La Orden Premonstratense fue fundada por San Norberto en Prémontré (Francia) en 1120.

Sancho Ansúrez, tradicionalmente considerado nieto del conde Pedro Ansúrez, se trasladó al reino de Francia junto con Domingo Gómez, hijo del conde de Candespina. Ambos entraron en contacto con los premonstratenses y profesaron en la Orden, regresando posteriormente a Castilla con el propósito de introducirla en la península. La tradición sitúa su formación en París.

Cuando volvieron a Castilla, Sancho Ansúrez impulsó una primera fundación en un lugar llamado Fuentes Claras. Poco después, la comunidad se trasladó a un paraje próximo donde existía una iglesia dedicada a San Martín. El lugar recibía los nombres de Retuerta, Rivu Torta o Retorta, relacionados con el latín Rivula Torta, «ribera sinuosa», en referencia al curso del Duero. La fundación aparece documentada desde 1145 y en 1146 recibió importantes donaciones de doña Mayor Pérez, hija de Pedro Ansúrez.

LOS PREMOSTRATENSES EN VALLADOLID

En 1627, una comunidad de canónigos premonstratenses se instaló en Valladolid sin haber obtenido inicialmente la autorización del regidor, del concejo ni del cabildo eclesiástico. Ocuparon unas casas cerca de la Chancillería y del convento de Santa Clara, en un lugar conocido como las «Cuatro Calles». Tras varios conflictos, el 16 de octubre de 1630 aceptaron las condiciones jurídicas y económicas impuestas por la ciudad y el cabildo para permanecer en Valladolid.

Sus primeros años en Valladolid fueron económicamente difíciles. Una vez regulada su situación y entre 1630 y 1659, fueron adquiriendo casas en la calle Teresa Gil para levantar un convento.

El monacato de San Norberto no nació, por tanto, de una única gran donación, sino de la adquisición progresiva de casas y solares intramuros. El 30 de junio de 1632 la comunidad se trasladó a su nuevo emplazamiento de la calle Teresa Gil, próximo a la Puerta del Campo, límite meridional de la ciudad, aunque el convento no estaba completamente construido.

La calle de Teresa Gil era una zona económicamente importante. Era una de las principales vías urbanas de Valladolid y en ella vivían familias destacadas de la oligarquía urbana, como los Santisteban, los Cerda y los Verdesoto. También tuvieron allí sus casas los López de Calatayud y los Ribera. Entre estos últimos se encontraba Pedro de Ribera, comendador de Cieza y caballerizo del rey Fernando el Católico, que, junto con su mujer, María de Medina, caballeriza de la reina Isabel la Católica, vivían en esta calle. En ella se alojaron en marzo de 1506 Fernando el Católico y Germana de Foix. También tuvo sus casas principales en la calle Teresa Gil Rui Díaz de Mendoza, conde de Castrojeriz.

Un documento de 9 de julio de 1637 recoge un contrato de la Orden con el maestro de obras Francisco Bajo para levantar el edificio conventual y el claustro. Las trazas y el diseño se han relacionado con Francisco de Praves, aunque su intervención no está suficientemente documentada.

El edificio que se levantó tenía un claustro de planta cuadrada, de dos niveles, con cinco arcos por cada lado apoyados sobre pilares y pilastras adosadas. No parece que fuera un claustro de carácter clásico, sino una solución más sobria y funcional, propia de la arquitectura conventual vallisoletana de mediados del siglo XVII.

Francisco Bajo murió en 1638 y las obras continuaron con los maestros de cantería Juan de Répide y Bartolomé del Castillo. Entre 1644 y 1645 se realizaron trabajos de retejo y se intervino en el claustro alto, con la participación del maestro de albañilería Bernardo de Bernabé. El claustro pudo quedar prácticamente terminado hacia 1651, aunque posteriormente continuaron realizándose obras.

La primera iglesia debió de estar terminada hacia mediados del siglo XVII. En 1659 se documenta la colocación de una campaña para el templo, que estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de los Afligidos. La imagen de esta Virgen presidía el retablo mayor.

En 1679, los mostenses contrataron a los maestros canteros Gabriel del Monte y Jacinto de los Cuetos para realizar la cantería de un nuevo edificio. Según la descripción del padre Vergara, debía disponer de celdas, salones, portería y una escalera cubierta. Por fuera tendría un zócalo de piedra, puertas, arcos escarzanos, pedestales, impostas y cornisa. Es posible que el convento fuera creciendo por agregación de volúmenes conforme la comunidad iba adquiriendo nuevos inmuebles.

