I- RELATO HISTÓRICO DE LA COMARCA:

En el valle medio del Duero, a pocos kilómetros de Valbuena de Duero, se encuentra el yacimiento arqueológico de Pintia, a la que se considera una ciudad vaccea romanizada.

Los romanos se centraron en el desarrollo agrícola y en el control territorial por medio de las calzadas. Levantaron villas para explotaciones agropecuarias que alcanzaron su mayor esplendor entre los siglos III y IV.

Del período visigodo dan las estructuras monásticas rurales y la presencia de necrópolis.

La invasión musulmana supuso la ocupación de puntos estratégicos. En 940, la comarca sufrió una profunda crisis por el abandono de los bereberes. El territorio se convirtió en una tierra de nadie. 

La repoblación del Duero comenzó con el avance del reino de León, estableciéndose a finales del siglo IX la frontera en el Duero.

Con la conquista de Toledo, el Valle del Duero dejó de ser una frontera para convertirse en tierras estables de los reinos cristianos. Gracias a los fueros y privilegios que concedían los reyes, se formaron núcleos poblacionales. Los cristianos, mozárabes, mudéjares y judíos convivieron juntos y fueron una fuente de riqueza, dejando un importante legado cultural y arquitectónico.

El “Siglo de Oro” fue un periodo de crisis económica y demográfica en el valle medio del Duero. Sufrió un fuerte descenso de la población por epidemias, hambrunas y malas cosechas. Hubo una emigración a Madrid y a América. El sector agrícola, base de la economía, se vio gravemente afectado. Muchas tierras quedaron baldías o fueron abandonadas. Aumentó la presión fiscal para financiar las guerras de la monarquía que empobrecieron al campo. La nobleza y el clero, propietarios de grandes latifundios, intensificaron la explotación para mantener sus ingresos, a veces provocando la huida de los vasallos.

El siglo XVIII trajo la llegada de la dinastía Borbón y con ella un lento proceso de recuperación y reformas. En el conflicto sucesorio, el Valle del Duero apoyó a Felipe V. A partir de la mitad del siglo, la población comenzó a crecer, y con ello la demanda agrícola. Hubo un aumento de la producción agraria. Y el comercio del vino fue un factor clave. En general, el Duero pasó de la depresión del XVII a un lento crecimiento en el XVIII, pero manteniendo una estructura social y económica del modelo señorial.

Las políticas de los Borbones, inspiradas en la Ilustración, buscaron modernizar la economía de Castilla. Se impulsaron obras públicas para facilitar el comercio. Se crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País para fomentar la agricultura, la industria y la educación. Hubo un intento de reformar las propiedades agrarias y promover la industria, destacando modestos desarrollos textiles.

El siglo XIX estuvo dominado por las guerras, la inestabilidad política y las reformas. En la Guerra de la Independencia, la región fue escenario de la lucha contra la invasión napoleónica. La importancia estratégica del Duero motivó la presencia de tropas francesas para requisar bienes y cosechas. Personajes como Juan Martín «El Empecinado» se convirtieron en figuras clave de la guerra de guerrillas en la zona.

Las leyes desamortizadoras como la de Mendizábal y Madoz supusieron la venta de bienes eclesiásticos y comunales. Aunque intentaron liberar la tierra, el resultado fue que la mayoría de los terrenos de cultivo fueron adquiridos por la burguesía y los grandes propietarios, aumentando el latifundismo y manteniéndolo.

La región también se vio afectada por las guerras carlistas, como demuestra la batalla de Roa de Duero entre tradicionalistas y liberales.

En la guerra civil, el Valle del Duero, tradicionalmente conservador, quedó rápidamente bajo control del sector nacional desde el inicio de la guerra. En el siglo XX experimentó una profunda transformación con una dramática reestructuración demográfica y económica. La mecanización agraria, junto con la falta de oportunidades en el campo, provocó un masivo éxodo rural hacia las capitales de provincia, lo que provocó una despoblación y el envejecimiento rural.

En el último tercio del siglo XX, la viticultura experimentó un resurgimiento crucial con la creación de la Denominación de Origen Ribera del Duero, que revalorizó la calidad de sus vinos y aportó un gran impulso económico y prestigio a la zona, transformándola en un referente enológico mundial.

2- HISTORIA DEL MONASTERIO

En la pedanía de San Bernardo de Valbuena, en la ribera derecha del Duero, se levanta el monasterio de Santa María, uno de los monacatos cistercienses más importantes de la península ibérica. Su historia refleja el esplendor del monasterio. Fue fundado en 1143 por Estefanía Armengol, hija de Armengol V de Urgel y de María, la segunda hija del conde Pedro Ansúrez. Estefanía donó estas tierras de su propiedad a la orden del Císter para que fundaran una comunidad monástica dedicada a Dios, a la Virgen María, a los santos Martín y Silvestre, para asegurar la salvación de su alma y la de sus parientes. El pliego fundacional hace referencia a la donación a la Orden de San Benito, pero se estableció un monasterio cisterciense. Los monjes, siguiendo la regla del Císter, dedicados al trabajo y oración, marcando el desarrollo arquitectónico y económico de la comarca y del monacato.

