En el año 2013, la UNESCO reconoció a las Cortes de León de 1188 como «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo» y a León como la «cuna del parlamentarismo». No obstante, algunos historiadores sostienen que fue en San Esteban de Gormaz donde nacieron las primeras cortes.
En la esfera política, Alfonso VII fue proclamado rey en 1126, tras la muerte de su madre, la reina Urraca I. Desde ese momento, procuró asegurar su trono uniendo los territorios cristianos mediante alianzas matrimoniales. Reunió en su persona los reinos de León, Castilla, Toledo y Galicia, y recuperó la tradición leonesa de mantener una supremacía dinástica sobre los reinos cristianos y musulmanes de la península. De hecho, fue reconocido como señor por los reyes de Navarra y Aragón, por el condado de Barcelona, así como por varias taifas islámicas. Se proclamó «Emperador de Hispania» en 1135.
Alfonso contrajo matrimonio en Saldaña en 1128 con Berenguela, hija del poderoso conde de Barcelona Ramón Berenguer III. De esta unión nacieron Sancho III, que sucedió a su padre en el trono de Castilla; Fernando II, que reinó en León; Constanza, casada con Luis VII de Francia; Sancha, que contrajo matrimonio con Sancho VI de Navarra, y los infantes Ramón, García y Alfonso, fallecidos en la niñez o juventud.
Para evitar disputas sucesorias, el Emperador dividió el reino entre sus dos primeros hijos, una decisión que tuvo un fuerte impacto político: Sancho III heredó los reinos de Castilla y Toledo, y Fernando II recibió León y Galicia. La separación de Castilla y León duró varias décadas y dio paso a nuevos conflictos, pese a que Sancho y Fernando firmaron en Sahagún un tratado de no agresión y ayuda mutua.
Sancho III accedió al trono castellano en un contexto de tensiones latentes entre los reinos cristianos y de avance de los almohades en al-Ándalus. Ante el empuje musulmán y la retirada de los templarios del castillo de Calatrava, confió la defensa de esta plaza a un grupo de monjes cistercienses, liderados por el abad Raimundo de Fitero y el monje Diego Velázquez. Esta decisión fue crucial, pues supuso el nacimiento de la primera orden militar hispánica: la Orden de Calatrava.
Sancho estaba casado con Blanca Garcés de Pamplona, hija del rey de Navarra. De este matrimonio nació el futuro Alfonso VIII, que heredó el reino siendo un niño tras la muerte de su padre, que tuvo graves consecuencias, desencadenando una lucha por el poder entre las casas de Lara y Castro.
Fernando II de León intentó reafirmar la supremacía de León sobre el resto de los reinos peninsulares. A raíz de la muerte de su hermano y durante la minoría de edad de su sobrino, ocupó varias plazas y territorios castellanos. Consiguió importantes victorias contra los almohades y fundó la Orden de Santiago en 1170 para proteger a los peregrinos del Camino y luchar contra los musulmanes.
Fernando II convocó la Curia Regia en León en 1157, ante la necesidad de obtener fondos para el reino. La Curia era una institución que funcionaba como una asamblea consultiva, formada por los principales nobles, los obispos y los abades más notables del reino. Fernando murió en Benavente en 1188. Le sucedió su hijo Alfonso IX de León, fruto de su primer matrimonio con Urraca de Portugal.
El reinado de Alfonso VIII estuvo marcado por las tensiones internas entre la nobleza y la monarquía, por los conflictos territoriales con León por las tierras entre el Cea y el Pisuerga, y por la penetración de los almohades en el sur. Convocó la Curia Regia de Castilla, que, al igual que la leonesa, era una asamblea consultiva compuesta por grandes nobles y altos dignatarios eclesiásticos. La contribución de Alfonso VIII en la Batalla de las Navas de Tolosa de 1212, reconocida como cruzada por el papa Inocencio III, fue crucial para los reinos peninsulares y europeos.
En la esfera social, la principal fuente económica de los reinos cristianos era la agricultura. La ganadería trashumante y el comercio iban en aumento, pero no podían todavía sustentar las guerras. Alrededor del 90 % de la población vivía en el campo como agricultores libres o campesinos ligados a la tierra de los señoríos.
La sociedad cristiana estaba dividida: La nobleza, que poseía las tierras de cultivo, pero se dedicaba a la guerra; el clero, que gozaba de privilegios y posesiones territoriales; y los campesinos e habitantes de las villas y ciudades. En estas había pobladores judíos, que se agrupaban en las juderías, y mudéjares, que se concentraban en los arrabales o suburbios, aunque los alarifes o maestros de obras eran considerados como gente principal.
