El 26 de febrero de 1896 se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones legislativas para el mes de abril, dentro del sistema de alternancia política característico de la Restauración. El nuevo gobierno encargó al escultor sevillano Antonio Susillo la realización de un monumento dedicado a Cristóbal Colón con motivo de la conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América.

Inicialmente, el monumento estaba destinado a instalarse en La Habana, como parte de un conjunto de iniciativas impulsadas por el Gobierno para embellecer y modernizar las provincias españolas de ultramar. Cuba, por ser uno de los primeros territorios vinculados a la expansión española en el Nuevo Mundo, se consideraba un emplazamiento especialmente adecuado para erigir un monumento conmemorativo de este acontecimiento histórico.

El encargo recayó en Antonio Susillo, uno de los escultores españoles más destacados del último cuarto del siglo XIX. Formado en la Escuela de Bellas Artes de París y posteriormente establecido en Roma, asimiló las principales corrientes escultóricas de su tiempo. Su obra, caracterizada por un acusado realismo y una intensa expresividad, lo situó entre las figuras más relevantes de la escultura española de finales del siglo XIX.

La guerra hispano-estadounidense y la pérdida de Cuba en 1898 modificaron por completo el destino del monumento. Ante la imposibilidad de instalarlo en La Habana, se decidió trasladarlo a Valladolid, ciudad en la que falleció Cristóbal Colón en 1506.

Realizado en bronce y granito, el monumento fue emplazado frente a la estación del Norte, presidiendo la confluencia del paseo de los Agustinos Filipinos, la Acera de Recoletos y el paseo del Campo Grande. La figura del navegante quedó orientada hacia el monumento dedicado al escritor José Zorrilla.

La escultura presenta una estructura de tronco piramidal de cuatro caras. Sobre una amplia base de granito se distribuyen cuatro relieves que representan algunos de los episodios más significativos de la vida de Colón: su visita al monasterio de La Rábida en busca de apoyo para su proyecto; la partida de las naves desde el puerto de Palos; el descubrimiento de América; y la recepción de Colón por los Reyes Católicos tras su regreso del Nuevo Mundo.

En las esquinas del pedestal se alzan cuatro figuras alegóricas que simbolizan los valores asociados a la empresa colombina: la Historia, la Náutica, el Estudio y el Valor.

El conjunto se corona con una esfera terráquea, símbolo de la concepción esférica del mundo. El globo aparece rodeado por una cinta con la inscripción «Non Plus Ultra» («No más allá»). Un león coronado, alegoría del reino de Castilla, desgarra la letra inicial del lema, dejando visible la expresión «Plus Ultra» («Más allá»), con lo que se enfatiza el simbolismo de la expansión ultramarina.

En la parte inferior del monumento se disponen diversos elementos ornamentales, entre ellos un medallón con las efigies de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, otro dedicado a la Virgen con el Niño y un gran escudo de los Reyes Católicos. El conjunto culmina con la figura de Cristóbal Colón arrodillado, acompañada por una representación alegórica de la Fe, que sostiene una cruz y un cáliz.

La primera piedra del monumento se colocó a finales de 1903, coincidiendo con la visita de Alfonso XIII a Valladolid. La obra fue finalmente inaugurada en 1905.

En la actualidad, el Monumento a Colón constituye una de las piezas más representativas del patrimonio artístico y monumental de la ciudad.

 

 

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A: 

  1. Colón se queda en Valladolid. El Norte de Castilla, 12 de noviembre de 2019.
  2. Villascusa, Ángel. «El monumento a Colón de Valladolid aparece vandalizado con pintura roja y con la frase ‘españolismo es fascismo’». 2019.
  3. Cuadrado Gutiérrez, Luis José. Monumento a Colón en Valladolid conmemorativo del descubrimiento de América. Valladolid, 2007.