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INTRODUCCIÓN

El actual teatro de Calderón de Valladolid se construyó sobre el solar del antiguo Palacio de Los Almirantes de Castilla. El nuevo edificio fue diseñado con el estilo ecléctico de tendencia neoclásica, propia de la época. El 28 de septiembre de 1864 fue inaugurado con la representación de El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca, dramaturgo que le da nombre al teatro.

EL PALACIO DE LOS ALMIRANTES.

Según referencias históricas, la familia Enríquez tenía una «casa fuerte y grande con dos torreones». Una casona grande y fuerte, que nació con dos torreones en sus externos que fueron derribados como todos los de las casas palaciegas a finales de siglo por orden de los Reyes Católicos, que mandaron eliminar las torres y torreones defensivos de sus casas en 1480. Un edificio antiguo que sirvió de residencia a los Reyes Católicos. En 1509, el infante Juan, hijo de Fernando el Católico y de su segunda esposa Germana de Foix, nació y murió a los pocos días en esa vivienda.

La construcción o remodelación del Palacio fue ordenada por Fadrique Enríquez de Velasco, IV Almirante de Castilla, hacia 1540 después de la Guerra Comunera de 1520/21. El palacio se levantó al lado de la primera muralla erigida en el siglo XI, conocida con frecuencia como la «cerca vieja». Transcurría por la corredera de San Pablo hasta el ramal norte del Esgueva. En ese ángulo quedó emplazado el edificio. Un palacio señorial cuya fachada principal daba a una extensa explanada que alcanza la iglesia Santa María la Antigua y la Colegiata de Santa María.

La fachada principal daba tono y forma al edificio. Era sencilla y uniforme de dos pisos. En el bajo, además de la puerta de entrada, tenía unas ventanas protegidas con rejas de hierro y en el segundo piso también estaba provisto de ventanas con antepechos y un ajimez gótico. Sobre la puerta principal se puso una lápida de mármol negro con una inscripción que conmemoraba los honores que el emperador había dado al linaje por su apoyo en la guerra de las comunidades. A los lados de la puerta había dos gruesas columnas en las que se apoyaba un ancho arco. Se sabe que, por su parte trasera, el palacio colindaba con el del Marqués de Villasante, edificio que hoy es el Palacio Arzobispal. Aunque no se dispone del tamaño de su superficie total, las fuentes señalan que era un edificio de gran tamaño.

En el año 1604 el portugués Tomé Pinheiro da Veiga lo describe como un caserón muy grande. El plano de Ventura Seco de 1738, aunque no es un documento de medidas, da una idea de la extensión del solar, que ocupaba una amplia área en el centro de la ciudad, como correspondía a una de las familias más nobles del reino. De su interior, hay noticias de azulejos moriscos con una ornamentación vegetal muy estilizada, característica del arte islámico y mudéjar, actualmente expuesta en el Museo de Valladolid.

En el año 1597, la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias inició la edificación de su iglesia. Las obras fueron impulsadas y financiadas principalmente por el rico comerciante Martín Sánchez de Aranzamendi y su esposa Luisa Rivera. El templo, que fue diseñado por el maestro de obras Juan de Nates, se implantó delante de la fachada del palacio. La iglesia se terminó en 1604 y las monumentales esculturas de Francisco del Rincón en 1606.

LA DECADENCIA DE UN LINAJE

A mediados del siglo XIX, Mariano Téllez-Girón y Beaufort-Spontin, XII duque de Osuna, era también duque de Medina de Rioseco.

Los Enrique desde 1405 poseían el título de Almirantes de Castilla. El ducado de Rioseco se lo había concedido el emperador Carlos V en 1538 por su apoyo a la Corona en la guerra de los Comuneros.

Cuando terminó la guerra de la Sucesión española, el rey Felipe V de Borbón les quitó el título de Almirantes de Castilla, por su cooperación con su contrincante, el archiduque Carlos, aunque pudieron mantener el ducado de Rioseco.

 Ducado de Medina de Rioseco: por falta de una línea sucesoria masculina directa de la Casa Enríquez y como consecuencia de enlaces matrimoniales, se unió en el siglo XVIII al Condado de Benavente de la casa Pimentel. Ambos títulos se fusionaron en la persona de Joaquín Ponce de León y Enríquez, que fue X Duque de Medina de Rioseco, XIV Conde de Benavente y XI Duque de Benavente.