Gracias a las generosas donaciones de Estefanía de Urgell y al amparo de Alfonso VII, el monasterio acumuló un notable patrimonio.

La regla del Císter promovía la norma de la “Carta Caritatis”, clave del éxito expansivo de la Orden. Cuando una comunidad monástica crecía lo suficiente, un grupo de monjes abandonaba el monacato para fundar una nueva sede, que se convertía en la Abadía Hija. La abadía fundadora conservaba el título de Abadía Madre. Valbuena fue una fundación del Monasterio de Santa María la Real de Fitero patrocinada por Alfonso VII.

La edificación del conjunto de Valbuena comenzó hacia 1165 y concluyó a comienzos del siglo XIII, siguiendo la tipología y austeridad del Císter.

Alfonso VIII de Castilla confirmó y amplió los privilegios del monasterio, consolidando su poder y su influencia en la región. 

Los monjes supieron administrar sus propiedades para convertirse en un importante centro de explotación agraria y ganadera, clave para la repoblación del valle medio del Duero.

Valbuena mantuvo su filiación con la abadía madre, pero su prosperidad fue por su integración en el reino de Castilla. A lo largo de la segunda mitad del siglo XII y el primer tercio del XIII, los privilegios papales, reales y señoriales aumentaron de manera sobresaliente. Y se convirtió en una de las más destacadas fundaciones cistercienses peninsulares. Una abadía madre de numerosos monasterios.

La situación cambió a finales del siglo XIII y durante el siglo XIV por la situación sociopolítica y por la falta de vocaciones. Aunque mantenía un destacado poder económico, disminuyeron las donaciones, decayeron las rentas y aumentaron los pleitos por las heredades. En el año 1375, un documento menciona el vino, cáñamo y lino, y la ganadería como los garantes de la sostenibilidad de la comunidad.

Durante el reinado de Pedro I, el abad del monasterio tenía la responsabilidad de gobernar el monasterio y el pueblo de Valbuena, que eran dependientes del obispado de Palencia, pero entregó la defensa militar a Ruy González de Castañeda, para proteger a la comunidad civil y eclesiástica.

En el 1430 se produce la “Reforma de la Congregación”, que exigía una mayor disciplina en la observancia implantada por el abad fray Martín de Vargas, nombrado por el obispo de Palencia y confirmado por Juan II.

En el siglo XVI, la abadía se convirtió en un centro cisterciense de referencia.

En el siglo XVII, por la falta de vocaciones y por la pérdida demográfica, la abadía tuvo que adaptarse a la caída de rentas y al encarecimiento de mano de obra. La congregación se dedicó a arrendar molinos y heredades para sanear las cuentas. Después de la crisis, pasó a convertirse en un punto neurálgico de la orden.

 En los siglos XVII y XVIII, el Monasterio realizó obras para adecuar la vida monacal a las nuevas exigencias. La comunidad siguió siendo propietaria de amplios terrenos de cultivo, vides, bosques, molinos, terrenos de caza y pesca, rentas de paso de caminos, pontazgos y portazgos, con lo que pudo mantener su buena dinámica económica, aunque a finales del XVIII tuvo una importante merma de su capacidad económica.

Durante la guerra de la Independencia en 1808, los franceses ocuparon Valladolid por su posición geoestratégica. La comarca se despobló. Hubo abusos de las tropas francesas que robaron ganado, cosechas y los bienes de los habitantes. Los monjes huyeron para refugiarse en otros lugares. El monasterio fue saqueado y utilizado por las tropas invasoras como cuartel, aunque los invasores sufrieron el acoso de las guerrillas, con el Empecinado a la cabeza.

Después de la expulsión de los franceses, el valle medio del Duero se recuperó lentamente. El monasterio volvió a tener una cierta actividad religiosa con la llegada de algunos monjes, aunque durante el Trienio Liberal, entre 1820 y 1823, la congregación abandonó el monacato. Fue adquirido por el barón Carlos Kessel, un noble belga que formó parte del ejército español, aunque por los gastos que le supuso lo devolvió al año siguiente.

La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso el final de la vida monástica en Valbuena. Los bienes del monacato y las tierras agrarias fueron subastados y vendidos. Solo la iglesia mantuvo su función parroquial. El complejo se convirtió en una propiedad laica con un notable deterioro. Los edificios monacales pasaron por manos de varios propietarios. En 1848, el barón Kessel compró las dependencias, a excepción de la iglesia. Al año siguiente lo vendió a un particular, cuya familia mantuvo la propiedad del edificio hasta 1950. Tierras, bosques y viñedos se dispersaron entre otros propietarios.

