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La iglesia de Santiago Apóstol de Valladolid más allá de su interés histórico-artístico, es uno de sus templos emblemáticos. Ha formado parte de la vida social, cultural, comercial y religiosa de la ciudad.

ORÍGENES DEL TEMPLO

Los orígenes se remontan a una pequeña ermita románica extramuros, construida en el siglo XII. Aunque se desconoce la fecha de su fundación, se sabe que existía en el siglo XIII, lo que la sitúa entre las más antiguas de la villa medieval.

Corría el año 1400 cuando, al aumentar la feligresía, de su entorno fue elevada a parroquia. El templo se encontraba en medio de la “calle Real”, la principal vía urbana que unía la plaza del mercado con la puerta del Campo.

EL ATRIO DE SANTIAGO

Es un rincón emblemático situado en pleno centro urbano que integra en su espacio a los muros sur y oeste de la iglesia de Santiago Apóstol.

Su nombre se debe, según Agapito Revilla, a un pórtico de la iglesia demolido a mediados del siglo XIX para facilitar la circulación. Otros historiadores sostienen que el nombre proviene del “Arco de Santiago”, desmantelado en 1863 con el mismo fin.

El atrio de Santiago es un lugar de paso y encuentros rodeado de edificios, comercios y cafeterías. Su ambiente combina la tradición religiosa con el bullicio del centro comercial de la ciudad.

HISTORIA DE LA IGLESIA DE SANTIAGO

A finales del siglo XV, el templo se había quedado pequeño y el testero a punto de derrumbarse. Luis de la Serna, comerciante vallisoletano y acaudalado banquero, decidió asumir el coste de la reconstrucción a cambio de utilizar la capilla mayor como panteón familiar. Se reedificó en medio de la calle Real, intramuros de la cerca que mandó levantar María de Molina entre los siglos XIII y XIV.

El diseño y los planos se contrataron al arquitecto Juan de Arandia, por el notable trabajo realizado en la iglesia de San Benito el Real, y la ejecución corrió a cargo del maestro de obras García de Olave.

La capilla mayor terminó de construirse en 1504 y se comenzó a levantar la torre adosada al ábside.

Durante los siglos XVI y XVII, la iglesia de Santiago no fue solo un centro religioso, sino también el epicentro de la vida gremial y burguesa. Al estar situada en la ruta que conectaba la Plaza Mayor con las zonas de expansión, fue la parroquia preferida por mercaderes y financieros vallisoletanos.

La torre sufrió diversas remodelaciones para consolidar su estructura y adaptarla a la estética de la época. En 1610 se añadió el remate octogonal superior, cubierto por un chapitel de pizarra.

A principios del siglo XVII se arruinó parte de la nave. El arquitecto Francisco de Praves en 1615 fue el encargado de la reconstrucción, sustituyendo la estructura anterior de madera por bóvedas barrocas y capillas laterales. Se reformó también la fachada para mantener la armonía del conjunto. Las obras fueron realizadas por los maestros Martín de Répide, Juan del Valle y Alonso Ballesteros. En esos años, el templo adquirió la fisonomía que presenta en la actualidad.

Los herederos de Luis de la Serna continuaron ejerciendo su influencia y mecenazgo.

El siglo XVIII, el gusto por el Barroco y el Neoclasicismo dejó su huella, especialmente en la renovación del mobiliario litúrgico y en las capillas privadas.

El siglo XIX fue especialmente convulso para el patrimonio religioso por la invasión napoleónica. Santiago sufrió el saqueo de oro, plata y piedras preciosas por parte de las tropas francesas.

Al ser parroquia, Santiago no fue desamortizada, aunque perdió gran parte de las rentas y propiedades donadas por capellanías y familias nobles.

A mediados de siglo, Valladolid comenzó a transformarse en una ciudad moderna. La calle de Santiago se consolidó como una gran arteria comercial, lo que aumentó el interés de los vecinos por la iglesia, pero también fue rodeada de edificaciones que ocultaron parcialmente su volumen exterior.

