UNA FAMILIA PORTUGUESA EN CASTILLA
Corría el año 1264 cuando, en la corte portuguesa de Alfonso III, Gil Martins de Riba, mayordomo mayor del reino y uno de los principales magnates portugueses, cayó en desgracia y fue sustituido por João Peres de Aboim. Sintiéndose agraviado, abandonó Portugal con su familia y se trasladó a Castilla, donde fue bien recibido por Alfonso X, que lo incorporó a su círculo de confianza, desempeñando un papel destacado en la corte. Figura, además, entre los confirmantes del testamento y varios documentos del rey sabio.
Teresa Gil nació en Guimarães hacia 1250. Era hija de Gil Martins de Riba y de María Anes de Maia. Su hermano, Martín Gil, también sirvió a Alfonso X y ocupó una posición relevante en la corte castellana.
Teresa pasó su juventud en Castilla y se integró plenamente en el ambiente cortesano durante los últimos años del reinado de Alfonso X.
LA CRISIS SUCESORIA DE CASTILLA
Alfonso X tuvo varios hijos. El heredero del trono era su primogénito, el infante Fernando de la Cerda, nacido en 1255, casado con Blanca de Francia desde 1269 y fallecido prematuramente en 1275. Su hermano Sancho, nacido en Valladolid en 1258, sería conocido más tarde como Sancho IV el Bravo.
Tras la muerte de Fernando surgió una grave crisis sucesoria. Buena parte de la nobleza castellana defendía la tradición según la cual la Corona debía pasar al siguiente hijo varón del rey. En consecuencia, el heredero debía ser el infante Sancho.
Sin embargo, los hijos del difunto Fernando, los infantes Alfonso y Fernando de la Cerda, llamados así por el característico mechón blanco de cabello que, según la tradición, distinguía a su linaje, reclamaron los derechos sucesorios que correspondían a su padre.
El conflicto enfrentó dos concepciones del derecho sucesorio. Por una parte, la tradición castellana favorecía al siguiente hijo varón del monarca; por otra, el principio jurídico recogido en Las Siete Partidas, inspirado en el Derecho romano y en el Derecho canónico, establecía que los hijos de un heredero fallecido ocupaban el lugar que habría correspondido a su padre. Según este criterio, Alfonso de la Cerda debía preceder a su tío Sancho en la sucesión al trono.
Diversos historiadores han señalado, no obstante, que Las Siete Partidas aún no gozaban de plena vigencia jurídica cuando estalló la crisis sucesoria. Se trataba de un gran cuerpo legislativo cuya aplicación fue lenta y desigual, alcanzando plena fuerza legal con el Ordenamiento de Alcalá de 1348, promulgado por Alfonso XI.
En las Cortes de Valladolid de 1282, Sancho fue reconocido como gobernador del reino. Alfonso X intentó mantener los derechos de sus nietos, pero el respaldo de la mayor parte de la nobleza y de numerosos concejos permitió que Sancho consolidara su posición.
A la muerte de Alfonso X, el 4 de abril de 1284, Sancho fue proclamado rey en Toledo. Los derechos de los infantes de la Cerda continuaron siendo defendidos durante años por la Corona de Aragón, por Francia y por algunos nobles castellanos, pero la mayor parte de la nobleza y de los concejos reconocieron la autoridad de Sancho IV.
La familia de Teresa Gil, firmemente alineada con el nuevo monarca, supo desenvolverse con habilidad durante aquella compleja transición política.
SANCHO IV Y TERESA GIL
No existe ninguna fuente documental que explique cómo se conocieron Teresa Gil y Sancho IV. Algunos historiadores consideran probable que ambos coincidieran durante su juventud en la corte de Alfonso X, donde Teresa era algunos años mayor que el futuro rey. Todo lo demás pertenece al terreno de la hipótesis o de la recreación literaria.
Durante el enfrentamiento con su padre, el infante Sancho reunió a su alrededor un amplio grupo de nobles castellanos. En ese ambiente cortesano debió de desarrollarse la relación entre ambos.
Las fuentes medievales nunca califican a Teresa Gil como «amante» del rey. Algunos documentos emplean el término amiga, una palabra que en la documentación medieval podía designar a una compañera sentimental fuera del matrimonio y cuyo significado no coincide exactamente con el actual. Otras referencias la presentan como concubina o favorita.
La mayoría de los historiadores consideran hoy muy probable que Teresa Gil mantuviera una relación personal con Sancho IV antes del matrimonio del rey con María de Molina en 1282. Aunque no exista una prueba documental directa, las numerosas mercedes recibidas, su extraordinaria posición en la corte y diversos testimonios cronísticos hacen que dicha relación se considere altamente verosímil.
Tras el matrimonio real, la influencia política de Teresa disminuyó, aunque continuó recibiendo importantes concesiones patrimoniales que la convirtieron en una de las mujeres más poderosas y ricas de la Castilla de su tiempo.
TERESA GIL
Teresa Gil fue una mujer culta, independiente y extraordinariamente rica. Todo parece indicar que no llegó a contraer matrimonio. No obstante, tampoco existe documentación que permita afirmarlo con absoluta certeza.
En febrero de 1283, cuando Sancho todavía era infante, aunque ejercía de hecho el poder, le concedió los pechos y derechos reales de Arroyo y Zaratán, excepto la moneda forera. No le entregó, sin embargo, la propiedad de ambas localidades. Arroyo pertenecía a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén y Zaratán a la Orden del Temple. Teresa recibió únicamente las rentas y determinados derechos fiscales vinculados a esos lugares, mientras que la jurisdicción y el dominio continuaban perteneciendo a las respectivas órdenes militares.
