Determinar cuándo nació España constituye una de las cuestiones más debatidas de la historiografía. La respuesta depende, en gran medida, del significado que se atribuya al término «nación», un concepto complejo que ha evolucionado a lo largo de los siglos y cuyo contenido varía según la perspectiva histórica, política o jurídica desde la que se analice.
La ciencia política distingue habitualmente entre la nación cultural, basada en una historia, una lengua, unas tradiciones y una memoria colectiva compartidas, y la nación política, definida por la existencia de una ciudadanía común, un ordenamiento jurídico y unas instituciones soberanas. Ambas dimensiones no siempre coinciden. Por ello, el concepto de nación no debe confundirse con el de Estado, entendido este último como la organización política que ejerce la soberanía sobre un territorio determinado.
La mayoría de los especialistas coincide en que la nación contemporánea es un fenómeno relativamente reciente, vinculado al constitucionalismo y al principio de soberanía nacional surgidos entre los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, muchos historiadores sostienen que las identidades colectivas que posteriormente darían lugar a las naciones europeas poseen raíces mucho más antiguas.
En el caso de España, existen diversas interpretaciones. Algunos investigadores remontan sus orígenes a la Hispania romana, cuando la península quedó integrada como provincia romana bajo una misma administración imperial y comenzó a desarrollarse una identidad territorial común. Otros sitúan ese proceso en el reino visigodo de Toledo, primer poder político que logró ejercer su autoridad sobre la mayor parte de la península y que inició una profunda integración política, jurídica y religiosa.
Leovigildo en 569 emprendió un proceso de unificación territorial. Las expediciones de saqueo fueron sustituidas por campañas para incorporar territorios. En el año 574 conquistó Amaya, uno de los principales centros de poder de los cántabros, y pocos años después fundó Victoriacum, identificada, aunque no de forma unánime, con la actual Vitoria, para consolidar el control sobre las tierras vasconas.
Su hijo, Recaredo I, dio un paso decisivo al abandonar el arrianismo y convertirse al catolicismo durante el III Concilio de Toledo, celebrado en 589. Supuso la integración religiosa entre visigodos e hispanorromanos, eliminando una de las principales divisiones internas del reino. Numerosos historiadores consideran este episodio uno de los hitos fundamentales en la formación de una identidad política compartida en Hispania.
La consolidación territorial continuó con el reinado de Sisebuto, que desarrolló campañas militares contra los bizantinos del sureste peninsular. El rey Suintila logró expulsar a los bizantinos de la península en el 624, por lo que algunos autores consideran que bajo su reinado se alcanzó, por primera vez, una autoridad efectiva sobre toda la península ibérica.
En este contexto histórico sobresale la figura de San Isidoro de Sevilla. Uno de los intelectuales más influyentes de la Europa altomedieval. Obispo de Sevilla, teólogo, historiador y autor de las célebres Etimologías, desempeñó un papel esencial en la construcción cultural del reino visigodo. Su pensamiento pretendía armonizar la herencia romana, la tradición cristiana y la monarquía visigoda dentro de una misma comunidad política.
La expresión más conocida de esa idea aparece en el prólogo de su Historia Gothorum, denominado Laus Spaniae («Alabanza de España»). En él describe a Hispania como una tierra privilegiada, rica y fértil, destinada a ocupar un lugar destacado entre los pueblos de Occidente. Más allá de su evidente carácter literario, el texto constituye uno de los primeros testimonios de un sentimiento de pertenencia a la totalidad de la península, concebida como una unidad histórica y política.
Cuando San Isidoro escribe:
«Tú eres, ¡oh España!, sagrada y siempre feliz madre de príncipes y de pueblos…» No está formulando un concepto moderno de nación, inexistente en el siglo VII. Sin embargo, sí expresa una conciencia territorial y una identidad colectiva que muchos medievalistas consideran uno de los antecedentes más remotos de la posterior idea de España.
A partir de este punto, la evolución histórica siguió distintos caminos. Para algunos autores, el proceso iniciado por los visigodos quedó interrumpido con la conquista islámica del año 711 y fue recuperado en la batalla de Covadonga y durante la Reconquista.
La tradición considera que la unión dinástica de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, la conquista de Granada en 1482, la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla en 1515, aprobada en las cortes reunidas en Burgos, concluyó con el nacimiento de España como nación. El hecho es que en la historia surge la proyección internacional de la Monarquía Hispánica como unidad política.
Desde una perspectiva institucional, numerosos historiadores sitúan el nacimiento del Estado moderno en los Decretos de Nueva Planta promulgados por Felipe V entre 1707 y 1716, mientras que para otros el concepto jurídico contemporáneo de nación española aparece formulado por primera vez en la Constitución española de 1812, cuyo primer artículo proclama que «la Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios».
Existe una postura muy desarrollada entre finales de siglo XIX y principios del XX, cuyos ensayistas y académicos ven a España como nación que surgió durante la Guerra de la Independencia, fundamentada en el sentimiento nacional durante el conflicto.
En consecuencia, no existe una única fecha oficial del nacimiento de España como nación, como sucede con el resto de los países. La respuesta depende del criterio empleado: geográfico, cultural, político, jurídico o constitucional. Lo que sí parece indiscutible es que el reino visigodo y, muy especialmente, la obra de San Isidoro de Sevilla constituyen uno de los pilares fundamentales sobre los que se edificó la idea histórica de España. Su legado no representa todavía una nación en el sentido contemporáneo del término, pero sí una de las primeras formulaciones conscientes de Hispania como una comunidad política, cultural y espiritual con identidad propia.











PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
- Álvarez Lázaro, Pedro. «El pensamiento político de San Isidoro de Sevilla».
- Cazier, Pierre. Isidoro de Sevilla y el nacimiento de la España cristiana.
- Fontaine, Jacques. Isidoro de Sevilla: Génesis y originalidad de la cultura hispánica.
- Isidoro de Sevilla. Etimologías. Biblioteca de Autores Cristianos.
- Isidoro de Sevilla. Prólogo «Laus Hispaniae» de la Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum.
- Maravall, José Antonio. El concepto de España en la Edad Media.
- Menéndez Pidal, Ramón. Los godos y la epopeya española.
- Orlandis, José. Historia del reino visigodo español.
- Sánchez-Albornoz, Claudio. España, un enigma histórico