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El Puente Mayor de Valladolid es uno de los símbolos más representativos de la ciudad. Su historia está estrechamente ligada a su situación geoestratégica y al crecimiento urbano de la puebla.

LA CONSTRUCCIÓN DEL PUENTE MAYOR

Durante la época romana se conoce que existió un puente sobre el río Pisuerga que permitía la comunicación por la comarca del sur con el norte y el noroeste peninsular. No obstante, es posible que se tratara del puente de Simancas o del de Cabezón de Pisuerga, enclaves geoestratégicos de mayor relevancia en aquel momento.

La leyenda de doña Eylo y el Puente Mayor es una de esas narraciones en las que la entrega, la complicidad conyugal y un cierto componente sobrenatural se combinan para explicar la construcción del puente.

Corría el año 1078 cuando el rey Alfonso VI envió al conde Pedro Ansúrez en misión diplomática a Sevilla para negociar el cobro de las parias que debía entregar el rey de la taifa. Una vez concluida esta negociación, debía desplazarse a Granada para establecer un nuevo acuerdo con el monarca de aquella taifa.

En el año 1079, Alfonso VI envió dos misiones distintas con fuerzas armadas a al-Ándalus: García Ordóñez se trasladó a Granada para recaudar los tributos de Abdallah, mientras que Rodrigo Díaz de Vivar fue enviado a Sevilla para cobrar las parias de al-Mutamid.

En aquella época, los reinos cristianos se veían envueltos en las disputas entre las taifas, a las que debían proteger según los tratados estipulados para el cobro de las parias. La tensión social, territorial y económica entre Sevilla y Granada acabó estallando. En este contexto, el rey de Granada decidió atacar al de Sevilla. García Ordóñez, en lugar de limitarse a cobrar las parias, apoyó al monarca granadino y arrastró a Pedro Ansúrez, que se encontraba entonces en aquella ciudad. El Cid, desde Sevilla, protegía a la taifa que más contribuía a la corona.

Alfonso VI, al enviar a dos dirigentes con fuerzas armadas a reinos enemigos, generó un grave conflicto. Este desatino desembocó en la batalla de Cabra, en la que se enfrentaron dos representantes directos del rey, obligados a apoyar a taifas enemigas. La batalla tuvo lugar cerca de la localidad cordobesa de Cabra. Rodrigo Díaz de Vivar, demostrando su superioridad táctica, obtuvo una victoria aplastante. No solo derrotó al ejército granadino, sino que capturó a García Ordóñez, a Pedro Ansúrez y a otros nobles castellanos, manteniéndolos prisioneros durante tres días. Según la leyenda, Rodrigo “mesó las barbas” a García Ordóñez, un grave insulto en la época, hecho que cimentó una enemistad legendaria entre ambos. Tras esta victoria, los musulmanes comenzaron a llamar a Rodrigo “Sidi” (mi señor), nombre que derivaría en el apelativo por el que hoy lo conocemos: el Cid.

Una vez en la corte, los enemigos del Cid, liderados por García Ordóñez, utilizaron este enfrentamiento para denunciarlo ante el rey como un vasallo rebelde que atacaba a otros nobles con el fin de apropiarse de parte de las parias como botín de guerra.

Una de las leyendas cuenta que doña Eylo, durante la ausencia de su esposo en “tierras de moros”, decidió que era necesario construir un puente para sobrepasar el Pisuerga. Don Pedro había iniciado las gestiones para su edificación, pero las obras se habían demorado. Aprovechando la ausencia de su marido, doña Eylo reunió a obreros y maestros de obra para que, a su regreso, el puente estuviera terminado y así mitigar el dolor por la muerte de su pequeño Alfonso, su primer hijo.

En algunos relatos se afirma que el conde, al verlo, mandó reconstruirlo para que fuera más ancho.

Una leyenda atribuye la construcción del puente a una intervención divina, mientras que otra relata que el moro Mohamed lo edificó en una sola noche con ayuda del diablo y para que el conde entrara en la ciudad por el puente, pero a expensas de conseguir algún alma para la eternidad.