En 1927, la iglesia fue declarada Monumento Artístico Nacional.

Durante la Guerra Civil, los templos de Valladolid no sufrieron daños significativos.

A finales del siglo XX se llevaron a cabo importantes labores de limpieza, rehabilitación y restauración, especialmente en la torre y en el muro oeste, que presentaban problemas de erosión.

El papel de la iglesia aumentó gracias al impulso de la Cofradía de las Siete Palabras, fundada en 1929 y establecida en el templo desde 1941.

Con la apertura de grandes comercios y la peatonalización de la calle Santiago, el templo se ha convertido en un “refugio de silencio”, manteniendo su función litúrgica activa hasta la actualidad.

ARQUITECTURA DE LA IGLESIA

Desde el exterior, la iglesia de Santiago refleja su larga historia y evolución constructiva. Tiene un aspecto austero con un volumen sólido reforzado por poderosos contrafuertes y, con escasa ornamentación.

El ábside es de planta poligonal. En su franja superior se abren altos ventanales de medio punto que iluminan el interior. En el paño central se conserva un relieve gótico de Santiago Matamoros enmarcado en un arco alfiz, uno de los pocos elementos decorativos destacados.

El muro sur está parcialmente interrumpido por una edificación moderna que actúa como pórtico de acceso al interior de la iglesia y alberga dependencias parroquiales y de la cofradía.

En el muro oeste está construido con piedra y ladrillo. Sobre la puerta de acceso se abre un óculo vidriado. Hay dos volúmenes de cilindros, homogéneos y limpios, sin lenguaje histórico-artístico. Se añadieron durante una rehabilitación de finales del XX y principios del XXI como refuerzos estructurales puntuales, para escaleras de acceso al coro y como rutas de comunicación para su mantenimiento.

El elemento más distintivo es su esbelta torre de base cuadrangular, adosada al ábside, compuesta por cinco cuerpos separados por ménsulas góticas de inspiración hispanoflamenca, que muestran la transición al primer barroco. Está rematada por un chapitel octogonal cercano al estilo escurialense.

En conjunto, el edificio transmite solidez y simplicidad por el uso equilibrado de piedra y ladrillo. Actualmente, está parcialmente oculto por edificaciones civiles adosadas.

En el interior, el templo presenta una sola nave amplia, con capillas laterales entre contrafuertes. Se cubre con bóvedas de cañón con lunetos y arcos fajones que descansan en pilastras.

A los pies se sitúa un coro alto sobre un pequeño pórtico cubierto con un interesante artesonado de comienzos del siglo XVI.

La cabecera conserva su estructura gótica original, con planta poligonal pero más estrecha que la nave y con bóvedas de crucería estrellada. Los nervios descansan en ménsulas decoradas con los escudos de los Reyes Católicos; en los muros laterales aparecen también las armas de Luis de la Serna.

En el presbiterio hay retablos, esculturas de madera y pinturas ricamente enmarcadas.

En 1974 se descubrieron cuatro arcosolios con los enterramientos de Luis de la Serna y su familia. Unas esculturas funerarias en alabastro de gran calidad de finales del siglo XV y comienzos del XVI.

MONUMENTOS DEL TEMPLO

Los elementos monumentales del templo combinan arquitectura, escultura y decoración siguiendo los principios de la Contrarreforma. Tenían que instruir, emocionar y reforzar la fe y el poder de la iglesia.

El monumental retablo barroco que ocupa todo el testero de la capilla mayor constituye el foco visual del espacio litúrgico. Fue inaugurado en 1729 y sustituyó a uno anterior de cerámica vidriada encargado a un taller de Florencia por Luis de la Serna.

Está organizado en calles y cuerpos, pero la mirada se dirige hacia lo alto. La abundancia de relieves, volutas y elementos decorativos crea un efecto teatral característico del barroco. Cuatro columnas salomónicas, decoradas con sarmientos y racimos, aportan dinamismo al conjunto. Las esculturas son obra de Juan de Ávila. En el centro destaca la escena de Santiago Matamoros. En el cuerpo superior aparece la Virgen del Pilar ante el apóstol. En los intercolumnios se sitúan san Pedro y san Pablo con numerosos ángeles en movimiento. Fue ensamblado por Alonso Manzano y dorado por Cristóbal de Estrada.

