En la madrugada del 12 de octubre de 1492, el vigía de la Pinta, Juan Rodríguez Bermejo, un militar y marino español conocido como Rodrigo de Triana, dio el grito de “tierra a la vista”. Colón creyó que habían llegado a las Indias Orientales, pero en realidad estaban en una isla llamada Guanahani que bautizaron como San Salvador.
Siguieron viaje y encontraron otra pequeña isla que titularon Santa María de la Concepción y otra aún más pequeña: la Fernandina. Bordearon la costa oriental de otra isla de mayor tamaño que bautizaron como Juana y días después se toparon con otra que llamaron Isabela.
En la madrugada del 2 de noviembre, el almirante saltó a tierra enarbolando la bandera de los Reyes Católicos, con la heráldica de Castilla y de Aragón, escoltado por sus capitanes, los hermanos Pinzón, que llevaban dos banderas: una con cruces verdes como fidelidad a Dios y otra con las iniciales F.I. de Fernando e Isabel.
Colón tomó posesión de la tierra en nombre de los Reyes Católicos. Al desembarcar, se acercaron unos nativos de lengua ininteligible. Fue el primer encuentro entre dos mundos distintos. Los indios, impresionados al ver hombres blancos, con barba, objetos raros en las manos y barcos enormes, les preguntaron por señas si venían del cielo. Los nativos eran de la nación taína. Los exploradores intercambiaron con ellos regalos, pero vieron que algunos llevaban de adorno pequeñas piezas de oro y tenían cicatrices en su piel ocasionadas por otras tribus de guerreros agresivos que les atacaban y se apropiaban de sus mujeres. Se ha dicho que eran caribes que practicaban el canibalismo.
El día 16 de noviembre, Martín Alonso Pinzón, sin que se sepa la causa. Puso rumbo al sureste, hacia una isla que los indios llamaban Borinquen. No se sabe si fue por codicia, por indisciplina o por un incidente de navegación.
La expedición siguió navegando al oeste y el 5 de diciembre de 1492 avistaron una gran isla que bautizaron como La Española. La costearon rumbo a oriente guiados por hasta un accidente costero que llamaron «Cabo Santo». El almirante se entrevistó con el jefe e intercambiaron regalos. El cacique le dio una pequeña caja de oro y acordaron que los protegerían de un caudillo enemigo. Canoabo.
Una india de nombre Anacaona, que resultó ser la mujer de Canoabó, se mostró muy curiosa con los exploradores y con los objetos que iban desembarcando. Era muy hermosa y demostraba inteligencia y talento. Su nombre quería decir algo así como “Flor luminosa”. Su relación con los expedicionarios no fue pacífica porque habían hecho amistad con Guanacagarí, enemigo de su marido, pero tenía un temple diplomático natural.
El 24 de diciembre, la Santa María encalló en un banco de arena. Los nativos ayudaron a sacar la carga del barco y con la madera del barco, Colón mandó construir un fuerte llamado Navidad.
El 27 de diciembre llegó Pinzón para unirse con el almirante.
De nuevo en la mar el 4 de enero de 1493, avistó un monte casi metido en el mar, que llamó Monte Cristi, y un golfo que llamó San Nicolás, por ser descubierto el día de ese santo. Navegó por la costa norte de la isla, donde encontró la llamada Isla de la Tortuga.
Según las cartas del almirante, los indios siempre sonreían, tenían un habla dulce y sentían gran curiosidad por los europeos.
Las relaciones con los indígenas habían sido pacíficas; sin embargo, el 13 de enero de 1493 se produjo una reyerta. Siete expedicionarios bajaron a tierra para comprar a los indios flechas y arcos. Cuando los indios no quisieron venderles más arcos, se estableció un altercado. Los españoles más entrenados en el arte de la guerra dieron una puñalada a un indio. Los nativos se retiraron y los navegantes volvieron a sus buques. El lugar será conocido como “Punta de Flecha” y fue el inicio de los conflictos.
Colón decidió volver a la península. Había dejado el fuerte Navidad protegido por 39 hombres como un asentamiento base y pensando en fundar la primera ciudad del nuevo mundo.
Colón en España se entrevistó con los Reyes en Barcelona para informarles de los descubrimientos. Le ordenaron que organizara otra expedición para ganar nuevas tierras, nuevas rutas de comercio y nuevas fuentes de ingresos.