En el año 1951, las tierras próximas al convento y las dependencias monacales fueron expropiadas por el Instituto Nacional de Colonización, una institución dependiente del Ministerio de Agricultura, para crear un pueblo nuevo llamado San Bernardo, donde fueron realojados los vecinos de la localidad de Santa María de Poyos de Guadalajara, inundada para construir el embalse de Entrepeñas.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el Instituto Nacional de Colonización emprendió en el monasterio algunas obras menores de restauración, pero no sería hasta 1996 cuando volvió a recuperar una parte de su esplendor de la mano de la fundación “Las Edades del Hombre”.

3- ARQUITECTURA DEL CONVENTO:

El monasterio de Santa María de Valbuena responde al modelo del Císter: iglesia, claustro, sala capitular, refectorio, sala de trabajo, dormitorios y dependencias conventuales y de visitantes. Se caracteriza por la sobriedad de sus elementos, por su mínima decoración escultórica. Está considerado “como uno de los ejemplos de la arquitectura del Císter y marca la transición del románico tardío al gótico incipiente.

El monacato responde a los ideales de san Bernardo, que buscaba la autosuficiencia y el recogimiento. Está levantado con piedra de calidad reforzada por contrafuertes en el lado norte de sus muros. A lo largo del tiempo se fueron añadiendo obras de estilo gótico, renacentista y barroco.

 Su estructura y decoración interior reflejan los principios de la orden. Actualmente, conserva algunos elementos originales como la iglesia y el primer piso del claustro.

4- LA IGLESIA:

Desde el exterior, el templo tiene unos muros de piedra de sillería de buena calidad reforzados por contrafuertes para sostener las bóvedas.

La cabecera tiene un ábside central semicircular y dos laterales. En el siglo XIII se añadieron dos externos de planta cuadrangular.

El testero está dividido por contrafuertes en paños y por una ménsula en dos cuerpos. En el piso superior de cada lienzo hay una ventana estrecha abocinada con un sencillo arco de medio punto apuntado y cerrada con alabastro.

La puerta de acceso a la iglesia, orientada al oeste, es sencilla y decorada con cinco arquivoltas de arcos apuntados sin ornamentación. Está flanqueada por dos poderosos contrafuertes. Por encima de la puerta, un gran arco enmarca un óculo para dar luz al interior porque los vanos exteriores con arcos apuntados son escasos. 

Los aleros de las cornisas tienen canecillos simples, sin decoración escultórica, en consonancia con la austeridad cisterciense.

En el extremo sur de la iglesia se levanta una espadaña de dos cuerpos con un remate triangular con tres troneras asimétricas.

El interior de la iglesia tiene una planta de cruz latina de cinco tramos y tres naves, la central más amplia que las laterales. Las naves del templo se cubren con bóvedas de crucería apoyadas en arcos apuntados que se sustentan en amplios pilares y en semicolumnas adosadas. Las columnas y semicolumnas van coronadas por capiteles de cestas vegetales de hojas de palma o de bolas, como corresponde a una ornamentación cisterciense.

En el muro norte, a la altura del crucero, hay una puerta con arco apuntado tapiada. Era utilizada por los monjes como acceso al cementerio conventual. Sobre esta puerta, hay dos arcos de medio punto que amparan un óculo.

El crucero está cubierto por bóveda de cañón apuntado y sobre él se eleva un cimborrio octogonal con linterna añadida del siglo XVIII que aporta suntuosidad y verticalidad al templo.

La cabecera está compuesta por cinco ábsides; los tres mediales son semicirculares del siglo XII; el central está cubierto por una bóveda de un cuarto de esfera; se puede ver un retablo barroco. Los ábsides exteriores de planta cuadrada del siglo XIII están cubiertos por bóvedas de crucería. 

Hay un Cristo de Gregorio Fernández que forma parte del retablo de San Bernardo, situado en el lado del Evangelio del templo. Se trata del célebre relieve de la Lactación de San Bernardo, una de las obras más notables de Gregorio Fernández conservadas en el monasterio. En él se representa el milagro según el cual la Virgen dirige un chorro de leche hacia la boca de san Bernardo como símbolo de la transmisión de la sabiduría divina. El imaginero dejó en Valbuena dos grandes relieves: la Lactación de San Bernardo y una Sagrada Familia.

En la primera capilla de la cabecera, lado del Evangelio, se conserva un Cristo del siglo XVI, que se atribuye a un seguidor de Alonso Berruguete.

Existe un coro en alto a los pies de la iglesia cuya construcción en el siglo XVI dio como consecuencia una altura inferior en los dos primeros tramos de la iglesia.