La figura de doña Eylo ha quedado fijada en el imaginario popular como la verdadera impulsora del puente, una infraestructura vital para el comercio y las comunicaciones.

Por otro lado, en 1095 la hija del conde Ansúrez, María Pérez, contrajo matrimonio con Armengol V, conde de Urgel. Esta unión no fue solo un asunto familiar, sino que permitió a la nobleza castellanoleonesa expandirse al sur de los Pirineos. Pedro Ansúrez, hombre de confianza de Alfonso VI, reforzaba así los lazos entre León y los condados catalanes. Armengol V murió a los 27 años en 1102, en la batalla de Mollerussa contra los almorávides. Don Pedro se trasladó entonces a Urgel para ayudar a su hija en la regencia del condado, proteger a su nieto, de apenas dos años, y asegurar su herencia. Dirigió el condado y lideró la conquista de Balaguer en 1105, con la ayuda del conde de Barcelona, Ramón Berenguer III.

En 1108, tras la derrota cristiana en la batalla de Uclés, en la que murió el infante Sancho, hijo de Alfonso VI, el conde regresó a Castilla y retomó sus funciones en la corte. Llevó a Valladolid a su hija y a su nieto, Armengol VI, para que se criara con su abuelo, lo que explica los estrechos vínculos que el condado catalán mantuvo durante décadas con Castilla y León. Una de las leyendas tradicionales afirma que doña Eylo mandó construir el puente durante la estancia de don Pedro en el condado catalán.

HISTORIA DEL PUENTE

Aunque la leyenda de doña Eylo y el puente forma parte de la tradición popular, los registros históricos son más sobrios. Según los datos fiables, el puente tuvo su origen entre los siglos XI y XII, cuando Valladolid comenzaba a consolidarse como núcleo urbano y necesitaba un tránsito estable que comunicara la villa con los caminos del norte y el noroeste peninsular.

Sea cual fuere su forma inicial, la edificación tuvo una enorme importancia para el desarrollo urbano de la puebla. Durante siglos fue el principal acceso a Valladolid desde el norte y un punto clave para el comercio. En la orilla derecha se creó un nuevo barrio, Nuestra Señora de la Victoria, donde se establecieron varios monasterios.

Los primeros puentes fueron, con toda probabilidad, de madera y muy vulnerables a las crecidas del río. En el siglo XIII existe constancia documental de que “el puente no era de piedra”, y que sufría frecuentes daños por las crecidas.

En la segunda mitad del siglo XIV, las crónicas indican la construcción de un puente de piedra, con varios arcos de medio punto apoyados en robustos pilares y provistos de tajamares para cortar la corriente del río. En ese momento adquirió la estructura que hoy conocemos, convirtiéndose en la primera obra que puede considerarse propiamente como el “Puente Mayor de Piedra”.

En el siglo XV se realizaron refuerzos parciales y ampliaciones para resistir las riadas. La base de piedra se mantuvo intacta y se reconstruyeron algunos arcos. Su anchura fue duplicada, como se aprecia en el intradós de los arcos, siendo en realidad dos puentes paralelos adosados. En el siglo XVI se llevaron a cabo nuevas obras de reparación para consolidar arcos, tajamares y cimientos, lo que ha llevado a algunos historiadores a hablar de una reconstrucción en piedra; el puente ya era de piedra.

El 26 de enero de 1600, día de san Policarpo, una gran riada tuvo un efecto devastador en la ciudad. Se cree que se destruyeron unas 1.300 casas y se produjeron numerosas víctimas. El puente logró mantenerse en pie, pero actuó como un “efecto preso”: la acumulación de escombros, árboles, tablones y maleza en sus arcos impidió el libre fluir del agua, elevando su nivel e inundando los barrios de San Nicolás y la Judería.

Durante el tiempo en que la corte residió en Valladolid, y con la creación del palacio de la Ribera en la orilla derecha, el puente soportó un intenso tránsito de peatones, viajeros, carruajes y caballerías, con lo que continuó siendo objeto de frecuentes obras de reparación y mantenimiento debido tanto a las crecidas del Pisuerga como al enorme tránsito de carros de carga.

