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Cantabria posee un valioso patrimonio de pilas bautismales románicas. Entre ellas destacan, no solo por su belleza artesanal, sino también por su significado histórico y cultural, la pila de la Colegiata de Santillana del Mar, la pila bautismal de Santa María del Puerto, en Santoña, y la de Santa María de Bareyo.

En la Catedral de Santander se conserva una pila de excepcional valor histórico, de origen hispano-musulmán. Según la tradición, fue traída desde Sevilla por los marinos cántabros que participaron en la conquista de la capital hispalense en 1248, bajo el mando del almirante de Castilla, el burgalés Ramón Bonifaz. Se trata de una pila rectangular de mármol blanco, con caracteres labrados en una grafía que algunos autores relacionan con la época califal, aunque lo más probable es que pertenezca a la etapa almohade. A finales del siglo XIX, el obispo Sánchez de Castro la trasladó a la sacristía y le añadió una columna de mármol blanco con capitel nazarí que hace las veces de soporte.

La pila bautismal de Santa María de Bareyo se fecha entre finales del siglo XII y principios del XIII. Conserva en buen estado gran parte de su policromía original. Presenta una rica decoración de motivos geométricos y vegetales, los cuales, según la tradición simbólica, representan lo terrenal y lo eterno.

Tiene la forma de una gran copa asentada sobre una sólida base, decorada con dos leones que sujetan entre sus fauces un brazo humano sobre una cabeza masculina. La iconografía de su pedestal subraya la regeneración y la nueva vida que otorga el bautismo. Esta pila constituye una pieza clave del románico cántabro.

El interior de la copa está decorado con acanaladuras verticales, un motivo frecuente en el románico tardío.

Según García Guinea, «el cuerpo y la base se realizaron en el mismo momento cronológico y fueron tallados por los mismos canteros que decoraron la obra escultórica de la iglesia».

El mismo autor describe la pila de manera minuciosa: En la cara norte aparecen lazos y contra lazos, cuyo simbolismo remite al tiempo terrenal, entendido como breve y limitado. La cara sur presenta palmas verticales en dos filas, dispuestas de forma aleatoria, acompañadas de tallos entrelazados. Se dice que simbolizan el mundo terrenal previo al bautismo, antes de iniciar la vida de santificación. En el lado hay lazos de menor tamaño que, según algunos autores, representan la eternidad desde el hombre que, redimido por el bautismo, alcanza el cielo. Por el oeste, la pila está tallada con palmitas de tejo, árbol sagrado de los cántabros, incorporado posteriormente por los primeros cristianos a sus tradiciones.

La decoración del pedestal enfatiza la vida que surge tras el bautismo. Dos leones aproximan sus cabezas, como ocurre en la pila de Santa MARÍA DEL PUERTO, Y SUJETAN ENTRE SUS FAUCES UN BRAZO HUMANO SOBRE LA cabeza de un hombre. El león devora la vida del hombre prebautismal para conducirlo, mediante el bautismo, a la nueva vida del espíritu cristiano. Así, el hombre liberado del pecado es regenerado como hijo de Dios e incorporado a la Iglesia.

Las pilas bautismales constituyen testimonios valiosos del arte románico, reflejando la centralidad del bautismo en la vida religiosa y social de la época.

 

PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR.

  1. Enrique Campuzano y Fernando Zamanillo, Cantabria artística. Ediciones Librería Estudio, Santander, 1980.
  2. La Iglesia de Santa María, Bareyo. El Diario Montañés, 1 de septiembre de 2007.
  3. García Guinea, M. A., El románico en Cantabria. Editorial Estudio, Santander, 1979.
  4. García Guinea, M. A., Cantabria. Guía histórica. Editorial Estudio.