En 1291, Sancho IV ordenó deslindar el término de Zaratán a petición de Teresa Gil, lo que demuestra la autoridad efectiva que ejercía sobre la administración de aquellas rentas. Posteriormente, María de Molina confirmó la concesión en 1300 y Fernando IV hizo lo propio en 1305.
La prueba más clara de que Teresa Gil nunca fue propietaria de ambos señoríos se encuentra en su testamento de 1307. En él ordenó devolver Zaratán a la Orden del Temple junto con bueyes, aperos y dinero destinado a reparar la casa de la encomienda, y restituir Arroyo al Hospital de San Juan con ganado y fondos para restaurar sus edificios.
Como ha señalado la historiadora Adeline Rucquoi, el testamento demuestra que Teresa Gil no fue señora jurisdiccional de Arroyo y Zaratán, sino beneficiaria vitalicia de sus rentas y derechos económicos. Se trata de un matiz importante, pues muchas publicaciones la presentan erróneamente como propietaria de ambos señoríos.
Poseía igualmente numerosas propiedades en la comarca de Toro, aunque se desconoce cómo las adquirió. Pudo adquirirlas mediante compras, donaciones o gracias a la inversión de las cuantiosas rentas acumuladas durante años. Allí fundó el monasterio de Sancti Spiritus.
También poseía un importante patrimonio en Zamora y su entorno, aunque tampoco se conservan documentos que permitan conocer el origen concreto de cada una de aquellas propiedades.
En Portugal había heredado diversos bienes. Sin embargo, perdió parte de ellos tras la caída en desgracia de su familia. Conservó, no obstante, el derecho de portazgo de Sabugal, una importante renta derivada del cobro de peajes sobre mercancías, ganados y viajeros que atravesaban aquella estratégica villa fronteriza entre Portugal y Castilla. Ello demuestra que su patrimonio no se limitaba a bienes inmuebles, sino que incluía también rentas fiscales y derechos de naturaleza jurisdiccional.
Gracias a la confianza que mantuvo con Sancho IV y a la amplitud de su patrimonio, Teresa Gil alcanzó una posición comparable a la de las grandes ricashembras castellanas de su tiempo.
Aunque la tradición la identificó durante siglos con una supuesta abadesa del monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid, esa identificación carece de fundamento documental y hoy se considera muy dudosa.
Se cree que vivió entre 54 y 62 años y que falleció en Valladolid el 4 de octubre de 1310, aunque algunos autores retrasan la fecha de su muerte hasta 1312. Recibió sepultura en el monasterio de Sancti Spiritus de Toro, fundación realizada gracias a su inmenso patrimonio.
Su testamento de 1307 constituye un documento excepcional para conocer la amplitud de sus bienes. En él aparecen numerosas propiedades adquiridas por compra, donación o herencia. Entre otras disposiciones, ordenó devolver al Temple las casas que había comprado en Valladolid a Nuño Fernández de Valdenebro, lo que demuestra que parte de su patrimonio urbano fue adquirido mediante compraventa.
Destinó 2.000 maravedís para vestir a los pobres de la villa. Asimismo, realizó donaciones al monasterio de San Quirce y a las comunidades dominica y franciscana para la elaboración de libros litúrgicos, y recompensó generosamente a criados, escuderos y doncellas por los servicios prestados.
LA CALLE TERESA GIL
Teresa Gil dio nombre a la calle vallisoletana en la que residió durante los últimos años del siglo XIII y los primeros del XIV. La vía aparece documentada con ese nombre en 1369, lo que demuestra que el recuerdo de la dama portuguesa permanecía plenamente vivo medio siglo después de su muerte.
Juan Agapito y Revilla señala en Las calles de Valladolid que esta calle adquirió gran importancia desde la ampliación urbana promovida a finales del siglo XIII, pues comunicaba la plaza del mercado con una de las puertas de la segunda muralla, conocida durante un tiempo como Puerta de Teresa Gil y llamada posteriormente Puerta del Campo de San Andrés.
Desde muy pronto fue una de las principales vías de acceso a la villa para viajeros y mercancías. En ella se establecieron casas de destacados linajes, como las conocidas Casas de las Aldabas, y, con el paso del tiempo, fijaron allí su residencia familias nobiliarias como los Santisteban, los de la Cerda, los Verdesoto o los López de Calatayud.
Posteriormente, se levantaron edificios tan destacados como la iglesia de San Felipe Neri, el convento de los Premonstratenses y el convento de Porta Coeli. La calle conservó también varias posadas destinadas a comerciantes y viajeros. De hecho, hasta la década de 1950 se mantuvieron las ruinas de una antigua posada con patio y dependencias para carruajes que incluía a la calle Enrique IV. En la actualidad, continúa siendo una de las arterias comerciales más importantes de Valladolid.






PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:
1- Castro Lorenzo, José. Retrato de Teresa Gil. Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 2010.
2- Agapito y Revilla, Juan. Las calles de Valladolid. Nomenclátor histórico. Valladolid, 1937.
3-Val Valdivieso, María Isabel: La nobleza castellana
4. Martín, José-Luis. Sociedad castellana de los siglos XIII y XIV
5-Rodríguez Porto, Rosa María P. Patronazgo femenino medieval.
6-Pizarro, José Augusto de Sotto Mayor. Linhagens Medievais Portuguesas. Genealogías Oporto.
7- Castro Lorenzo, José de, Retrato de Teresa Gil