Hacía pocos años que había terminado la Guerra Civil y en España se había instaurado un gobierno dictatorial en torno a la figura del general Franco. Aunque su respaldo social y sus planteamientos económicos fueron variando a lo largo de los años, en sus primeras etapas tuvo un marcado carácter militar.
En aquella época, en España solo había un partido. Durante la Guerra Civil se había abolido todos los partidos políticos, salvo la Falange Española y los sindicatos verticales de obreros y universitarios. Los estudiantes universitarios estaban obligados a afiliarse al Sindicato Español Universitario (SEU), que tenía como objetivo avivar la intelectualidad y la disciplina en el más profundo sentido católico y español, para recuperar los fundamentos que en su día vivieron las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares.
Entre los años cuarenta y cincuenta, la Universidad estaba sumergida en una profunda crisis debido al aislamiento forzoso en el que se encontraba España, al bajo nivel cultural y económico del país y al escaso número de estudiantes que acogían sus aulas.
En el año 1942, y con el Pisuerga como escenario, al director del Colegio Mayor Santa Cruz, Gratiniano Nieto, se le ocurrió la idea de establecer una prueba deportiva con piraguas en la que compitieran las distintas facultades, recordando las regatas que celebraban las universidades de Oxford y Cambridge en el Támesis.
El piragüismo como deporte comenzó a practicarse hacia 1840, después de que el clérigo escocés John MacGregor fabricara una piragua con armazón de madera que recubrió con una tela impermeabilizada. El piragüismo es un deporte que se fundamenta en el trabajo en equipo y el remo es un deporte duro y completo. Los remeros deben tener fuerza, potencia y resistencia, además de destreza para mantener el equilibrio y el rumbo del bote. Una disciplina dura y exigente, que requiere una gran preparación física y que podía desarrollarse perfectamente en las aguas del Pisuerga.
Fue en los Juegos de Berlín de 1936 cuando, superados los problemas técnicos y administrativos, el piragüismo fue aceptado como disciplina olímpica. Se estandarizaron las medidas de las embarcaciones y la distancia se fijó en 2.000 metros. En 1942 se creó la ICF (International Canoe Federation).
El director del Colegio Mayor, en el discurso de presentación del proyecto al claustro de profesores, dijo: «Si alguna actividad puede ilusionar a los jóvenes, es el deporte. El término deporte procede del vocablo latino deportare, que en realidad quiere decir salir por la puerta de la ciudad al campo para entregarse a la acción, a un pasatiempo, placer o diversión».
Era la ICF la que permitía la introducción de cualquier material o técnica en las embarcaciones para hacerlas más ligeras. Mejorar técnicamente las piraguas sería un aliciente adicional para que los estudiantes ejercitaran su ingenio.
Para que el proyecto pudiera llevarse a cabo, hubo que solicitar la opinión y el permiso del SEU. El sindicato formaba parte de la vida universitaria. Su decisión fue emplear piraguas de aguas tranquilas con remo doble. Participarían todas las facultades de la universidad vallisoletana, así como los colegios mayores Santa Cruz y Reyes Católicos.
El primer problema fue la adquisición de las embarcaciones y del material deportivo. Eran tiempos de economía precaria. Las piraguas se encargaron a unos astilleros del Cantábrico. Para la competición en las aguas del Pisuerga y con el fin de abaratar el precio, se decidió emplear bateles, es decir, botes de cuatro remeros y timonel. Se guardaron en una nave situada cerca del Cabildo.
Menos difícil fue definir el campo de regatas. En un principio, se pensó que el Ayuntamiento podría colaborar retirando la pesquera próxima al Puente Mayor e incluso la que estaba a la altura del colegio Lourdes. De esta manera, se podría realizar un recorrido muy vistoso de puente a puente. La corporación municipal se negó y hubo que fijar un trayecto menos atractivo: el que iba desde el Seminario Diocesano hasta el Puente Mayor. Allí, una boya por calle obligaría a cada embarcación a cambiar completamente el rumbo y remar aguas arriba hasta llegar de nuevo al Seminario, donde otra boya obligaría a virar en redondo para alcanzar nuevamente el Puente Mayor. En total, un recorrido de 2.000 metros.
