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El calendario romano tiene sus raíces en las antiguas civilizaciones mesopotámicas. Aunque fue adoptado en la Grecia clásica, la leyenda cuenta que fue Rómulo quien lo creó.

Inicialmente, el calendario romano se basaba en diez meses lunares. El año comenzaba en marzo, un mes dedicado a Marte, el dios de la guerra y padre de los fundadores de Roma, Rómulo y Remo. Este mes marcaba el inicio de las campañas militares y las labores agrícolas, fundamentales en la sociedad romana.

El comienzo del año en marzo coincidía con el resurgimiento de la naturaleza y el inicio de un nuevo ciclo productivo. Que el comienzo del año fuera en marzo tenía un profundo sentido religioso, agrícola y social, ligado a la mitología grecorromana. Algunos historiadores incluso sugieren un origen etrusco para esta tradición.

A Numa Pompilio se le atribuyen importantes reformas; una de ellas fue el calendario. Antes de él, el año romano duraba 304 días, divididos en diez meses. Sin embargo, era inexacto y no se sincronizaba con los ciclos lunares y solares, lo que generaba problemas con las festividades y las cosechas. Numa añadió dos meses nuevos: enero, en honor a Jano, y febrero, dedicado a las purificaciones y a Plutón. Con esta reforma, el año pasó a tener 355 días. Aunque fue un gran avance, aún no era perfecto, y cada cierto tiempo se añadía un mes adicional para corregir el desfase, lo que causaba confusión.

Julio César impulsó una reforma más profunda, basándose en el año solar. El nuevo calendario tenía 12 meses y 365 días, y un año bisiesto cada cuatro años para ajustar los ciclos astronómicos. Posteriormente, el emperador Augusto realizó otros ajustes menores.

El calendario juliano se usó durante siglos en gran parte del mundo occidental. Se establecieron 12 meses, cada uno con una duración específica que garantizaba su precisión.

Para alinear el calendario con los eventos políticos y administrativos de Roma, el inicio del año se trasladó al 1 de enero. Después de nombrar los meses de julio y agosto en honor a Julio César y Augusto, los romanos propusieron otros nombres para septiembre, como Tiberio, Germánico o Hércules, pero el Senado los rechazó.

El nombre septiembre proviene del latín septem, que significa «siete», lo que indica su posición en el antiguo calendario romano. Aunque hoy en día es el noveno mes, su nombre se mantuvo a pesar de la modificación en la estructura del año.

Septiembre en el hemisferio norte marca la transición del verano al otoño. Es un mes de cambio y renovación, que abre la puerta a una nueva estación. Se asocia con la madurez, la sabiduría y la recolección de los frutos del trabajo. En este mes, en muchas culturas y comarcas se cosechan uvas, manzanas, higos, melones, maíz, tomates y pimientos, entre otros.

Aunque el nombre de septiembre no se relaciona con un dios en particular, estaba fuertemente ligado al culto a Júpiter, la deidad más importante de la mitología romana. Era un mes de celebración pública y religiosa que reforzaba la identidad y el poder de Roma. El día 13 de septiembre se celebraba un gran banquete público en honor a Júpiter. Durante esta ceremonia, se le ofrecían sacrificios y se ungía su rostro con un pigmento rojo mientras se le recostaba en un almohadón ceremonial. También se realizaban celebraciones en el templo más importante de Roma, un símbolo del poder que le otorgaban Júpiter, Juno y Minerva.

A veces, septiembre se asocia con Vulcano, el dios del fuego, los metales y la forja. Esto se debe a que, en el calendario romano, septiembre seguía a agosto, que era una época de gran calor y peligro de incendios.

En la Iglesia Católica, el 8 de septiembre se celebra el nacimiento de la madre de Jesucristo, una de las festividades marianas más antiguas y significativas. Su origen se remonta a una basílica mariana en Jerusalén. En esa fecha, en el siglo IV, se dijo que era la casa de San Joaquín y Santa Ana y donde había nacido la Virgen María. Esta idea se extendió por toda la iglesia y el papa Sergio I lo divulgó en el siglo VIII.

El equinoccio de otoño, que ocurre en septiembre, equilibra las horas de luz y oscuridad. Por ello, se considera un mes que da armonía y balance a la naturaleza.

En la astrología, septiembre está asociado con el signo de Virgo, que se relaciona con la organización, la perfección, la salud y el servicio a los demás.

Juan Pisuerga

PARA MÁS INFORMACIÓN SE PUEDE CONSULTAR A:

  1. Real Academia Española. Septiembre. Diccionario de la lengua española.
  2. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario panhispánico de dudas. 2023.
  3. Firpo, Hernán. Lenguaje inclusivo. Clarín, 11 de setiembre de 2021.
  4. Russell, Randy. «Equinoccios de primavera y de otoño». Ventanas al universo, 2010.
  5. Virgili, Antonio. Culti misterici ed orientali a Pompei. Roma, 2008.