Los ducados de Medina de Rioseco y Benavente pasaron en 1836, después de una serie de pleitos y por línea femenina, a la Casa de Osuna. Los recibió Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort, que era XI Duque de Osuna. En el año 1844 fallece Pedro de Alcántara y la herencia recayó en su hermano Mariano Téllez-Girón y Beaufort-Spontin, que era en aquel momento: XII duque de Osuna, XVI duque de Medina de Rioseco, XVIII duque de Benavente, XI marqués de Peñafiel, XV duque del Infantado y V conde de Ureña, además de otras dignidades. Es decir, una de las personas más ricas, influyentes y poderosas de España.

Don Mariano Téllez-Girón es conocido en la historia por haber sido un tremendo derrochador. Heredó una de las mayores fortunas de España, pero por sus gastos extravagantes y por su falta de gestión, dilapidó su inmensa riqueza y terminó en bancarrota. Existen numerosas anécdotas que ilustran su comportamiento, como arrojar una vajilla de oro al río Neva en San Petersburgo, donde era embajador de la corte, o despreciar y tirar por una ventana sus botones de brillantes diciendo que eran «los piojos del Duque de Osuna». Su carácter despilfarrador era tan notorio que se popularizó la expresión: «¡Ni que fuera Osuna!» para referirse a alguien que derrochaba su dinero. Su muerte sin descendencia directa y la ruina económica llevaron a que sus bienes y títulos se dispersaran. En resumen, fue el último gran noble de la Casa de Osuna en mantener la fastuosidad antes de la ruina familiar, y un actor clave en la desaparición de un palacio histórico en Valladolid.

El llamado palacio de los almirantes era una gran casa adaptada a las necesidades de la nobleza. Su función principal era servir de residencia urbana a los Enríquez cuando recibieran a dignatarios o participaran en la vida social de la capital y del reino. Cuando lo heredó el duque de Osuna, estaba bastante abandonado, pero mantenía la habitabilidad por sus servidores y lacayos.

La residencia de los Almirantes, después de tres siglos, era un edificio anticuado que ocupaba una valiosa parcela urbana. Su arquitectura gótica no encajaba en la ciudad. Con el pragmatismo burgués, los caserones nobiliarios eran vistos como obstáculos al progreso; un estorbo que impedía el desarrollo de la ciudad. Y para el duque de Osuna, su venta, un alivio económico.

LA VENTA DEL PALACIO

La razón de la venta fue la quiebra financiera y la ruina económica de Mariano Téllez-Girón y Beaufort-Spontin, que había dilapidado la inmensa fortuna que había heredado por su extravagante estilo de vida y sus gastos excesivos. A partir de 1860, el duque se vio forzado a vender gran parte de sus propiedades, incluyendo este palacio, para hacer frente a sus acreedores.

No hay información bien documentada del momento de la venta del inmueble, pero se sabe que el palacio fue sede de la Diputación Provincial de Valladolid entre 1850 y 1856. En esas fechas el edificio podría estar alquilado a la casa de Osuna o a otro propietario. Los artículos consultados afirman que el Diego Morales era dueño del palacio en 1863, que es la fecha en que lo vendió a la sociedad constructora. Por lo tanto, la compra por parte de Diego Morales debió ocurrir en algún momento entre 1856 y 1863.

Diego Morales, el último propietario privado del palacio, lo vendió a la Sociedad Pérez Calderón y Compañía, un grupo de inversores y promotores que se constituyeron específicamente con el objetivo de construir un gran teatro en el centro de la ciudad. Aunque los registros históricos confirman que Morales vendió el palacio en 1863, no existen razones personales por las que tomó esa decisión. Probablemente lo hizo como un negocio. La sociedad constituida estaba dispuesta a pagar el precio para iniciar la demolición y la construcción del teatro. /

Valladolid estaba creciendo y el antiguo teatro de la comedia en la actual plaza de Martí Monsó se había quedado pequeño. Había un fuerte impulso social y municipal para levantar uno nuevo. El Palacio de los Almirantes se encontraba en un lugar privilegiado y céntrico para desarrollar el proyecto.

EL TEATRO CALDERÓN DE VALLADOLID.

En 1863, un grupo de hombres de negocios formaron una “Asociación de Empresarios” para levantar un gran teatro en la ciudad. La Asociación puso sus ojos en la gran extensión de terreno ocupada por el viejo palacio.

Una vez adquirido, el derribo fue rápido. De inmediato comenzó la construcción del nuevo edificio. El proyecto fue encomendado al arquitecto santanderino Jerónimo de la Gándara, que se había titulado en la Escuela de Arquitectura como el primero de su promoción y ampliado sus estudios en Alemania, Roma, Atenas y Nápoles. Eligió, de acuerdo con la Asociación de Empresarios, un diseño de la estética dominante en Europa, el “Neoclasicismo Ecléctico”. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina.