Entre 1717 y 1740 se realizaron numerosas obras y se construyeron nuevas dependencias. En este periodo se hizo también una nueva portería y distintas estancias.

El plano de Ventura Seco de 1738 permite localizar el convento e incluso reconocer la disposición de su claustro.

EL TEMPLO DE SAN NORBERTO

Según Ventura Pérez, la iglesia definitiva de San Norberto comenzó a construirse en 1747. La primera piedra se colocó el 19 de febrero de ese año y la construcción debió de quedar terminada hacia 1753.

El maestro cantero Manuel Serrano fue el encargado de construir el nuevo templo, cuya obra fue costeada por doña Ana Sarmiento, viuda de don Cristóbal de Castañeda. Serrano fue uno de los arquitectos más prestigiosos de Valladolid a mediados del siglo XVIII y su obra muestra una clara relación con la arquitectura cortesana y, especialmente, con la escuela de Pedro de Ribera.

Tras la muerte de Manuel Serrano, hacia 1764, las obras fueron continuadas por Antolín Rodríguez.

En 1754 se trasladó a Valladolid el estudio de Teología de la orden que estaba instalada en Ávila. San Norberto se convirtió en un importante centro de formación teológica de los premonstratenses. La documentación de la Real Chancillería confirma la existencia en Valladolid de profesores y estudiantes de Teología vinculados al convento.

La fachada del templo fue una composición barroca de ladrillo y piedra, de planta semicircular y ligeramente convexa, lo que proporcionaba a la estructura una notable sensación de movimiento. El cuerpo inferior estaba organizado mediante pilastras de orden toscano y disponía de tres puertas de acceso. La central estaba enmarcada por líneas curvas que contribuían al dinamismo de la composición.

El segundo nivel tenía pilastras de orden jónico y varios vanos destinados a proporcionar iluminación al interior. La fachada estaba flanqueada por dos torres y, en el crucero, se levantaba otro elemento vertical rematado por un chapitel, de modo que el conjunto debía destacar notablemente sobre el caserío de la ciudad.

Las descripciones conservadas se basan fundamentalmente en dibujos antiguos y en las noticias proporcionadas por autores como Ventura Pérez y García-Valladolid. Un dibujo conservado de la fachada confirma su carácter semicircular y su construcción fundamentalmente en ladrillo.

Por tanto, en su configuración final podemos imaginar el convento como un conjunto de edificios de distintas épocas articulados en torno al claustro, con la iglesia ocupando uno de sus lados y las dependencias comunitarias, celdas, salones, portería, escalera, refectorio, cocina y otras estancias, extendiéndose alrededor del claustro y de las sucesivas ampliaciones.

EL CONVENTO EN LOS SIGLOS XIX Y XX

Aunque el convento de San Norberto fue una fundación relativamente tardía, tuvo su importancia en Valladolid por pertenecer a la Orden Premonstratense, cuya primera gran fundación en España había sido Santa María de Retuerta.

Durante la ocupación francesa, la comunidad de San Norberto continuó vinculada al edificio. Los premonstratenses no eran una comunidad francesa, aunque la Orden tenía su origen en Francia. Algunos religiosos convivieron con oficiales franceses, mientras la iglesia fue utilizada como 

Una vez terminada la Guerra de la Independencia, se reanudó la vida conventual, aunque con el paréntesis del Trienio Liberal. La comunidad intentó reparar un edificio muy deteriorado.

En 1835, los decretos de exclaustración y supresión de las comunidades religiosas pusieron fin a la presencia de los mostenses en Valladolid. El convento quedó suprimido y pasó a manos del Estado. Desde ese momento comenzó una nueva etapa de usos civiles.

Tras la exclaustración y los decretos desamortizadores, desde diciembre de 1835 los edificios sirvieron como almacén de los objetos procedentes de otros conventos suprimidos. Posteriormente, el conjunto fue cedido al Ayuntamiento.

DE CONVENTO A ESCUELA DE MAESTROS

Corría el año 1838 cuando el Gobierno liberal aprobó el Plan de Instrucción Primaria, que impulsó la reorganización de la enseñanza y estableció las bases para la creación de Escuelas Normales destinadas a la formación de maestros. La Ley de 21 de julio de 1838 y las disposiciones posteriores fueron fundamentales para la implantación de estas instituciones en las provincias españolas.

