El Paseo de las Moreras constituye uno de los espacios más representativos de Valladolid. Su historia ha estado siempre ligada al río Pisuerga, a sus frecuentes crecidas y al arbolado que, desde hace más de dos siglos, caracteriza este tramo de la ribera.

Ya en el siglo XVIII existía en este lugar un espacio de recreo conocido como Paseo del Espolón Nuevo. Durante esa centuria se construyó un muro de piedra destinado a contener parcialmente las crecidas del Pisuerga, aunque las inundaciones continuaron siendo una amenaza habitual para los barrios próximos al río.

En aquella época, el gobierno municipal estaba presidido por un corregidor nombrado por el rey y por un concejo integrado por regidores pertenecientes a las principales familias de la ciudad. Las decisiones sobre obras públicas, abastecimiento o urbanismo se adoptaban de forma colegiada, aunque bajo la supervisión de la Corona.

Durante el reinado de Carlos III, la Ilustración impulsó una profunda renovación económica y social mediante la creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País. Estas instituciones, integradas por nobles, eclesiásticos, comerciantes y profesionales, promovían el desarrollo de la agricultura, la industria, el comercio y la educación, convencidas de que el progreso debía apoyarse en el conocimiento científico y en la mejora de las condiciones de vida de la población.

En Valladolid, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1784, desempeñó un papel destacado en estas iniciativas.

También durante el siglo XVIII se acondicionó un terraplén que facilitaba el descenso de personas, caballerías y mercancías hasta las Aceñas del Puente Mayor, un importante conjunto de molinos hidráulicos situados sobre el Pisuerga. Sus propietarios pertenecían al concejo, a particulares e incluso a comunidades religiosas como el monasterio de San Benito.

Las aceñas aprovechaban la fuerza de la corriente para mover grandes piedras de molino —las muelas— con las que se trituraba el cereal y se obtenía harina. A estas instalaciones se añadieron posteriormente varios batanes, donde enormes mazos de madera golpeaban los tejidos de lana para limpiarlos, compactarlos y hacerlos más resistentes e impermeables, un proceso esencial para la fabricación de paños de calidad.

Con el paso del tiempo, aquellas instalaciones hidráulicas fueron adaptándose a nuevas necesidades industriales. Además de molinos y batanes, albergaron fábricas de papel y, ya a finales del siglo XIX, contribuyeron a la producción de energía eléctrica.

La creación de paseos arbolados respondía a una política urbanística impulsada por la monarquía borbónica. Estos espacios no solo embellecían las ciudades, sino que también se consideraban beneficiosos para la higiene y la salubridad públicas.

Dentro de ese contexto ilustrado, la Real Sociedad Económica promovió la plantación de moreras en la margen izquierda del Pisuerga. La iniciativa pretendía fomentar la sericultura, ya que las hojas de estos árboles constituyen el alimento exclusivo del gusano de seda. Con ello se buscaba favorecer una producción sedera capaz de reducir la dependencia de las importaciones y estimular la economía local.

Aunque aquellos proyectos industriales nunca alcanzaron el éxito esperado, las moreras arraigaron en la ribera y acabaron dando nombre al lugar. Con el tiempo, los vallisoletanos comenzaron a referirse a este espacio simplemente como el Paseo de las Moreras, denominación que ha perdurado hasta nuestros días.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), Valladolid sufrió una intensa ocupación por las tropas napoleónicas debido a su estratégica posición en las comunicaciones entre Madrid, el norte de España y Portugal. Conventos, edificios públicos y numerosas viviendas fueron convertidos en cuarteles, hospitales y almacenes militares.

La proximidad del Paseo de las Moreras al Puente Mayor hizo que la zona permaneciera estrechamente vigilada durante aquellos años, limitando su utilización como lugar de paseo. En la retirada francesa de 1812, parte del Puente Mayor fue destruida para dificultar el avance de las tropas aliadas.

A lo largo del siglo XIX, el crecimiento de Valladolid incrementó la necesidad de espacios destinados al ocio y al esparcimiento. Las Moreras conservaron su carácter de paseo arbolado y de paraje natural junto al río, convirtiéndose progresivamente en uno de los lugares preferidos por los ciudadanos para disfrutar del aire libre.

Durante buena parte del siglo XX, especialmente entre las décadas de 1930 y 1950, funcionaron en este entorno las populares piscinas Deportiva y Samoa y una cancha de baloncesto. Las frecuentes crecidas del Pisuerga ocasionaron importantes daños, y estas instalaciones desaparecieron durante la remodelación integral de la ribera realizada en la década de 1990.

Junto al Paseo de las Moreras se encuentra la Rosaleda, diseñada en 1945 por el arquitecto municipal Francisco Sabadell sobre los terrenos que había dejado libres el antiguo cauce del ramal norte del Esgueva tras su soterramiento. Hoy ambos parques forman un amplio corredor verde que acompaña al Pisuerga y constituye uno de los principales espacios de recreo de Valladolid.

En 1951 se inauguró la Playa de las Moreras, conocida entonces como la Playa Fluvial del Batán. Su apertura fue acogida con entusiasmo por los vallisoletanos, que encontraron en ella un lugar donde aliviar el calor estival sin salir de la ciudad. Desde entonces, la playa ha experimentado sucesivas mejoras en sus instalaciones y continúa siendo uno de los espacios de ocio más concurridos durante el verano.

 

 

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, SE PUEDE CONSULTAR A:

  • García Araque, Jesús (2023). Valladolid y su evolución. Universidad de Valladolid. Instituto Universitario de Urbanística.
  • Martín González, Juan José (1972). Guía de Valladolid. Editorial Miñón, S.A., Valladolid.
  • Ortega del Río, José Miguel (2000). El siglo en que cambió la ciudad. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Calabia Ibáñez (1978). Valladolid ayer y hoy. Diputación de Valladolid.
  • Torrecilla Hernández, Luis (1999). Valladolid con ojos distintos. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Urrea, Jesús (1990). Guía artística de Valladolid. Caja España.
  • Vivar Cantero, Roberto (2006). Guía de Arquitectura Urbana de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Wattenberg Sampere, Federico (1977). Valladolid, desarrollo del núcleo urbano. Ayuntamiento de Valladolid.
  • Valladolid, ciudad de verso y prosa (2002). Ayuntamiento de Valladolid.