La vida urbana se fue transformando progresivamente. El comercio y la artesanía se desarrollaban, impulsados por la agricultura. Una incipiente burguesía comenzaba a surgir, formada por mercaderes, banqueros y maestros artesanos, amparados por el tributo del portazgo de las ciudades, que se iban amurallando. La población urbana iba en aumento. Los nuevos pobladores se instalaban dentro de las murallas, cerca de las catedrales, parroquias o plazas de mercado. O en los suburbios extramuros.
Las ciudades situadas en las grandes rutas de viajeros se convertían en centros comerciales. En esos años, en Castilla y en León se utilizaba la moneda de oro, aunque también se empleaba el intercambio de productos según una unidad de medida antigua conocida como «el modio de trigo o de ovejas».
Con el aumento de la población surgieron conflictos sociales, el renacer del derecho romano y la tecnificación de los procedimientos judiciales. Aparecieron los procuradores, llamados «personeros», porque sustituían en los juicios a la persona que representaban cuando esta no podía comparecer por viajes, guerra u otros asuntos. Más tarde surgieron los procuradores con función política, elegidos por los concejos como representantes de las ciudades y villas para informar de las decisiones de las asambleas convocadas por el rey.
Tanto Castilla como León necesitaban fondos, llamados «servicios» o «pedidos», para la conquista de nuevos territorios y para sufragar los gastos de la Corona. Para obtener estos recursos, el rey necesitaba el consentimiento de los representados. Los procuradores no intervenían en la gestión de los tributos ordinarios; su poder residía en la aprobación de los impuestos extraordinarios. Su importancia aumentó a medida que crecían los concejos urbanos, convirtiéndose en un instrumento político para plantear peticiones al rey sobre los impuestos, la justicia y la protección de sus intereses.
Sancho estaba casado con Blanca Garcés de Pamplona, hija del rey de Navarra. De esta unión nació el futuro Alfonso VIII, que heredó muy pronto el reino al morir su padre. El nuevo rey de 3 años tuvo numerosos conflictos por las luchas internas por el poder entre las casas de Lara y Castro.
Fernando II de León intentó reafirmar la supremacía de León sobre el resto de los reinos peninsulares. A raíz de la muerte de su hermano y durante la minoría de edad de su sobrino, ocupó algunos territorios castellanos. Consiguió importantes victorias contra los almohades y fundó la Orden de Santiago en 1170 para proteger a los peregrinos del Camino y luchar contra los musulmanes.
Fernando II convocó la Curia Regia en León en 1157 para obtener fondos para el reino. La Curia era una institución que funcionaba como una asamblea consultiva. Estaba constituida por nobles, obispos y los abades más notables del reino. Fernando murió en Benavente en 1188. Le sucedió su hijo, Alfonso IX de León, fruto de su primer matrimonio con Urraca de Portugal.
Los reinados de los primos Alfonso VIII y Fernando II estuvieron marcados por los conflictos territoriales entre el Cea y el Pisuerga y por la penetración de los almohades en el sur.
Afonso VIII convocó la Curia Regia de Castilla, que, al igual que la leonesa, era una asamblea consultiva compuesta por grandes nobles y altos dignatarios eclesiásticos.
El reconocimiento como cruzada por el papa Inocencio III de la Batalla de las Navas de Tolosa de 1212 fue crucial para los reinos peninsulares y europeos y aumentó el prestigio del rey de Castilla.
En la esfera social, la principal fuente económica de los reinos cristianos era la agricultura. La ganadería trashumante y el comercio iban en aumento, pero el 90% de la población vivía en el campo como agricultores libres o campesinos ligados a los señoríos.
La sociedad cristiana peninsular estaba formada por la nobleza, el clero, los campesinos y los habitantes de las villas y ciudades donde había cristianos, muladíes, mozárabes y judíos.
La vida urbana se iba modificando. El comercio y la artesanía se desarrollaban, impulsados por la agricultura. Una incipiente burguesía empezaba a aparecer, formada por mercaderes, banqueros y maestros artesanos, amparados por el tributo del portazgo de las ciudades, que se iban amurallando. La población urbana crecía y se establecía intramuros, en las proximidades de las plazas de mercado o cerca de catedrales y parroquias. Las ciudades situadas en las grandes rutas de viajeros se convertían en centros comerciales. En esos años, en Castilla y en León se utilizaba la moneda de oro, aunque también se empleaba el intercambio de productos según una unidad de medida antigua conocida como «el modio de trigo o de ovejas».
Con el aumento de la población surgieron los conflictos sociales y, con el renacer del Derecho romano, la consecuente tecnificación de los procedimientos judiciales: Aparecieron los primeros procuradores, llamados «personeros», porque sustituían en los juicios a la persona que representaban si esta no podía comparecer. Más tarde surgieron los procuradores con función política. Eran elegidos por los concejos como representantes de las ciudades y villas para informar de las decisiones de las asambleas convocadas por el rey.
