En los primeros siglos de la República, en Roma, los patricios disfrutaban de importantes privilegios políticos y religiosos y habían monopolizado buena parte de las magistraturas, el Senado y los principales sacerdocios. Los plebeyos, por su parte, fueron consiguiendo progresivamente derechos políticos y sociales mediante una larga lucha contra los patricios.

Uno de los problemas más graves fue el endeudamiento. Los pequeños propietarios que eran llamados al servicio militar podían quedar en una situación económica muy difícil al tener que abandonar sus tierras y actividades. La legislación romana sobre las deudas llegó a permitir formas muy duras de sometimiento del deudor, aunque no debe generalizarse la idea de que todos los préstamos eran concedidos por patricios a intereses desorbitados ni que todo deudor insolvente terminaba automáticamente convertido en esclavo. El antiguo sistema del nexum fue abolido tradicionalmente en el año 326 a. C. mediante la Lex Poetelia Papiria.

ROMA: LA GUERRA SOCIAL, CIVIL Y MILITAR

En el año 494 a. C., según la tradición romana, los plebeyos se retiraron al Monte Sagrado en protesta por su situación política y económica. A partir de entonces fueron obteniendo  importantes conquistas: el derecho al matrimonio entre patricios y plebeyos mediante la Lex Canuleia en 445 a. C.; la posibilidad de acceder al consulado tras las leyes Licinio-Sextias de 367 a. C.; la apertura de los principales sacerdocios mediante la Lex Ogulnia de 300 a. C.; y, finalmente, la Lex Hortensia de 287 a. C., que estableció que los acuerdos de la asamblea plebeya fueran vinculantes para todos los ciudadanos.

Cuando Roma comenzó su expansión por Hispania, la antigua confrontación entre patricios y plebeyos había quedado superada en sus aspectos fundamentales. Sin embargo, la República continuaba siendo un régimen profundamente oligárquico, dominado por una aristocracia senatorial formada tanto por familias patricias como por familias plebeyas enriquecidas. 

Los pueblos hispanos quedaron inmersos en las luchas políticas y militares que enfrentaron a las distintas facciones romanas, especialmente durante las guerras civiles entre Mario y Sila.

El Senado había confiado a Sila el mando de la guerra del Ponto contra Mitrídates VI. Mario, que aspiraba a obtener ese mando, consiguió que los tribunos de la plebe promovieran una decisión favorable a sus intereses. Sila no aceptó la pérdida de su ejército y tomó una decisión hasta entonces extraordinaria: marchó sobre Roma al frente de sus legiones. Mario tuvo que huir y se refugió en África.

Sila llevó a cabo importantes reformas políticas que reforzaron la autoridad del Senado y limitaron el poder de los tribunos de la plebe. Aumentó también el número de senadores y favoreció a sus partidarios.

Cuando Sila marchó a Oriente, Cneo Papirio Carbón y Cayo Mario el Joven recuperaron el poder en Roma. Tras el regreso de Sila, la guerra civil terminó con su victoria. En el año 82 a. C., después de la batalla de Porta Colina, en la que aplastó a sus enemigos, Sila se convirtió en dictador y comenzó una dura represión contra sus opositores, confiscando sus propiedades, subastándolas y ejecutando a numerosos adversarios políticos.

LAS NUEVAS GENERACIONES ROMANAS.

Entre los jóvenes que vivieron aquellas guerras destacaron Julio César, Craso y Pompeyo.

Julio César pertenecía a una antigua familia patricia, pero estaba relacionado familiarmente con Mario y tuvo que huir de Roma. Craso, por su parte, obtuvo una enorme fortuna durante las proscripciones y se convirtió en uno de los hombres más ricos de Roma. Formó en Hispania un poderoso ejército de mercenarios.

Pompeyo pertenecía a una familia senatorial y fue hijo del cónsul Pompeyo Estrabón. Tras la muerte de su padre, heredó una considerable fortuna y el apoyo de numerosos legionarios y se  puso al servicio de Sila. Tenía un gran talento militar, aunque adquirió una reputación de extrema dureza; era conocido como el carnicero adolescente.