En los muros laterales del altar mayor hay pinturas de san Juan y san Mateo, que forman conjunto con las de san Lucas y san Marcos situadas en el coro.

En el presbiterio se conserva una sillería renacentista de nogal, con un relieve central de Santiago peregrino, obra del escultor palentino Manuel Álvarez.

En las paredes laterales se hallan los arcosolios funerarios de los fundadores Luis de la Serna y su familia, con esculturas atribuidas a Alejo de Vahía.

En el lado del Evangelio destacan varias capillas con rico mobiliario litúrgico, entre ellas la imagen de la Virgen con Niño, conocida como la Candelaria, atribuida a Manuel Álvarez.

En la Capilla de las Siete Palabras se venera el espléndido Cristo de las Mercedes con los dos ladrones Una obra de Pompeyo Leoni de mediados del siglo XVI. Es un crista robusto con articulaciones y musculatura muy marcadas que le confieren una impresionante anatomía. Las figuras de los ladrones son reproducciones porque las originales están en el Museo de Escultura. Las tres imágenes forman el paso de la séptima palabra del Señor en el calvario. “En tus manos encomiendo mi espíritu Como curiosidad, el buen ladrón tiene la cara del duque de Lerma porque el duque adeudaba al artista cierta cantidad de dinero.

En el lado de la Epístola se encuentra la Capilla de San Antonio Abad con las esculturas del grupo de Santa Ana y el altorrelieve de San Jerónimo, obras atribuidas a Francisco Rincón.

En la quinta capilla del lado de la epístola se encuentra el fantástico retablo de la Epifanía Es como un escenario que guarda relación con la frecuencia que esta temática tenía entre las personas acaudaladas que demostraban su veneración al compararse con los Reyes Magos de Oriente. Fueron Diego del Haya y su mujer Catalina Barquete quienes contrataron a Alonso Berruguete en 1537 para su construcción.

El retablo se compone de tres cuerpos y tres calles, banco y ático. El banco tiene tres calles; la central está dividida por una columna. Con hornacinas vacías porque se han perdido sus imágenes. Las calles de los extremos están ocupadas por los patronos con vestimenta de época en actitud orante y acompañados por sus protectores, los santos Juanes. 

El cuerpo central lo forma la Adoración de los Magos; Melchor es el personaje más anciano y el rey de Europa. Gaspar simboliza la humanidad y es el rey de Asia y, finalmente, el rey negro, el más joven, representa a África. La virgen sentada recuerda a una matrona romana. San José, con rostro barbado, ocupa un discreto segundo plano. Es un hombre viejo apoyado en un bastón al que sujeta con ambas manos y en actitud pensativa y melancólica.    Un grupo de campesinos se dirige hacia la Virgen. El cuerpo superior está dividido en tres calles separadas por columnas. En la izquierda hay una Anunciación con el arcángel San Gabriel y María. En el centro está la Virgen con Niño y en el derecho un belén Es curiosa la postura de San José, sentado en el suelo boquiabierto y con esa angustia que impone Berruguete a sus creaciones. En el fondo, por un hueco, se ve un burro y una mula. El ático lo ocupa un calvario que se cobija bajo un arco rebajado dentro de un compartimento delimitado por dobles columnas. Unas magníficas columnas en los extremos lo recobren de arriba abajo, rematadas por unos ornamentos vegetales en cuyo interior se encuentran los bustos de San Pedro y San Pablo.

 

 

 

 

 

 

 

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:

  1. Brasas Ejido, José Carlos. Guía artística de Valladolid. Ediciones Lancia, León, 2005.
  2. Vivar Cantero, Roberto. Guía de Arquitectura Urbana de Valladolid. Editorial Cie Publicidad, Valladolid, 2006.
  3. Nieto Gallo, Gratiniano. Guía artística de Valladolid. Editorial Aries, 1964.