En 1612 se levantó en el centro del puente la capilla de la Virgen de la Guía, una pequeña edificación de planta cuadrada construida en piedra sobre uno de los tajamares. Fue iniciativa del gremio de viajeros y barqueros, muy devotos de esta advocación, a la que se encomendaban para cruzar el río cuando el puente quedaba inutilizado. La capilla fue demolida en 1885 durante las obras de reforma y ensanche del puente, con el fin de facilitar el tráfico moderno. La imagen de la Virgen se conserva actualmente en la iglesia de San Nicolás de Bari.

En febrero de 1618 tuvo lugar otra gran riada que, según las crónicas, superó incluso la de 1600. En 1636 se produjo una nueva inundación, considerada por muchos historiadores la más grave de la historia de Valladolid. El Pisuerga se desbordó, anegando gran parte de la ciudad, causando la muerte de unas 150 personas y el derrumbe de cientos de casas. El nivel del agua alcanzó el convento de las Carmelitas Descalzas, tal como indica la placa situada en su muro, bajo una cruz de madera, con la inscripción:

«AQUÍ LLEGÓ PISUERGA A 4 DE FEBRERO DE 1636: ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO”.

En 1689, con motivo de la visita de Carlos II, se construyó un arco triunfal a la entrada del puente en el barrio de la Victoria. Este monumento fue demolido en el siglo XIX, pero su existencia despeja las dudas sobre la supuesta presencia de un castillejo fortificado en la entrada norte del puente, incompatible con la construcción del monumento.

A finales del siglo XVII, el puente contaba con diez ojos y un pretil formado por una barandilla de piedra rematada con bolas. Las crecidas y el uso constante hicieron necesarias importantes reparaciones. Durante el siglo XVIII se llevaron a cabo numerosas intervenciones para paliar los daños causados por las inundaciones y el desgaste natural del tiempo.

En el siglo XIX, durante la ocupación francesa de Valladolid, las tropas imperiales instalaron 6 piezas de baterías en la plaza de San Bartolomé, dos en el tejado del convento y dos de mayor alcance en la cuesta de la Maruquesa. En 1812, durante su retirada, los franceses dinamitaron el puente, hundiendo dos arcos para impedir el avance de las fuerzas de la coalición. Estos fueron reconstruidos provisionalmente con madera y, posteriormente, en 1825, en piedra, por el cantero vizcaíno Juan Yrúre.

En 1886 se llevó a cabo una gran reforma que transformó su aspecto tradicional. Se retiraron los pretiles históricos de piedra y se regularizó el tablero, eliminando las pendientes medievales para permitir el tránsito de un tren que comunicara Medina del Campo con Medina de Rioseco, conexionando ambas ciudades con el Canal de Castilla. La plaza de San Bartolomé se convirtió en un importante nudo logístico. El puente pasó a soportar el paso de trenes, carros de carga y caballerías, y la antigua iluminación de aceite fue sustituida, a finales de siglo, por gas. El resultado fue un puente más funcional y adaptado a las necesidades modernas. En 1940 se instaló en el puente mayor un alumbrado eléctrico.

A pesar de las constantes crecidas del Pisuerga durante el siglo XIX, el Puente Mayor demostró una notable resistencia. Durante siglos fue el único puente que conectó Valladolid con los caminos del norte y resultó vital para el desarrollo urbano, el comercio y el tránsito de personas. En su entorno surgieron barrios, caminos y mercados.

En 1865 se inauguró el puente colgante o puente de hierro en las proximidades del convento de Nuestra Señora del Prado.

Con la construcción de nuevos puentes a partir de la década de 1960, perdió su función estratégica. Hoy en día, en el entorno de Valladolid hay 12 puentes mixtos para peatones y vehículos y dos pasarelas peatonales.

