Haití y la República Dominicana son dos países distintos que comparten una misma isla: «La Española». La primera tierra ocupada por Colón y donde surgió la primera ciudad que España fundó en América: La Isabela.
Bernardo de Boil fue un fraile aragonés del que no hay documentos ni de su nacimiento ni de su instrucción. Se sabe que era originario del reino de Aragón y que recibió las órdenes menores. En el año 1473 fue nombrado secretario del arzobispo de Zaragoza y en 1476 entró a formar parte del consejo del rey Fernando II, que le encomendó varias misiones diplomáticas en Francia. En el año 1479 le mandó revisar la administración y la organización de la escuadra aragonesa que iba a combatir en Cerdeña.
La vocación de Bernardo no era política, sino religiosa. En 1481 ingresó en el monasterio de Montserrat, pero la Corona no podía prescindir de una persona de su talento. El Rey le mandó volver a Francia como jefe de una delegación para reclamar los condados del Rosellón y la Cerdaña. Cuando terminó la misión, regresó a la iglesia. Fue nombrado prior de Montserrat.
Bernardo conoció a San Francisco de Paula, el fundador de la Orden de los Mínimos, llamada así porque se sentían más humildes y más pequeños que las demás órdenes religiosas. Ingresó en los mínimos donde fue nombrado vicario general.
En el año 1493 fue llamado de nuevo por el rey. Se había descubierto un mundo nuevo y había que poner orden en aquellos lugares y evangelizar a los indios de las tierras descubiertas. El Papa Alejandro VI nombró a fray Bernardo Boil Vicario General Apostólico de las Indias.
Colón iba a emprender un segundo viaje con una armada compuesta de 17 navíos: embarcaron frailes, marineros, soldados, colonos, hombres de negocios y oficios. Subieron en los barcos animales y plantas. Unas 1500 o 1700 personas con municiones y suministros. Con ellos iba Bernardo de Boil.
Colón había dejado en La Española un pequeño establecimiento construido con los restos de la nao Santa María que había embarrancado en aquellas costas, al que llamó «Fuerte Navidad». Allí se quedó Rodrigo de Escobedo, un segoviano escribano de la armada, Gutiérrez y Diego de Arana, un hombre de temple excepcional, primo de Beatriz Enríquez, a quien el almirante nombró alguacil, con otros 39 hombres.
El llamado Fuerte Navidad fue implantado en el norte de la isla en las proximidades de tribus de los taínos, con los que se estableció una buena armonía y amistad. Los expedicionarios no tuvieron dificultades con ellos, bien fuera por las creencias de los indígenas, que tendían a divinizar a los recién llegados, o por el terror que les producían las armas de fuego. En la región suroccidental de la isla vivían otros nativos más hostiles: los caribes, que estaban en guerra con los taínos. Con frecuencia hacían expediciones para capturarlos y comérselos. Eran caníbales.
Los españoles que se quedaron en la isla empezaron a pelearse por las indias, que eran más del 60% de la población nativa, pero les transmitieron una enfermedad desconocida en Europa: la sífilis. El grupo se dividió. Escobedo y Gutiérrez fueron donde decían que había oro, a tierras de los caribes. Un error que pagaron caro porque los aborígenes no dejaron a ninguno con vida.
Los caribes, con su jefe Canoabó, atacaron el Fuerte Navidad y comprobaron que solo habían quedado al mando de Diego de Arana diez españoles y terminaron con todos. Cuando llegó la expedición del segundo viaje en otoño de 1493, se descubrió el desastre. El Fuerte Navidad estaba lleno de cadáveres. El jefe indio Guanacagarí contó a Colón que habían intentado ayudar a los españoles, pero fue imposible porque los caribes eran más fuertes y solo algunos hombres de su tribu pudieron huir de la matanza.
Era preciso comenzar de nuevo. El padre Boil dijo que lo primero era oficiar una misa. El 22 de noviembre de 1943, Bernardo de Boil celebró la primera misa en América.
Tenían que instalar un nuevo asentamiento. Colón decidió fundar una ciudad permanente que sirviera como base para las futuras exploraciones. Tenía que estar lejos de los caribes, pero cerca de los yacimientos de oro. Establecerla cerca del litoral para construir un puerto y de una montaña o cerro donde hubiera piedra para edificar una fortaleza sólida. Un lugar con árboles para edificar casas con madera y cerca de un río para tener agua y tierras para cultivo y caza.
Colón y sus exploradores estuvieron navegando un mes, recorriendo la costa este y norte de la isla sin encontrar el sitio adecuado. Sobrevino una fuerte tormenta y el temporal empujó el barco a un lugar que era justo lo que estaban buscando. Un litoral costero que parecía un puerto natural. En el horizonte se veía una loma donde podría levantarse una fortaleza y una llanura de tierras colmadas de vegetación y con dos riachuelos para agua dulce, y además las minas de oro estaban cerca. Era sin duda el lugar adecuado para levantar una ciudad.