 La obra avanzó rápidamente. La Asociación pidió que el edificio tuviera una fachada elegante, sobria y clásica. Optaron por una entrada a través de una galería abierta donde una puerta doble permitía llegar a un vestíbulo con tareas administrativas. El segundo piso tenía amplios y elegantes ventanales y en el piso inmediatamente superior unas ventanas escurialenses. La fachada quedó rematada por un gran frontón triangular.

Del interior solo sobrevivieron algunas piezas decorativas, que se conservan en el Museo de Valladolid.

La nueva construcción sirvió para reestructurar la zona urbana, abriendo nuevas calles y mejorando su conexión con la Plaza Mayor.

El Teatro Calderón de la Barca fue inaugurado en 1864. El resultado era de un enorme contraste: Donde hubo antes un palacio, se levantó un teatro: Un símbolo del nuevo tiempo de cultura y el moderno espíritu burgués.

El teatro debe su nombre a la figura cumbre del Siglo de Oro español, el poeta y dramaturgo Pedro Calderón de la Barca. Fue inaugurado el 28 de septiembre de 1864 con la representación de «El alcalde de Zalamea”.

La Sala Principal se construyó según el modelo italiano de herradura con un foso para la orquesta. Costaba de un patio de butacas almohadilladas y forradas de color carmesí.  En el primer piso las plateas rodeaban al semicírculo; en la segunda planta había palcos dando más empaque y suntuosidad al central. En el nivel inmediato superior, el primer anfiteatro y, por encima, el segundo anfiteatro. En el último piso se encuentra el llamado paraíso o galería. Las barandillas de color dorado estaban decoradas con motivos florales. La sala fue decorada con lujosas pinturas del escenógrafo Augusto Ferri. Incluyendo las del interior y la del telón.

 El tamaño del escenario tenía una amplia abertura con un espacio de grandes proporciones. El ingeniero italiano Piccoli montó una tramoya muy ingeniosa.

Desde el día de su inauguración fue considerado uno de los mejores teatros de España por su magnitud y suntuosidad, albergando la maquinaria escénica más moderna de Europa en aquel momento.

El edificio tenía unos espacios adicionales como una sala de exposiciones o el llamado Salón de los Espejos para actividades no escénicas. Originalmente dispuso de dependencias para café, una biblioteca decorada y salones sociales.

Las lámparas laterales de la sala se adquirieron a principios del siglo XX de estilo modernista. El edificio incorporó en 1908 calefacción de agua y un alumbrado eléctrico.

Con altibajos económicos, con propietarios y subcontratos, en la década 1960/70 estuvo a punto de ser demolido. Fue adquirido por el Ayuntamiento. En los de 1990, fue sometido a una profunda remodelación dirigida por los arquitectos Jaime Nadal y Sebastián Araujo. La Sala Principal tiene un aforo de 1.141 espectadores. De la construcción original, se conservan la fachada y la sala principal y algunos detalles, pero se perdieron elementos poco útiles como parte de la tramoya original. Se instaló una gran lámpara central fabricada en la Real Fábrica de Cristales de La Granja, que pesa 1.000 kg, tiene 3 m de diámetro y está formada por unas 30.000 piezas de cristal.

Está considerado como uno de los teatros más hermosos de España y está equipado con moderna tecnología para diversas representaciones. Actualmente es la sede de la Seminci, uno de los festivales cinematográficos más importantes de España.

El 9 de abril de 1999 fue reinaugurado por la Reina Doña Sofía.

En el año 1999, se constituyó la “Fundación Teatro Calderón” para promover las artes escénicas, musicales, líricas y coreográficas.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR

1-García Escobar, V. (1853). El palacio de los Almirantes de Castilla. Madrid.

2-Ortega Rubio, J (2010). Los pueblos de la provincia de Valladolid. Valladolid: Maxtor, facsímil de edición de 1895. 

3- Torres Balbás, l (1992) El ducado de Medina de Rioseco. Castro y Castro, R. del. El Real Monasterio de Santa Clara y los Enríquez, almirantes de Castilla. Institución Tello Téllez de Meneses y Diputación Provincial de Palencia.

4-Díaz Ibáñez, J. (2014). La incorporación de la nobleza en el clero de Castilla. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

5-El Norte de Castilla. 1864. (2020). Inauguración del teatro Calderón.

6-Dominguez Burrieza. F.J. (2017) El teatro Calderón de la Barca de Valladolid

7- Gómez, Antonio López (2001). Teatro Calderón.  La Seminci