CARTAGO EN HISPANIA
La Primera Guerra Púnica había desgastado militar y económicamente tanto a Roma como a Cartago, aunque las consecuencias fueron mucho más graves para los cartagineses. Perdieron Sicilia y, pocos años después, Córcega y Cerdeña y las factorías del Mediterráneo oriental. Además, tuvieron que pagar una elevada indemnización a Roma por la guerra, lo que debilitó gravemente su economía.
Algunas familias, como los Barca, estaban convencidas de que la rendición había sido prematura. Sostenían que las campañas contra Roma habían estado mal planteadas y peor dirigidas; no se había aprovechado adecuadamente la superioridad de la marina cartaginesa y se había aceptado un tratado de paz abusivo y humillante.
Cartago, que había perdido buena parte de su poder económico, necesitaba recomponer sus finanzas. Amílcar Barca pensó que Hispania podía convertirse en esa nueva fuente de riqueza. Organizó una expedición militar que sometió con rapidez a varios pueblos del sur peninsular y consolidó el dominio cartaginés sobre amplios territorios. A su muerte heredó el mando su yerno, Asdrúbal el Bello, quien fundó Cartago Nova (Cartagena) y estableció alianzas con diversos pueblos del interior peninsular.
Asdrúbal negoció con Roma el llamado Tratado del Ebro, por el que el río marcaba el límite entre las zonas de influencia de ambas potencias. Roma podía expandirse al norte del Ebro, mientras que los territorios situados al sur quedaban bajo la influencia cartaginesa. Asdrúbal fue asesinado en el año 221 a. C.
ANÍBAL
El hijo de Amílcar Barca, Aníbal, con apenas veintiséis años, asumió el mando del ejército cartaginés en Hispania. Exigió a los pueblos hispanos mayores tributos, un incremento en el suministro de materias primas y un aumento de hombres de leva para sus ejércitos.
Aníbal mantuvo un férreo control sobre los pueblos hispanos del sur y centro peninsular. Emprendió una campaña a la Meseta Norte para explotar sus recursos mineros y agropecuarios. Formó un gran ejército, reforzado con una poderosa caballería y elefantes de guerra procedentes de África. Durante su expedición sometió a los olcades, asentados en las actuales provincias de Cuenca y Albacete.
Inició una campaña contra vetones y vacceos, cuyos poblados fortificados acabaron cediendo tras los asedios dirigidos por el ejército cartaginés. Aníbal capturaba prisioneros para trabajar en las minas y rehenes para garantizar la fidelidad de los pueblos sometidos. Necesitaba abundantes suministros de cereales y ganado para abastecer a su ejército. Puso sitio a Helmántica (Salamanca) y Arbucala (probablemente la actual Toro), ciudades que logró someter tras varios meses de campaña.
Cuando el ejército cartaginés regresaba de la Meseta Norte, fue perseguido por una confederación de pueblos celtíberos que, según las fuentes antiguas, alcanzaba los 100.000 hombres, una cifra claramente exagerada.
La táctica de combate de estas tribus consistía en lanzar ataques muy violentos y concentrados contra un punto concreto del ejército enemigo para romper su formación.
Aníbal evitó el enfrentamiento frontal y mandó construir un ancho campamento defensivo en la orilla meridional del Tajo, mientras el ejército perseguidor permanecía en la ribera opuesta. Durante la noche ordenó que un destacamento cartaginés cruzara el río por un vado alejado y se situara a la espalda de los celtíberos.
Al amanecer dispuso la caballería a ambos lados del campamento y colocó a los elefantes en el centro. Esta disposición obligó a los aliados a ensanchar su línea de combate, debilitando su formación e impidiendo que los celtíberos concentraran el ataque sobre un único punto o desbordaran los flancos cartagineses. Cuando el destacamento que había cruzado el río durante la noche atacó la retaguardia enemiga, los celtíberos se precipitaron hacia el río. En ese momento, Aníbal ordenó cargar a la caballería. Los jinetes maniobraban mejor en el agua que los soldados de infantería. Quienes alcanzaban la orilla eran arrollados por los elefantes. La retirada terminó convirtiéndose en una completa derrota. Este enfrentamiento ha sido descrito como la primera gran batalla campal de Aníbal y la demostración de su talento militar.