Pompeyo contrajo matrimonio con Antistia, hija de Publio Antistio, un juez que había intervenido en un proceso contra él. Posteriormente, Sila le obligó a divorciarse y a casarse con Emilia, hija de su esposa Metela. Emilia estaba embarazada de su primer marido y murió después del parto.

Cuando murió Sila, en el año 78 a. C., Pompeyo defendió el orden político creado por el dictador.

SERTORIO EN HISPANIA

Quinto Sertorio había servido en el ejército romano y había combatido junto a Mario durante las guerras contra los cimbrios y los teutones. Durante su carrera militar destacó por su valor y experiencia. Las fuentes antiguas cuentan que perdió un ojo y que llevaba numerosas cicatrices de guerra.

En el año 97 a. C. sirvió como tribuno militar en Hispania Ulterior. Su política contribuyó a ganarse la confianza de las poblaciones locales: redujo determinadas cargas fiscales y evitó alojar a sus soldados dentro de las ciudades, estableciendo los campamentos fuera de las murallas. Plutarco destaca precisamente estas medidas como una de las razones de la popularidad que alcanzó entre los habitantes de Hispania, lo que le permitió conocer de primera mano el territorio y a sus habitantes. Sertorio consiguió rápidamente el apoyo de numerosos pueblos hispanos.

Más tarde desempeñó la cuestura y se vinculó políticamente al sector mariano.

Cuando Sila regresó victorioso a Italia, Sertorio, como amigo de Mario, tuvo que abandonar Roma. En el año 83 a. C. en Hispania organizó la resistencia contra Sila, pero fue expulsado por las fuerzas de las legiones romanas del este.

Sertorio pasó entonces al norte de África, donde obtuvo importantes victorias que aumentaron su prestigio militar. En el año 80 a. C., los lusitanos solicitaron su regreso a Hispania para ponerse al frente de la resistencia contra el poder romano.

Sertorio desembarcó en Hispania con unos 2.600 romanos y 700 libios. A estas fuerzas se unieron aproximadamente 4.000 infantes lusitanos y 700 jinetes. Con un ejército relativamente pequeño consiguió enfrentarse con éxito a fuerzas romanas mucho más numerosas. Las cifras transmitidas por Plutarco hablan de hasta 120.000 infantes y 6.000 jinetes bajo los mandos romanos, aunque estas cifras deben tomarse con cautela, pues las fuentes antiguas suelen exagerar los efectivos.

Sertorio consiguió rápidamente el apoyo de numerosos pueblos hispanos. Consiguió formar una amplia alianza entre lusitanos y los pueblos de la Hispania Citerior. La guerra, sin embargo, no fue una lucha de los pueblos hispanos contra Roma. El propio Sertorio se consideraba representante de la legalidad romana frente al régimen de Sila y organizó en Hispania una auténtica alternativa política al poder de Roma.

 En el año 80 a. C. derrotó a las fuerzas romanas en el río Betis y consiguió consolidar su posición en Hispania Ulterior. Posteriormente, se enfrentó a otros generales romanos y, a partir del año 79 a. C., tuvo como principal adversario a Quinto Cecilio Metelo Pío.

Metelo era un experimentado general romano, pero Sertorio evitaba en muchas ocasiones las batallas campales y utilizaba el conocimiento del terreno, las emboscadas, la movilidad y la guerra de desgaste. De esta manera consiguió poner en dificultades al ejército romano.

Estableció en Osca, la actual Huesca, uno de los principales centros de su poder y creó un consejo de romanos exiliados que actuaba como una especie de Senado alternativo. También fundó una escuela destinada a los hijos de las principales familias, donde recibían una educación de tipo romano.

Sertorio también utilizó la religión y las mitologías para reforzar su autoridad. Su famosa cierva blanca se convirtió en uno de los símbolos de su poder. Según Plutarco, un hispano le regaló una cervatilla completamente blanca. Sertorio la domesticó y posteriormente hizo creer que era un regalo de Diana y que, a través de ella, recibía información y consejos divinos.

La fama de Sertorio llegó a ser tan grande que fue considerado por algunos de sus seguidores como un hombre protegido por los dioses. Su ejército llegó a convertirse en una fuerza capaz de desafiar durante años a algunos de los mejores generales de Roma.