Antes de programar su segundo viaje, firmó con los reyes un documento que será muy polémico en el futuro, conocido como «Las Capitulaciones de Santa Fe».
El segundo viaje ya no fue una expedición de exploración, sino de conquista y de asentamiento en nuevos territorios.
Colón montó una flota de 17 barcos con una tripulación de unos 2000 hombres. Tenía que establecer instalaciones permanentes y buscar oro, plata, especias y abrir nuevas rutas comerciales.
Por orden de los Reyes Católicos, embarcó veinte yeguas y cinco sementales, asnos y mulas que serán cruciales para el transporte, la guerra y la agricultura. Llevo dos toros y ocho vacas. Cargó cerdos, ovejas, gallinas, así como perros para la caza y vigilancia. Abejas, para la producción de miel y polinización, y plantas y semillas de diversos tipos: trigo, cebada, arroz, vides, olivo y árboles frutales. Tenían que establecer asientos ganaderos y agrícolas de vital importancia para el futuro y la economía del nuevo mundo.
Colón salió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. El Papa Alejandro VI le otorgó las “Bulas Alejandrinas», que daban a Castilla el control de todos los territorios conquistados para su colonización y evangelización.
El 3 de noviembre de 1493, según navegaban hacia el oeste, fueron encontrando nuevas islas a las que les iban poniendo nombres: La Deseada, La Dominica, La Marigalante. Fondearon en la Guadalupe. Más adelante encontraron la Montserrat, la Antigua, San Cristóbal… En la costa de una de ellas vieron a 12 mujeres desnudas y dos muchachos que les recibieron con júbilo, pidiéndoles que les protegieran de los caribes. En otra, tuvieron un duro enfrentamiento contra los caribes a los que derrotaron.
El 19 de noviembre de 1493, los navíos atracaron en una isla que los indios llamaban Borinquen y que bautizaron como San Juan Bautista. Quince años después, Ponce de León la rebautizará con el nombre de Puerto Rico.
Mientras Colón estaba en su segundo viaje, en La Española sucedieron ciertos acontecimientos. Aunque con algunas disputas, la relación entre españoles y taínos había sido buena. Después de Punta Flecha, los ánimos no estaban calmados. La irresponsabilidad de los hombres del fuerte hizo que Anacaona convenciera a Canoabó para exterminar a los hombres que habían salido del fuerte a explorar la isla. Días después asoló y destruyó el fuerte, matando a los españoles que con Diego de Arana se habían quedado en el fuerte.
El 22 de noviembre de 1493, cuando la expedición de Colón llegó a La Española, comprobaron que el fuerte estaba destruido y sus defensores muertos, apilados y sin ojos en las órbitas. El cacique Guanacagarí le explicó que había sido Canoabó.
Colón tenía que instalar un nuevo asentamiento. Decidió fundar una ciudad base para futuras exploraciones, pero lejos de los caribes y cerca de donde decían que estaban los yacimientos de oro. Tenía que ser una villa portuaria, cerca de un río para abastecerse de agua y donde hubiera piedra para edificar una fortaleza sólida; árboles para edificar casas con madera y tierras de caza y para las granjas de cultivo.
Colón escogió un asentamiento en la costa norte de la isla. Trazaron y construyeron casas con barro y cantos a la manera castellana, reservando espacios para la iglesia, el hospital y para una santabárbara.
Los arqueólogos creen que se levantaron unas 200 casas. A la villa fundada se la llamó Isabela y su primer alcalde fue Antonio de Torres.
El día 6 de enero de 1494, ofició la primera misa de América el fray Bernardo Boyl.
La Española no era una isla rica. Se empezaron a explotar los recursos naturales como la madera y a poner en marcha las granjas. Como hacían falta hombres para trabajar en ellas, se instituyó la encomienda, con lo que la unión entre taínos y españoles se fue desgarrando poco a poco.





PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
- Colón, Cristóbal (1892). Cartas. Madrid:
- De las Casas, Bartolomé. Historia de las Indias
- Morales Padrón, Francisco (1981). Historia del descubrimiento). Madrid: Editora Nacional
- Diego Fernández, Rafael (1987). La española. Colegio Movocatan.
- Manzano y Manzano, Ana María. La reyerta de Punta Flecha. Cultura hispánica.
- Díaz Araujo, Enrique (1995). Las Casas, visto de costado: crítica bibliográfica sobre la leyenda negra. Fundación Francisco Elías de Tejada y