La victoria permitió a Aníbal consolidar el dominio cartaginés sobre Hispania, reclutar nuevos mercenarios, obtener abundantes suministros y asegurar una sólida base de recursos antes de emprender la expedición contra Roma. Además, reforzó enormemente su prestigio político en Cartago.
SAGUNTO. LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA
Sagunto era una importante ciudad de la costa levantina situada al sur del Ebro. En el año 219 a. C. estalló un conflicto entre Sagunto y un pueblo ibérico vecino. Aníbal intervino y conquistó la ciudad tras un duro asedio. Aunque según el Tratado del Ebro se encontraba dentro del área de influencia cartaginesa, era aliada de Roma. El ataque fue interpretado de forma distinta por ambas potencias y Roma declaró la Segunda Guerra Púnica en el año 218 a. C.
El Senado romano envió al cónsul Publio Cornelio Escipión con un poderoso ejército para hacer frente a Aníbal en Hispania. Sin embargo, al conocer que el cartaginés ya había cruzado los Pirineos y se dirigía hacia Italia, desembarcó en Massalia (Marsella) y regresó apresuradamente para intentar detenerlo. Envió entonces a su hermano Cneo Cornelio Escipión con parte del ejército a Hispania. Este desembarcó en Ampurias y obtuvo importantes éxitos frente a los pueblos aliados de Cartago.
La Segunda Guerra Púnica tuvo una enorme repercusión histórica por el legendario paso del ejército de Aníbal a través de los Alpes, por su brillante campaña en Italia y, sobre todo, por la batalla de Cannas, considerada una de las mayores obras maestras de la estrategia militar, en la que el ejército cartaginés destruyó prácticamente a las fuerzas romanas mediante una magistral maniobra de envolvimiento.
Tras las derrotas sufridas frente a Aníbal en Italia, Publio Cornelio Escipión regresó a Hispania para reunirse con su hermano. Ambos dirigieron varias operaciones militares. En el año 211 a. C. decidieron dividir sus fuerzas para atacar simultáneamente a los tres ejércitos cartagineses establecidos en la península, una decisión que resultó desastrosa. Publio murió en combate, probablemente en las proximidades de Cástulo, mientras que Cneo falleció pocos días después en otro enfrentamiento en el alto valle del Guadalquivir.
LA FAMILIA ESCIPIÓN EN HISPANIA
En el año 210 a. C., Roma envió a Hispania a Publio Cornelio Escipión, hijo del cónsul del mismo nombre y conocido más tarde como Escipión el Africano. Llegó a la península siendo muy joven, pero comprendió enseguida que, para derrotar a Cartago, debía destruir las bases de apoyo que los cartagineses mantenían en Hispania.
Reorganizó las fuerzas romanas y las sometió a una férrea disciplina. Consolidó sus posiciones para evitar ataques por sorpresa y para asegurar las comunicaciones y los suministros.
Su estrategia consistió en debilitar al enemigo mediante una combinación de maniobras rápidas y ataques inesperados. Al mismo tiempo, pactó con numerosos pueblos hispanos descontentos con el dominio púnico. Estas alianzas reforzaron su ejército, debilitaron la red de apoyos cartaginesa y le proporcionaron un mejor conocimiento del terreno.
La conquista de Cartago Nova, en el año 209 a. C., principal base cartaginesa en Hispania, constituyó un golpe decisivo. Con ella obtuvo un magnífico puerto, un importante arsenal, abundantes recursos, numerosos rehenes y un enorme prestigio político y militar.