Colón seleccionó el lugar en la costa norte de la isla y mandó desembarcar los pertrechos. Empezaron a trabajar por el trazado de las calles. Reservaron lugares para la iglesia, el hospital y para una santabárbara. Los edificios públicos y comunes se construyeron con piedra y se repartieron terrenos para que cada hombre fuera construyendo su casa con barro y cantos. Por los restos arqueológicos encontrados, se cree que levantaron unas 200 casas.
Durante el mes de diciembre de 1493, habían edificado la primera ciudad española del nuevo mundo. Los hombres que estaban allí eran fieles a la corona y convinieron en llamar a la ciudad «Isabela», como la reina de Castilla. Se nombró a un consejo de gobierno que garantizará el buen orden. Fray Bernardo de Boil fue nombrado cabeza del consejo, pero como Vicario General Apostólico no pudo asumir el cargo, que recayó en Antonio Torres, un marino y armador que había ido con Colón en su segundo viaje, costeando con su dinero varias naves para la travesía.
Fray Bernardo se dedicó a evangelizar a los taínos con el inconveniente de la lengua. Hombre de gran inteligencia, se dio cuenta de que lo primero era enseñar el idioma español para comunicarse con los nativos, lo que fue una importantísima aportación por la rapidez con la que se expandió la lengua española por el continente, que permitió el desarrollo cultural. La mayor parte de los exploradores y conquistadores provenían del sur y tenían un deje andaluz que, junto con el latín y las lenguas indígenas, conformó la base del español americano. La evangelización iniciada por Bernardo Boil y la administración de la capital impulsaron la expansión del español y de la religión católica por todo el continente.
El padre Bernardo no tardó en pelearse con Colon. El almirante quería implantar un sistema parecido al portugués en África. Tratar a los nativos como esclavos. Los indios tendrían que hacer el trabajo pesado, pero eso no era lo que le habían mandado los Reyes Católicos, ni Fray Bernardo lo iba a consentir. Así empezaron las desdichas de Colón, que terminó en presidio.
Los Reyes enviaron al aragonés Francisco de Bobadilla para poner orden en la primera ciudad española en América, que fue el centro administrativo y comercial durante varios años. Sin embargo, la ciudad se enfrentó desde sus inicios con numerosos problemas: sufrió dos devastadores huracanes en los años 1494 y 1495. Empezaron a escasear los alimentos. Cundió el descontento y el desánimo por las pocas riquezas encontradas. La viruela que llegó de Europa diezmó a la población. Empezaron algunos enfrentamientos con los taínos por la política autocrática de la familia Colón.
En 1498, tras la llegada de Bartolomé Colón como nuevo gobernador de la isla, la ciudad fue abandonada en favor de Santo Domingo, que se convirtió en la nueva capital de la isla.
Las denuncias de Bartolomé de las Casas y la acción de Bernardo de Boil suprimieron la esclavitud de los indígenas y les enseñaron la lengua española al mismo tiempo que los evangelizaban.
A pesar de su corta existencia, Isabela tuvo un papel fundamental en la historia de España en América; marcó el inicio de la presencia española en el Nuevo Mundo y sentó las bases para el establecimiento de asentamientos permanentes y la posterior expansión del Reino de España.
Fray Bernardo de Boil regresó a España, simultaneando su dedicación a la orden de los Mínimos con los trabajos diplomáticos que los Reyes Católicos le pedían ante el Papa.
En 1498, las energías de Bernardo empezaron a dar señales de fatiga. El rey, con la anuencia del papa, le designó un buen destino al monasterio de San Miguel de Cuixart en el Rosellón, hoy francés, en el sur de los Pirineos.
Fray Bernardo falleció hacia 1505. Sin duda, su aliento estuvo al otro lado del océano en una pequeña ciudad llamada Isabela. En la actualidad, las ruinas de Isabela son un yacimiento arqueológico de gran importancia histórica y cultural. Las excavaciones realizadas en el lugar han permitido conocer el diseño de la ciudad, la vida cotidiana de sus habitantes y la interacción entre españoles y taínos.


PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
1- Juan Gil y Consuelo Cristóbal Colón. Nuevas Cartas, Textos y Documentos Varela (eds.), Madrid, Alianza, 1992.
2-LAS CASAS, fray Bartolomé, Historia General de las Indias. Madrid, BAE, 1957
3-COLÓN, Hernando, Historia del Almirante, Madrid, Historia 16, 1984.
4-DOBAL, Carlos, La Isabela: Jerusalén americana. La primera misa en América, Santiago, República Dominicana, 1987.
5-FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo, Historia General y Natural de Las Indias, Madrid, BAE, 1959.
6-GIL, Juan, Santo Domingo, República Dominicana, Academia de la Historia, 2007.
7-MOYA PONS, Frank, La Española en el siglo XVI, 1493-1520: trabajo, sociedad y política, República Dominicana, Universidad Católica, 1978.
8-SOLANO, Francisco, «Fundación, tipología y funciones urbanas», Madrid, CSIC, 1986.
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