POMPEYO CONTRA SERTORIO

El Senado romano comprendió que la guerra de Hispania se había convertido en un problema y Sertorio controlaba extensos territorios y disponía del apoyo de numerosos pueblos, mientras Roma necesitaba recuperar el control político y económico de las provincias hispanas.

Pompeyo, que todavía mantenía su ejército en Italia después de haber derrotado a los partidarios de Lépido, fue enviado en el año 77 a. C. por el Senado a Hispania, no para colaborar con Metelo Pío.

Sertorio consiguió derrotarlo en Lauro y posteriormente obtuvo importantes éxitos frente a las fuerzas romanas, como su victoria frente a Pompeyo y Metelo en las proximidades de Sagunto.

Durante estos años, Pompeyo estableció relaciones con diversas comunidades del norte de Hispania. La tradición histórica relaciona su presencia con el asentamiento de Pompaelo, en el territorio de los vascones, origen de la actual Pamplona. Sin embargo, es más prudente decir que Pompeyo estuvo relacionado con el establecimiento o reorganización de Pompaelo que afirmar categóricamente que fue él quien fundó la ciudad tal como hoy la conocemos.

Tampoco está suficientemente demostrado que Pompeyo estableciera aquel enclave específicamente como una vía de retirada hacia Aquitania.

Durante los años 75 y 74 a. C., la guerra se hizo cada vez más dura. Sertorio continuó utilizando la movilidad de sus tropas y el conocimiento del territorio, pero la presión romana fue aumentando. Pompeyo y Metelo consiguieron recuperar progresivamente numerosas posiciones.

La situación de Sertorio comenzó a deteriorarse. Las derrotas, las dificultades para abastecer a sus tropas y las divisiones entre los propios partidarios de Sertorio fueron debilitando su posición. Roma ofreció también condiciones favorables a quienes abandonaran su causa y regresaran a su patria.

Sertorio sabía que la situación era cada vez más difícil. Roma disponía de mayores recursos humanos y económicos y podía enviar continuamente nuevos soldados a Hispania. Pompeyo y Metelo continuaron estrechando el cerco sobre sus territorios.

LA TRAICIÓN Y LA MUERTE DE SERTORIO

La situación interna del ejército sertoriano se deterioró por las rivalidades entre los propios jefes. Uno de ellos era Marco Perperna, un romano que había llegado a Hispania con fuerzas procedentes del ejército de Lépido.

Perperna conspiró contra Sertorio y organizó su asesinato. En el año 72 a. C., durante un banquete, Sertorio fue asesinado junto con algunos de sus principales colaboradores. La famosa cierva blanca, símbolo de su autoridad, también desapareció, aunque la tradición posterior la relacionó con su muerte.

Perperna intentó continuar la guerra contra Roma, pero carecía del talento militar y del prestigio de Sertorio. Pompeyo lo derrotó rápidamente y lo hizo ejecutar.

Con la muerte de Sertorio terminó la resistencia organizada que había mantenido en jaque a Roma durante casi una década.

La guerra sertoriana había sido, en realidad, una de las últimas prolongaciones de las guerras civiles de la República romana. Sertorio consiguió convertir Hispania en el principal centro de resistencia contra el régimen de Sila y logró reunir bajo su mando a romanos, itálicos y numerosos pueblos hispanos. Su capacidad militar, su conocimiento del territorio y su habilidad para ganarse la confianza de los pueblos hicieron de él uno de los adversarios más peligrosos a los que tuvo que enfrentarse Roma en el siglo I a. C.

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:

GARCÍA MORÁ, Félix, Quinto Sertorio. Roma, Granada, Universidad de Granada, 1991.

 SCHULTEN, Adolf, Sertorio, Leipzig, 1926; edición española, Sevilla, 2013.

 AMELA VALVERDE, Luis, Las clientelas de Cneo Pompeyo Magno en Hispania, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2002.

BLÁZQUEZ, JOSÉ MARÍA (2001). Las guerras en Hispania: Pompeyo, Sertorio», publicado en la revista Aquila Legionis.

SPANN, P. O. (1987). Quintus Sertorius y el legado de Sila. University of Arkansas Press.

ROMERO FERNÁNDEZ, DAVID. Estudios recientes en revistas, aspectos tácticos específicos, como el uso de la guerra de guerrillas y la estrategia militar en el terreno hispano.