Después evitó dividir sus fuerzas y decidió enfrentarse a los ejércitos cartagineses por separado. Al mismo tiempo, supo atraer a muchas comunidades hispanas mediante una inteligente combinación de clemencia, diplomacia y prestigio militar.
La victoria definitiva llegó en Ilipa, en el año 206 a. C., cerca de la actual Sevilla. Escipión desplegó una brillante maniobra táctica que derrotó de forma decisiva a los ejércitos cartagineses. Tras esta batalla, Cartago perdió prácticamente el control de Hispania y Roma pasó a convertirse en la potencia dominante en la península, aunque la conquista completa del territorio hispano no culminaría hasta casi dos siglos después.
Después de doce años de continuas campañas en Italia, el Mediterráneo, Hispania y el norte de África, la guerra concluyó con la derrota definitiva de Aníbal en Zama, en el año 202 a. C., a manos de Escipión, que desde entonces recibió el sobrenombre de el Africano.
El tratado de paz impuesto a Cartago fue muy severo. Perdieron todos sus territorios fuera de África, entregó su flota de guerra, conservando únicamente un reducido número de embarcaciones, quedó privada de mantener un ejército sin autorización de Roma y tuvo que pagar una enorme indemnización. Ante estas limitaciones, los cartagineses orientaron su actividad hacia el comercio, convirtiendo de nuevo su ciudad en un importante centro mercantil del Mediterráneo.
Pasados algunos años, el resurgimiento económico de Cartago despertó nuevamente los recelos de Roma. Además, el crecimiento demográfico de la República impulsaba al Senado a buscar nuevas fuentes de abastecimiento de cereales, entre las que destacaban las fértiles tierras del norte de África.
Mientras en Roma se debatía una nueva intervención militar, Asdrúbal el Boetarca, nuevo dirigente cartaginés, organizó un ejército para hacer frente a las continuas agresiones del rey númida Masinisa. Al atacar a Numidia sin la autorización de Roma, Cartago incumplió las condiciones del tratado de paz firmado tras la Segunda Guerra Púnica. El Senado romano aprovechó este hecho como pretexto para declarar la Tercera Guerra Púnica, que comenzó en el año 149 a. C.
Roma envió un poderoso ejército al norte de África. Los cónsules exigieron primero la entrega de la flota, de las armas y de las máquinas de guerra y, posteriormente, ordenaron que la población abandonara Cartago y reconstruyera la ciudad a unos quince kilómetros del mar. Los cartagineses rechazaron unas condiciones que suponían la pérdida de sus rutas comerciales y de su propia identidad como ciudad marítima. Comenzó un largo asedio que se prolongó durante varios años y que concluyó en el año 146 a. C. con la toma, saqueo y destrucción de Cartago por las tropas dirigidas por Publio Cornelio Escipión Emiliano, poniendo fin definitivamente al poder cartaginés en el Mediterráneo occidental.







PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A
Bendla Galán, Manuel, Los Escipiones: Roma conquista Hispania. Museo Arqueológico Regional, Madrid, 2016.
Blázquez Martínez, José María, Las guerras en Hispania y su importancia para la carrera militar de Aníbal y de Escipión el Africano.
Bendala Galán, Manuel (ed.), Fragor Hannibalis. Aníbal en Hispania. Madrid, 2013.
Bendala Galán, Manuel, Hijos del Rayo. Los Barca y el dominio cartaginés en Hispania. Madrid, 2015.
Barceló, Pedro, Aníbal. Madrid, Acento, 2001. Biografía rigurosa del general cartaginés.
Ruiz Rodríguez, Arturo; La Segunda Guerra Púnica en la Península Ibérica. Universidad de Jaén, 2015.
Bellón Ruiz, Juan Pedro. La Segunda Guerra Púnica en la península ibérica.
Barceló, Pedro, Las guerras púnicas. Editorial Síntesis, Madrid, 2019.
Goldsworthy, Adrian, La caída de Cartago. Excelente análisis militar y político del conflicto entre Roma y Cartago.