En 1991 se desarrollaron varias obras para dejarlo como paso peatonal​.  Actualmente, el Puente Mayor combina su uso funcional con un fuerte valor patrimonial y simbólico. Es un lugar muy transitado y un punto para contemplar el Pisuerga.

LAS PUERTAS DEL PUENTE MAYOR:

La idea de estructuras defensivas en el Puente Mayor de Valladolid está documentada en fuentes históricas. Algunos dicen que hubo “torreones” o “Castillejos” a ambos lados del puente. Sin embargo, los historiadores más rigurosos concretan que hubo solo una Torre defensiva. Efectivamente en la muralla medieval había una entrada conocida como “Puerta del Puente” que formaba parte del sistema de la muralla y estaba flanqueada por una torre de piedra. Esto explica por qué muchos relatos antiguos y ciertas tradiciones hablen de estructuras defensivas vinculadas al puente, pero no fue un torreón aislado en medio del puente sino un elemento integrado en el perímetro amurallado. La Puerta del Puente era una de las entradas principales que controlaban los suministros que llegaban por los caminos del norte. Este tipo de puertas con torreones en los accesos a los centros urbanos eran habituales en las ciudades medievales y servían para controlar el paso de los suministros, pagar el portazgo y defender las rutas estratégicas. Con el paso del tiempo, la ciudad creció y las murallas fueron demolidas o desaparecieron.

LA OTRA ORILLA

El Puente Mayor conectó ambas orillas del Pisuerga, facilitando el crecimiento de la ciudad hacia el barrio de la Victoria. Durante la estancia en Urgel del conde Ansúrez, este entró en contacto con la comunidad religiosa de San Cosme y San Damián. Existe la tesis de que los primeros monjes establecidos en la orilla derecha del Pisuerga, en las proximidades del puente, procedían de círculos eclesiásticos vinculados a la familia Armengol. Estos religiosos se asentaron en Valladolid en 1159 gracias a la donación de tierras y edificios realizada por la familia Ansúrez, con el objetivo de dotar a la ciudad de instituciones religiosas de prestigio. La orden se estableció junto a un camino que desde entonces es conocido como el “camino de los Mártires” o “los Martirés”.

Posteriormente, llegaron otras órdenes religiosas. En 1256 se fundó el convento de San Quirce y Santa Julita, antes de su traslado a la orilla izquierda; el hospital de San Lázaro, institución asistencial del siglo XII destinada a enfermos de lepra; en 1409 se establecieron los jerónimos bajo la advocación de su titular. Los trinitarios fundaron el convento de San Bartolomé, junto al puente. En 1544, la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula levantó la iglesia conventual de Nuestra Señora de la Victoria. En 1602, monjes de la Orden de San Basilio se establecieron en una ermita dedicada a Nuestra Señora del Destierro, una devoción muy arraigada entre los habitantes de Valladolid. Los monjes basilios eran conocidos por su vida austera.

En torno a estos conventos se edificaron viviendas destinadas al servicio de los monasterios y a los trabajadores agropecuarios, configurándose así el barrio de Nuestra Señora de la Victoria.

 

Con o.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR A:

  • García-Valladolid, Casimiro: Valladolid. Recuerdos y grandezas. Ed. facsímil.
  • Feijoo de Mendoza: Puente Mayor de Valladolid (1840-1903).
  • Merino Beato, Dolores: Urbanismo y arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIII.
  • Iglesias Rouco: Urbanismo y arquitectura de Valladolid. Primera mitad del siglo XIX.
  • Ortega, Elena; Ortega, Tomás: “Los puentes del Pisuerga en la ciudad de Valladolid”.
  • Virgili Blanquet, María Antonia: El urbanismo vallisoletano en el siglo XIX.
  • Martínez, Ana: Análisis y documentación arqueológica de las aceñas ubicadas en el Puente Mayor de Valladolid (2019).
  • Abad Balboa: La construcción de caminos y puentes en Castilla y León.
  • Martínez Viérgol, Antonio: La leyenda del diablo asociada al puente.
  • Del Pozo, Víctor Manuel: El misterio del Puente Mayor.