqueses de Alcañices, del marqués de Castromonte y el convento de Nuestra Señora de Belén.

En 1601, coincidiendo con el traslado de la corte a Valladolid, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas heredó el patronazgo del convento. Adquirió varias casas pertenecientes al monasterio con el propósito de levantar su residencia. Según las fuentes consultadas, la operación fue valorada en unos 30 000 ducados, permitió financiar una profunda ampliación del convento y la construcción de su nueva iglesia, empresa que contó también con el respaldo económico de miembros de la nobleza cortesana.

El palacio residencial del duque ocupaba parte del frente del convento orientado hacia la plaza de Santa Cruz. Disponía de sótano, planta noble con amplios ventanales, piso principal con balcones de hierro forjado, buhardillas y un pequeño patio interior. Aunque Lerma apenas llegó a residir en él debido a sus continuas obligaciones políticas junto a Felipe III, la edificación constituyó un símbolo de su poder y de su estrecha vinculación con el monasterio.

Como patrono, el duque ejercía funciones de protección y representación sobre la fundación, interviniendo en determinadas decisiones de especial relevancia relacionadas con su patrimonio y con las obras de ampliación del conjunto. Desempeñaba un destacado papel económico gracias a la administración de censos, rentas y propiedades, convirtiéndose en una institución financieramente sólida dentro de la Valladolid de los siglos XVI y XVII.

Las relaciones entre el monasterio y la Casa de Sandoval respondían a las prácticas habituales del patronazgo nobiliario de la época. A través de esta institución, el duque reforzó el prestigio de su linaje, promovió importantes actuaciones arquitectónicas y ejerció una notable influencia sobre la evolución del convento, siempre dentro del marco jurídico propio de las fundaciones religiosas castellanas.

El convento de Belén, como otras muchas instituciones religiosas de la época, desempeñaba un relevante papel económico. Su amplio patrimonio territorial, las cuantiosas dotes aportadas por las religiosas y la administración de censos y préstamos lo convirtieron en una institución con una notable capacidad financiera. En este contexto deben entenderse las relaciones económicas mantenidas entre el monasterio y algunas de las principales familias nobiliarias, pero siempre dentro del marco jurídico y patrimonial propio de las fundaciones religiosas de la época.

Como patrono, el duque administraba y protegía el patrimonio del convento, velando por la conservación de sus rentas, bienes inmuebles y derechos. El patronazgo le otorgaba capacidad para intervenir en decisiones económicas importantes, como la aceptación de donaciones, la gestión de censos y rentas o la financiación de obras.

El duque de Lerma recurrió al patrimonio y al crédito del convento para beneficiar a miembros de su familia y de su red clientelar. A través de su patronazgo influyó en la administración de los bienes conventuales, autorizó o promovió operaciones de crédito y facilitó que los recursos del monasterio se orientaran hacia los intereses de la Casa de Sandoval. Actuaciones que formaban parte de su estrategia de consolidación patrimonial y de fortalecimiento del poder familiar. Las rentas y patrimonio eran administrados bajo la supervisión del patrono, integrándose en la red de intereses de la Casa de Lerma, aunque los bienes seguían perteneciendo jurídicamente al convento y no al patrimonio personal del duque.

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:

ESTEBAN RECIO, ASUNCIÓN (2020). Herejes luteranas en Valladolid. Fuego y olvido sobre el convento de Belén. Ediciones Universidad de Valladolid

SANGRADOR Y VITORES, MATÍAS (1854). Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid.

FULGOSIO, FERNANDO (1869). Crónica de la provincia de Valladolid.

GARCÍA CHICO, Esteban. «Iglesia conventual de Belén». Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología

 BRASAS EGIDO, José Carlos. Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José. Escultura barroca castellana.