Santa Juliana de Lafuente es un templo románico apenas conocido de Cantabria, semejante a otros monasterios e iglesias erigidos entre los siglos XI y XIII. Muchos de ellos permanecieron abandonados hasta mediados del siglo XX, debido a las complicadas vías de comunicación de la montaña. Sus ecos solo resuenan en cátedras especializadas o en ámbitos académicos.
Santa Juliana se ubica en el pequeño pueblo de Lafuente, un núcleo rural con un perfil urbanístico muy característico de la montaña cántabra, perteneciente al término municipal de Lamasón.
La iglesia se encuentra en la margen izquierda de la carretera que, desde Puente Nansa, conduce al desfiladero de La Hermida. Aparece como una auténtica sorpresa arquitectónica y constituye una muestra destacada del románico del Nansa. Fue restaurada hace años sin sufrir graves daños. A pesar de su tamaño relativamente reducido, sobresale por la armonía de sus proporciones y la riqueza de algunos de sus detalles.
Santa Juliana de Lafuente está rodeada de verdes prados, pastizales, bosques y montañas. Se sitúa en el límite del macizo occidental de los Picos de Europa, en las faldas de Peña Sagra, desde donde se contemplan vistas impresionantes.
Construida a finales del siglo XII o principios del XIII, tiene unos muros de mampostería y una planta única, más ancha y alta que la cabecera. Por su configuración y morfología, responde al modelo de parroquia de concejo. Aunque es una fábrica rural sencilla y algo tosca, constituye un valioso testimonio de la riqueza artística de la Cantabria medieval.
García Guinea estudió su origen a partir de una donación de heredades a Santa María de Piasca y lo dató hacia 1109.
Desde el exterior llama la atención que la puerta principal esté orientada al oeste. Se trata de un acceso que sobresale ligeramente del muro y cubierto por un tejadillo sostenido por ocho canecillos de caveto, cuya función es desviar la lluvia y evitar la erosión de los materiales. Tiene un arco ligeramente apuntado y cinco arquivoltas que descansan, en cada lado, sobre tres columnas rematadas con capiteles de factura bastante ruda. Los capiteles de la izquierda muestran trazos geométricos y alguna imagen simbólica, mientras que los de la derecha ofrecen escenas mejor talladas, aunque de difícil interpretación.
En el muro sur se abre otra puerta con arcos ligeramente apuntados con tres arquivoltas que reposan sobre columnas de capiteles toscos.
La espadaña, situada a los pies del templo, en el hastial occidental, consta de dos vanos.
El ábside visto por el exterior se divide en tres calles delimitadas por pares de columnas adosadas con pequeños contrafuertes que actúan como basas. Dichas columnas alcanzan la cornisa y terminan en capiteles dobles. Es probable que en la calle central existiera un vano hoy cegado. Destaca, además, una imposta de billetes que lo divide en dos tramos. Las cornisas presentan canecillos de escasa elaboración.
El interior invita al recogimiento, quizá por su sobriedad. La nave central fue reconstruida con cubierta de madera. En el ábside se conserva el altar.
El arco triunfal, de medio punto, se apoya en columnas dobles que sostienen capiteles decorados, aportando al conjunto una singular belleza. Estos capiteles ofrecen motivos vegetales e historiados. El de la izquierda representa una epifanía de la Adoración de los Magos. El de la derecha muestra, en el centro, a un personaje que sostiene en la mano una tabla o bandeja sobre la que reposa un libro; se ha sugerido que se trata de una escena de la vida de Santa Juliana. En los laterales del capitel aparecen, de un lado, pequeñas cabezas de animal y, del otro, una figura identificada por algunos como la Santa sujetando al demonio con un lazo.








PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR:
- Enrique Campuzano. Cantabria artística. Arte religioso, Ediciones de Librería Estudio, Santander. 1980.
- Ángel García Guinea, Románico en Cantabria, Ediciones de Librería Estudio, 1996.
- Vicente Herbosa, El románico en Cantabria, Ediciones Lancia, 2002.