El marco era menos atrayente. En la orilla izquierda, las regatas podían verse desde la nueva desembocadura de la Esgueva hasta el Puente Mayor. Era un tramo con huertas y estabulaciones de vacuno. Hasta allí llegaba la huerta del convento de las Madres Carmelitas y una finca de los jesuitas. Fue en esta zona donde se construyó, años después, “la Rondilla de Santa Teresa”. Muy cerca estaba en construcción el que iba a ser el Colegio Mayor Felipe II. El edificio, años más tarde, sería permutado por los terrenos de la Universidad Pontificia del Prado de la Magdalena y terminó siendo el Seminario Diocesano. Lo que hoy es el parque de la Ribera de Castilla se llenaba de gente. En la margen derecha había algunas fincas de propiedad privada con ganado vacuno estabulado y el barrio de la Victoria. Desde ambas orillas se podía ver el recorrido de las embarcaciones hasta el Puente Mayor.
El día de las regatas, las dos orillas se llenaban de gente y de universitarios. Incluso, durante algunos años, hubo casetas de madera en las que se realizaban apuestas.
Para que no influyera de manera significativa en la vida académica, la primera regata se celebraba el 7 de marzo, fiesta de la Universidad, día de Santo Tomás de Aquino. Se tomaban los mejores tiempos de la primera manga y, en la segunda, participaban los eliminados en la anterior. Los bateles mejor clasificados competían por el título el 13 de mayo, festividad de San Pedro Regalado.
Hubo unos años de preparación. En 1942, la competición se realizó con piraguas individuales hechas por los propios remeros. En 1945 se iniciaron las verdaderas regatas universitarias de bateles. La universidad entera se movilizaba. En los corros universitarios, en los bares y en la calle Santiago, verdadero pulmón de la ciudad, era de lo único que se hablaba.
Días antes de la competición se movilizaba toda la universidad. Las piraguas de las distintas facultades se entrenaban remando por el Pisuerga.
La competición empezaba a la altura del Seminario Diocesano con un disparo de pistola de fogueo o con una simple señal con un pañuelo blanco. Si ondeaba un pañuelo rojo, la salida era nula. El batel que realizara dos salidas nulas quedaba descalificado.
Cada embarcación tenía asignada una calle balizada de 8 o 10 metros, con colores para señalar a los remeros la distancia que quedaba por recorrer. Cada calle contaba con dos boyas para las ciabogas: una a la altura del Puente Mayor y otra a la altura del actual desagüe de la Esgueva. El recorrido aproximado era de 2.000 metros. El día de la carrera, las aguas del río debían estar en calma y con suficiente profundidad para poder remar con garantías.
Los bateles de cada una de las facultades llevaban su distintivo particular: Medicina bogaba con el amarillo; Derecho, con el rojo; Filosofía y Letras, con el azul celeste; y Ciencias, con el azul oscuro.
Ante el éxito obtenido, y si se lograba vencer el recelo del Ayuntamiento para retirar las presas del Pisuerga urbano, la idea era crear una competición universitaria nacional, con la participación de los diferentes distritos universitarios. Entonces se podría competir en los cinco o seis kilómetros que separan el Cabildo del Puente de Hierro.
Con esta iniciativa, se intentaba que, durante unos años, los universitarios estuvieran ilusionados y entretenidos, olvidándose de los problemas sociales, económicos y políticos del país. Sin embargo, la ilusión duró solo hasta 1953, año en el que un accidente conmocionó profundamente a la ciudad de Valladolid: la «Tragedia del Pisuerga».
Durante una exhibición por el Pisuerga, una embarcación anfibia militar, cargada con más personas de las recomendadas, realizó una maniobra exigente. Fuera por el sobrepeso o por la entrada de agua, el navío perdió estabilidad y se hundió a la altura de las aceñas, donde está ahora la playa de las Moreras. En el accidente perdieron la vida 10 personas. La ciudad y la Universidad se olvidaron de las regatas e incluso del Pisuerga hasta los años 1960.









PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:
1. Regidor, Máximo. Literatura y crítica social.
2- Imágenes del ayer. Ed. Maxtor.
3. Andrés Ordax, Salvador. El Colegio de Santa Cruz de Valladolid. Más de quinientos años de historia
4- Soria, Miguel Ángel Valladolid: lugares en la memoria (2014)
5-Gómez Cuesta, Cristina. Ecos de victoria, propaganda y resistencia en Valladolid entre 1939-59
6- Merino Arroyo, Carlos. La vida cotidiana en Valladolid en el siglo XX
7-Almunia Fernández, Celso Jesús. Catálogo de la prensa vallisoletana
8. Martin Jiménez, Ignacio. La postguerra en Valladolid entre 1939 y 1950
9- Calabia de Diego, Alfonso. El Pisuerga encuentro desencuentros del río y su ciudad.
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