La historia de los Reyes Magos es una mezcla de tradición religiosa, relatos bíblicos y evolución cultural. Según la tradición cristiana, los “Reyes Magos siguieron una estrella hasta Belén para llevar oro, incienso y mirra al niño Jesús”. Su llegada se celebra la noche del 5 de enero y el día 6.
Es una festividad muy arraigada en España, México y en países hispanoamericanos, donde se vive una noche y un día con enorme ilusión y sentido familiar. Hay cabalgatas en las que los Reyes desfilan lanzando dulces. Los niños colocan sus zapatos para que les dejen regalos como premio por su buen comportamiento y se comparte el roscón de Reyes, símbolo de la unión familiar.
Pero Melchor, Gaspar y Baltasar, ¿fueron reyes, magos o sabios? En el texto de la Biblia, en el Evangelio de san Mateo (2,1), se lee: “Unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén…”. La Biblia no especifica un país exacto; solo menciona “Oriente”, que para los pueblos del Mediterráneo eran las tierras situadas al este de Israel. Es decir, podría referirse a Persia (actual Irán) o a Babilonia (Mesopotamia). Ambos lugares eran famosos por una casta de sacerdotes astrólogos que estudiaban las estrellas, lo que explica por qué los Reyes Magos pudieron interpretar la estrella de Belén.
En la llamada Media Luna Fértil, el conocimiento astrológico era mayor que en otros lugares, y el monoteísmo de Zoroastro estaba muy arraigado. Por su conocimiento en astronomía, muchos autores prefieren el término “sabios” al de “magos”.
Que vinieran de Oriente tiene un sentido simbólico, ya que el sol nace por el este y el Niño Dios es símbolo de luz y esperanza para el mundo. La tradición dice que los Reyes Magos, guiados por la estrella, reconocieron algo extraordinario: el nacimiento de Jesús.
Como venían de Oriente y debían cruzar los vastos desiertos de Mesopotamia, el camello era el único medio de transporte capaz de resistir largos días sin agua y de cargar cofres pesados. Poseer camellos y caravanas era señal de un estatus social muy elevado. Al representarlos sobre camellos, la tradición refuerza la idea de que eran hombres poderosos y ricos. La idea de que eran “reyes” se añadió en el siglo VI con el objeto de otorgarles mayor dignidad y de dar cumplimiento a las profecías del Antiguo Testamento, que anunciaban que los reyes de la tierra adorarían al Mesías.
El Evangelio de san Lucas (2, 8-14) relata un acontecimiento glorioso anunciado a judíos y gentiles humildes: “Había en la comarca unos pastores que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. De pronto se les presentó el ángel del Señor, y la gloria los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David para el judaísmo, Belén es el lugar de nacimiento y coronación del rey David, quien luego hizo de Jerusalén su capital, un salvador, que es el Señor. Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto, al ángel se unió un ejército celestial, que decía: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace»”.
En la liturgia, el día de la Epifanía se lee la carta de san Pablo a los Efesios, donde habla de un “misterio” revelado. Para Pablo, la Epifanía, o la “manifestación”, no consiste en que unos sabios vieran a un niño, sino en que Dios se dio a conocer a todos los pueblos, no solo a Israel. “Ese misterio consiste en que todos los pueblos comparten la misma herencia, forman el mismo cuerpo y participan de la misma promesa en Jesús, por medio del Evangelio” (Efesios 3, 2-3.5-6).
En el Antiguo Testamento, en Isaías 60, 1-6, se lee: “¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz… caminarán las naciones a tu luz!”. Los pueblos acudirán a Jerusalén con oro, incienso y mirra, guiados por una estrella, para buscar y adorar al “rey de los judíos”. La estrella simboliza la luz de Dios; el oro, su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra, su humanidad.
En el Salmo 72 (71) se afirma que “los reyes traerán regalos y se postrarán ante el Mesías”, anticipando el reconocimiento de las naciones al Rey del mundo.
En las Escrituras, la Epifanía enseña que Dios se deja encontrar por quienes lo buscan con corazón sincero; que Jesús es la luz para todas las naciones; y que la fe implica adorar a Dios y ofrecerle lo mejor de uno mismo.









PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:
1- Epifanía Ankhory. A. 2023
2- Himnos de Navidad y Epifanía. Efrén de Nisibis. Editorial San Pablo