La Escuela Normal y la primera Escuela de Párvulos quedaron así instaladas en el antiguo conjunto conventual.

En Valladolid, la Escuela Normal comenzó a funcionar el 30 de marzo de 1845 y se instaló en el antiguo convento de San Norberto. Al abrirse la institución se reabrió también la iglesia para atender las necesidades religiosas de los alumnos y profesores.

En 1853 el convento pasó a depender de la Universidad como centro de formación del magisterio y Colegio Normal de la Provincia. Su primer director fue Simón Aranda, que permaneció al frente de la institución hasta 1855. Ese año fue sustituido por José María Lacort, quien dirigió la Escuela durante buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.

En 1860, la iglesia del antiguo convento fue cedida a los jesuitas, mientras que las dependencias conventuales continuaron destinadas a funciones docentes y otros usos.

En 1870, parte de su mobiliario fue trasladado a la iglesia parroquial de San Esteban.

Durante la Primera República, la iglesia dejó de utilizarse para el culto y se transformó en el llamado “Templo de la Libertad” con fuertes tensiones políticas.

A finales del siglo XIX, las dependencias del antiguo convento albergaban, además de la Escuela Normal de Maestros, una escuela de párvulos y un depósito municipal de bombas contra incendios. El convento había perdido ya por completo su antigua fisonomía monástica.

En 1900, las capillas de la iglesia se habían convertido en salas para guardar objetos. En 1902 se almacenaron allí las esculturas del monumento a Cristóbal Colón, obra de Antonio Susillo, que había sido concebido inicialmente para ser instalado en La Habana. Debido a las circunstancias derivadas de la Guerra de Independencia cubana, el monumento no llegó a Cuba y Valladolid consiguió finalmente instalarlo en el Campo Grande.

Las autoridades consideraban ya inevitable la desaparición del antiguo conjunto. La iglesia fue derribada en 1916 y las restantes dependencias conventuales desaparecieron un año después. De este modo desaparecía uno de los grandes conjuntos conventuales del Valladolid barroco.

El Ayuntamiento ofreció el terreno al Estado en 1926; mediante la Real Orden de 2 de febrero se dispuso la construcción de las Escuelas Normales en aquel solar.

El nuevo edificio fue proyectado en el año 1926 por el arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta. La primera piedra se colocó el 27 de marzo de 1927 y las obras terminaron en 1930.

Antonio Flórez lo levantó dentro de una arquitectura escolar de inspiración regionalista, basada en la tradición castellana y adaptada a los nuevos principios higiénicos de la arquitectura escolar, especialmente la iluminación y la ventilación.

Destaca el uso predominante del ladrillo cara vista de la fachada, combinado con elementos de inspiración neomudéjar, como las cornisas y el juego de volúmenes, unido a la sobriedad y funcionalidad que exigían los nuevos tiempos educativos.

El convento de San Norberto refleja, en definitiva, la profunda transformación que vivió Valladolid durante los siglos XIX y XX: de una ciudad marcada por la presencia de numerosos conventos y comunidades religiosas, que llegó a ser conocida como “el pequeño vaticano”, a una ciudad administrativa, educativa y burguesa.

El solar donde durante casi tres siglos se levantó San Norberto conserva así la memoria de dos edificios completamente distintos: primero, el convento de los canónigos premonstratenses y después, la Escuela Normal de Maestros.

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR:

1-Fernández del Hoyo, María Antonia: Patrimonio perdido. Conventos desaparecidos de Valladolid. Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1998.

2-Martín González, Juan José: Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid. Valladolid, Diputación Provincial de Valladolid, 1987,

3-Agapito y Revilla, Juan: Las calles de Valladolid. Valladolid, edición facsímil, Grupo Pinciano.

4-Urrea Fernández, Jesús: Guía histórico-artística de la ciudad de Valladolid. Valladolid, Caja de Ahorros Popular de Valladolid, 1982.

5- Urueña, Juan Carlos: Valladolid. Historia de las calles, plazas y jardines.

6-López de Guereño Sanz, María Teresa: «Los premostratenses y su arquitectura: historia de un olvido», Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte. 1992

7-Pérez, Ventura: Diario de Valladolid, fuente fundamental sobre las obras de la iglesia de San Norberto.

8- García-Valladolid, Casimiro: Valladolid. Recuerdos y grandezas.