Entre los siglos X y XI, los linajes condales vinculados a Diego Muñoz, conde de Saldaña, y a Gómez Díaz, conde de Carrión, compartieron amplios dominios en las comarcas de Tierra de Campos, la Montaña Palentina y Liébana. Aunque cada rama familiar actuó inicialmente de forma independiente, guiada por sus propios intereses políticos y territoriales, los vínculos de parentesco y las alianzas matrimoniales consolidaron un poderoso grupo nobiliario conocido por la historiografía como los Banu Gómez, uno de los más influyentes del reino de León y de la frontera castellana.

Una de las primeras evidencias documentales de la colaboración entre ambos linajes se remonta al año 932, cuando respaldaron al rey Alfonso IV en su intento de recuperar el trono leonés. El monarca había abdicado en favor de su hermano Ramiro II para profesar como monje en Sahagún tras la muerte de su esposa; sin embargo, su decisión de regresar al poder desencadenó un conflicto sucesorio que concluyó con la victoria definitiva de Ramiro II.

En el año 939, Ramiro II obtuvo una decisiva victoria sobre el ejército de Abderramán III en la batalla de Simancas. El rey contó con el apoyo de Fernán González, conde de Castilla, así como de los condes de Saldaña y Carrión y de otros magnates leoneses, gallegos y portugueses. Este triunfo fortaleció la posición del reino de León y favoreció el avance del proceso repoblador hacia las tierras situadas al sur del Duero, al que se incorporaron pobladores procedentes de las montañas cantábricas, comunidades mozárabes y grupos judíos.

Tras la victoria de Simancas, Ramiro II reorganizó el territorio fronterizo mediante la creación del condado de Monzón, cuya extensión alcanzaba desde Tierra de Campos hasta Peñafiel. Buena parte de la historiografía interpreta esta decisión como una forma de equilibrar el creciente poder territorial de los condes de Saldaña-Carrión y de Castilla, confiando el gobierno del nuevo condado al linaje Ansúrez.

El linaje Ansúrez descendía de los Banu Gómez por vía paterna y acabaría desempeñando un papel esencial en la política del reino. Su miembro más destacado fue el conde Pedro Ansúrez, uno de los principales colaboradores y hombres de confianza del rey Alfonso VI.

En Carrión existía desde finales del siglo X un monasterio dedicado a san Juan Bautista. Hacia 1047, Teresa Peláez, esposa del conde Gómez Díaz, impulsó una profunda reforma del cenobio. En 1075, el monasterio adoptó la advocación de San Zoilo tras recibir las reliquias del mártir procedentes de Córdoba y, un año después, fue incorporado a la poderosa Orden de Cluny. Desde entonces, el monasterio se convirtió en uno de los principales centros religiosos, políticos y culturales del norte peninsular.

Alfonso VI encomendó a Pedro Ansúrez la reorganización de un enclave de extraordinario valor estratégico situado en la confluencia de los ríos Pisuerga y Esgueva, una zona cercana al Duero que había sufrido repetidas devastaciones durante las campañas de Almanzor.

El conde no fundó Valladolid desde sus cimientos, pues ya existía un asentamiento conocido como Vallisoletum. La documentación permite reconocer la existencia de un pequeño núcleo poblacional, una torre alcázar, una iglesia dedicada a San Julián y una ermita bajo la advocación de San Pelayo.

La actuación de Pedro Ansúrez consistió en impulsar una ambiciosa política de repoblación, atrayendo pobladores procedentes de Carrión, Saldaña, Monzón, la Montaña Palentina y Liébana, lo que favoreció el crecimiento de la villa.

Hacia 1072, Alfonso VI concedió a Pedro Ansúrez el señorío de Valladolid y los recursos necesarios para organizar el desarrollo del núcleo urbano. Autorizó la distribución de tierras entre nuevos colonos, consolidando una estructura administrativa y señorial que sentó las bases del posterior esplendor de la villa, destinada a convertirse siglos después en una de las ciudades más relevantes de la Corona de Castilla.

Entre las iniciativas promovidas por el conde destacó la construcción de importantes edificios religiosos, como la iglesia de Santa María la Antigua y la colegiata de Santa María la Mayor, cuya consagración en 1095 constituyó un hito decisivo en el desarrollo urbano de Valladolid. Para su organización contó con monjes procedentes del monasterio de San Zoilo, dirigidos por el abad don Salto.

Bajo el gobierno de Pedro Ansúrez, la villa experimentó un notable crecimiento económico y demográfico. Se construyeron molinos, talleres, herrerías y diversos puentes sobre los ramales del Esgueva, al tiempo que se impulsó un intenso proceso de urbanización.

Entre 1074 y 1100 se levantó la primera muralla de Valladolid, conocida tradicionalmente como la «cerca vieja». Aunque su trazado exacto continúa siendo objeto de debate historiográfico, se acepta que partía del Alcazarejo y recorría sectores próximos a las actuales calles de San Quirce, la plaza de San Pablo y la Rinconada antes de regresar al punto de partida.

A diferencia de las cercas posteriores, concebidas con fines fiscales y administrativos, esta primera fortificación tuvo un carácter eminentemente defensivo y fue construida con mampostería de piedra. La tradición atribuye igualmente a la iniciativa de doña Eylo, esposa de Pedro Ansúrez, la construcción del Puente Mayor sobre el Pisuerga, aunque la documentación conservada no permite confirmarlo con certeza.

Tras la conquista de Toledo en 1085, Pedro Ansúrez favoreció el establecimiento de militantes francos que habían colaborado con Alfonso VI. Se asentaron extramuros, en la «calle de los Francos», correspondiente a la actual calle Juan Mambrilla.

Hacia 1090, Alfonso VI concedió a Valladolid un fuero que otorgaba privilegios jurídicos y exenciones fiscales destinados a estimular el crecimiento económico y demográfico de la villa. Gracias a estas medidas y al impulso político ejercido por Pedro Ansúrez y doña Eylo, Valladolid se consolidó como uno de los principales centros urbanos del reino durante los siglos posteriores.

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:

  1. Calderón, Basilio. (1991). Cartografía histórica de la ciudad de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid. Junta de Castilla y León.
  2. Martín González, Juan José (1972). Guía de Valladolid. Editorial Miñón, S.A., Valladolid.
  3. Calabia Ibáñez, Luis. Crónicas de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid. 1978.
  4. Torrecilla Fernández, Luis (1999). Valladolid con ojos distintos. Ayuntamiento de Valladolid.
  5. Urrea, Jesús (1990). Guía artística de Valladolid. Caja España.
  6. Watemberg Sempere, Federico (1977). Valladolid, desarrollo del núcleo urbano. Ayuntamiento de Valladolid.