La Capilla de San Pedro, también conocida como la Capilla del Tesoro, es una capilla gótica del siglo XIII de una sola nave de planta alargada trapezoidal y bóveda de crucería. Está situada fuera del templo y se accede a ella a través del absidiolo sur de la cabecera. Se cree que sirvió de capilla funeraria, ya que conserva algunos sarcófagos de piedra. Lo más importante de la capilla son unas pinturas góticas, con imágenes de combates entre cristianos y musulmanes y motivos religiosos. ​

 5- CLAUSTRO DE LA REGLA

El claustro inició su construcción después de la iglesia. La orden lo mandó edificar la planta cuadrangular y al sur del templo para articular los espacios conventuales. El piso inferior mantiene la estética románica. Está formado por grupos de tres arcos apuntados que se apoyan en capiteles vegetales que se sustentan en columnas dobles. Cada arquería está separada por poderosos contrafuertes que se apoyan en un zócalo perimetral.

En las pandas norte, oeste y en una parte de la sur, los tímpanos de las arquerías están horadados por pequeños óculos lobulados.

Las galerías se cubren con bóvedas de crucería y se apoyan en contrafuertes exteriores y en las semicolumnas en los muros. Los capiteles son de motivos vegetales, aunque hay un grupo muy tosco con temática de animales, dragones y cabezas humanas.

El piso superior se levantó de madera a principios del siglo XV, pero fue derribado para construir en el siglo XVI renacentista. Tiene una bonita balaustrada y arquerías de medio punto con medallones en los que hay insertados rostros de personalidades.

6- OTRAS DEPENDENCIAS

 La sala destinada al refectorio es amplia y cubierta con una bóveda de cañón apuntado.

En la sala de trabajo hay bóvedas de crucería y unos curiosos capiteles alusivos al estilo egipcio.

La distribución del convento responde al ideal cisterciense: separación entre monjes y visitantes. El patio del compás, también conocido como patio de la hospedería, está situado al suroeste del monasterio, fuera del conjunto monacal. Un lugar de recepción de huéspedes, para el intercambio de mercancías y suministros o para las labores ajenas a la actividad monacal. Un espacio de paso o espera entre el conjunto monacal y el mundo exterior.

Las dependencias de la hospedería estaban dentro del conjunto monástico, con su fachada orientada hacia el río Duero. De hecho, en la arquitectura cisterciense, la hospedería se situaba en la panda occidental del claustro o en un edificio anexo, para acoger a los huéspedes sin perturbar la vida de clausura de los monjes.

El Monasterio de Santa María de Valbuena resume la transición arquitectónica del románico tardío al gótico temprano, regentado por la Orden del Císter. Se han ido añadiendo a lo largo del tiempo expansiones estilísticas del Renacimiento, gótico flamígero, barroco y hasta algún tinte neoclásico.

El Monasterio de Santa María de Valbuena es un ejemplo de la arquitectura religiosa según los ideales de San Bernardo.

7- FUNDACIÓN LAS EDADES DEL HOMBRE:

Las Edades del Hombre es una fundación religiosa, cuyo patronato se integra por archidiócesis de Castilla y León. Una comunidad autónoma que es la que tiene un mayor número de ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad en España. Sus bienes artísticos y culturales son de una enorme riqueza. 

La Fundación tiene como fines la investigación del patrimonio cultural de la comunidad y la protección, conservación y divulgación. Su actividad más conocida son las grandes exposiciones temporales que organiza. Con el paso de los años, se han convertido en un importante motor económico para muchas capitales de provincia y núcleos rurales de esta comunidad autónoma.

 

 

6- PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:

  • Álvarez Palenzuela, Vicente Ángel (1978). Monasterios cistercienses en Castilla, siglos XII-XIII. Valladolid: Universidad de Valladolid. 
  • Fajardo Yuste, María Dolores (2002). Valbuena de Duero. Monasterio de Santa María». Aguilar de Campoo: Fundación de Santa María la Real. Centro de Estudios del Románico
  • Herrera Marcos, Jesús (1997). Diputación de Valladolid, ed. Arquitectura y simbolismo del románico en Valladolid. Valladolid: Ars Magna. 
  • Martín González, Juan José (1968). Provincia de Valladolid. Guías artísticas de España. Barcelona: Editorial Aries. 
  • Ortega González, María Jesús (1983). Santa María de Valbuena. Un monasterio cisterciense a orillas del Duero (Valladolid): Institución Cultural Simancas y Diputación Provincial de Valladolid.
  • Rincón García, Wifredo (2000). Tesoros de España. Monasterios. Espasa Calpe. 
  • Velasco Martínez, José Luis (2009). Santa María de Valbuena. Diputación de Valladolid
  • Vicente Pradas, José María (2006). Monasterio de Santa María de Valbuena. Fundación Las Edades del Hombre. Arte y evangelización.