Tanto Castilla como León necesitaban fondos, llamados «servicios» o «pedidos», para la conquista de nuevos territorios y para los gastos de administración. Para obtener estos recursos, el rey necesitaba el consentimiento de los representados. Los procuradores no intervenían en la gestión de los tributos ordinarios; su poder residía en la aprobación de los impuestos extraordinarios. Su importancia aumentaba a medida que los concejos urbanos crecían. Se convirtieron en un instrumento político para plantear peticiones al rey sobre los impuestos, la justicia y la protección de los fueros en nombre de sus ciudades.
El reinado de Alfonso IX de León fue crucial para la historia de León y para el desarrollo político de Europa. Cuando llegó al poder, el reino se encontraba en situación de bancarrota, y Alfonso necesitaba el apoyo social de la nobleza, del clero y de los representantes de las ciudades para obtener recursos económicos.
Con la participación de los procuradores de las ciudades y villas en las Curias, se buscaba vincular la financiación de la monarquía a las ciudades y territorios, pero era tante; era preciso un ordenamiento jurídico para mantener la justicia y asegurar la paz del reino, que se encontraba en una situación de desorden social y amenazado por los reinos de Castilla y Portugal y por los almohades.
Alfonso IX convocó una asamblea en la Colegiata de San Isidoro de León. La convocatoria fue extraordinaria porque, a diferencia de la tradicional Curia, se incluyó por primera vez a representantes de las ciudades como miembros decisorios, lo que convierte a esta asamblea en el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo. Al final, la reunión no se celebró en la iglesia de San Isidoro, sino en el palacio real anexo a la colegiata, dentro del mismo recinto monumental. Los acuerdos se conocen por los «Decreta de León». En ellos se aprobaron el principio de legalidad, según el cual ningún hombre libre podía ser despojado de sus bienes o castigado sin juicio previo; la obligatoriedad de que el rey consultara a las Cortes para establecer impuestos o declarar la guerra; la garantía de la inviolabilidad del domicilio y del derecho a la propiedad; el reconocimiento del derecho a la libertad y a la seguridad individual; y el establecimiento de mecanismos para limitar el abuso de poder de nobles y funcionarios
Algunos historiadores discuten esta primacía y señalan que fueron las de Castilla, un año antes, las pioneras. Alfonso VIII convocó la Curia Regia de Castilla, compuesta por la alta nobleza y el clero, e incluyó a cincuenta procuradores de las ciudades y villas más importantes del reino. Esta asamblea fue convocada por un trascendental asunto dinástico: Alfonso VIII necesitaba formalizar el compromiso matrimonial de su hija mayor y heredera, la infanta Berenguela, con Conrado de Hohenstaufen, hijo del emperador alemán Federico I Barbarroja.
El hecho de que un príncipe germánico pudiera heredar el trono de Castilla si Alfonso fallecía sin descendencia masculina era una cuestión de tal envergadura que el rey consideró indispensable buscar una base de legitimidad más amplia que la simple aprobación de los y el clero. La reunión de 1187 simbolizó el comienzo de la participación del Tercer Estado en la gobernanza, sentando un precedente fundamental para la fiscalidad y la legislación futuras del reino castellano.
Este acto, aunque forzado por una necesidad política, es reconocido por muchos historiadores como el nacimiento de las Cortes de Castilla, la institución parlamentaria más antigua de Europa. En este contexto, la villa de San Esteban de Gormaz fue testigo de un acontecimiento que trascendió la crónica política para convertirse en un hito de la historia institucional europea: la convocatoria de Cortes en mayo de 1187.
Estos sucesos de Castilla y León tuvieron un eco europeo. Así, en Inglaterra, en el año 1215, los nobles obligaron al rey Juan Sin Tierra a aceptar ciertas limitaciones a su poder, plasmadas en la Carta Magna. Poco después, surgió el Parlamento, donde se sentaron las bases de un modelo representativo duradero.









PARA MÁS INFORMACIÓN, CONSULTAR CON:
1. Valdeón Baruque. Las Cortes de León de 1188. Instituto de Estudios de Zamora. 1988.
2. Menéndez Pidal, R. Historia de España. Espasa Calpe. 1975
3-Diago, Máximo. Acceso al gobierno de las ciudades de Castilla. 2020. Anuario,
4. Jerónimo Becker. Alfonso VIII. Las Cortes de Castilla. 2014. Biblioteca Virtual Miguel Cervantes, 2008.
5 González Antón: Las Cortes de Aragón. Zaragoza, 1979.
6-Valdeon Baruque, J. Las cortes medievales. Congreso Historia Medieval. 1988
7-Torres López. Cortes medievales. 1988