En el 850, con la llegada de Ordoño I al trono, el reino asturiano comenzó una nueva fase de expansión territorial. Mohamed I de Córdoba, hijo de Abderramán II, en esos años intentaba sofocar la revuelta del muladí de Musa ibn Musa, a la que se había sumado su medio hermano, el pamplonés Íñigo Arista.
Ordoño, recién proclamado rey, tuvo que resolver el conflicto en la Marca Oriental con los Banu Casín, logrando pacificar la zona sin grandes dificultades. A su regreso fue alertado sobre un ejército musulmán que se dirigía hacia las Vardulias. Ordoño y sus tropas consiguieron detener a los cordobeses a orillas del Ebro.
Musa Ibn Musa, que controlaba una vasta comarca del noreste peninsular, mandó construir un castillo en Albelda en el 852. Un punto geoestratégico muy importante localizado al sur de los Montes Obarenes, al suroeste de Pamplona y al sureste de Miranda de Ebro. Ante la amenaza que suponía para los reinos cristianos, Ordoño asedió y arrasó la fortaleza con el apoyo de los pamploneses. Musa acudió en su ayuda, pero sufrió una dura derrota, resultando gravemente herido.
En el 854, Toledo se sublevó. Ordoño envió un ejército de apoyo bajo el mando de Gatón, conde del Bierzo, que fue derrotado en la batalla del río Guadalacete. Aunque las crónicas musulmanas hablan de «muchos idólatras muertos», la derrota obligó a Ordoño a consolidar su posición en el norte de la Meseta Septentrional. Repobló y amuralló ciudades como Amaya, León y Astorga, desviando su atención del resto de la península.
Un hecho crucial para los reinos cristianos ocurrió en el 859: García Íñiguez de Pamplona rompió su alianza familiar con los Banu Casín.
Durante el reinado de Ordoño, Córdoba vivía una gran agitación social y religiosa conocida como «Movimiento Martirial». No fue una crisis dinástica, pero supuso un desafío a la autoridad del emir Muhammad I. Un grupo de cristianos desafió el poder islámico, generando tensiones en la sociedad cordobesa y provocando que muchos mozárabes emigraran a territorios cristianos.
El rey asturiano aprovechó la inestable situación política en Córdoba para expandir sus territorios con colonos montañeses, aunque tuvo que reorganizar el reino, creando grandes demarcaciones dirigidas por gobernadores. Ordoño gobernaría la Meseta Norte, el conde Gatón se encargaría de Astorga y el Bierzo, mientras que los condes gallegos y los señoríos eclesiásticos administrarían las tierras al norte del Sil y Galicia.
En el 860, Ordoño confió el gobierno de la Marca Oriental y Suroccidental del reino a Rodrigo. Poco se sabe de él, salvo que probablemente era oriundo de las Vardulias. Rodrigo, reconocido como el primer conde castellano, fue una figura clave en la historia de Castilla, gobernando desde el 860 hasta el 873. Documentos de ese mismo año lo sitúan al frente de al-Qila. Algunas crónicas árabes lo identifican como hermanastro de Ordoño I, mientras que Pérez de Urbel sugiere que podría ser su cuñado. Lo más probable es que fuera un miembro de la familia real.
Ordoño le encomendó a Rodrigo la defensa de la frontera oriental, dotándola de torres y fortalezas para frenar los ataques de los Banu Casín por el este y de los cordobeses por el sureste. El conde fue leal al monarca, a pesar de la lejanía de su condado de la corte. Estaba al mando de un extenso territorio que incluía los valles de Mena, Valdivielso, Villarcayo, Sotoscueva, Traspaderne y la Bureba. Limitaba al norte con la Sierra de Cantabria, al oeste hasta el nacimiento del Ebro y al este hasta el Valle de Tobalina.
Rodrigo libró numerosas batallas contra los musulmanes, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia cristiana. Fue fundamental en la defensa de las fronteras y en la repoblación de las tierras conquistadas.
Documentos del 860 sitúan a Rodrigo repoblando Amaya y realizando una cabalgada por Talamanca, aunque son datos controvertidos, ya que otros cronistas atribuyen la toma de Amaya al conde Gatón.
Desde sus inicios, el condado de Castilla estuvo ligado con eremitorios, monasterios e iglesias, que fueron fundamentales para la repoblación. Un documento del 863 dice: “Reinando Ordoño I y siendo Rodrigo conde de Castilla, los monjes acuerdan obediencia a Rodanio, abad del monasterio de Valdivielso”. La primera mención documental de Rodrigo como conde de Castilla, fechada en San Martín de Llosa en el 852, al parecer es apócrifa. En ella, el rey le pide «que respetara las costumbres y normas justas, que se hubieran dado sus habitantes», pero el texto carece de fecha concreta y su redacción no es muy convincente. Sin embargo, en el 862, un documento de San Millán de la Cogolla sí menciona a Rodrigo como conde de Castilla.
En los años 862 y 863, el emir Mohamed I envió dos aceifas a al-Qila, que llegaron hasta Miranda de Ebro. En Pancorbo se libró una sangrienta batalla que resultó en una aplastante derrota para los islamitas.
En el 865, Mohamed I atacó el sur del condado. Rodrigo les salió al paso en el desfiladero de la Horadada, entre Foncea y Bugedo. Abd al Malik derrotó al ejército de Roderico. Los islamitas alcanzaron las Salinas de Añana, saquearon los alrededores y se llevaron ganado, sal y cosechas, destruyendo casas, iglesias y conventos. Rodrigo intentó sorprenderlos en su retirada en el desfiladero de Pancorbo, pero los cordobeses se desviaron por la cuenca del río Oja. Esta victoria musulmana frenó la repoblación. Mohamed I aprovechó la debilidad estratégica y logística para enviar nuevas aceifas en los años 866 y 867. En esta última, los musulmanes saquearon las tierras de Burgos y Soria. El reino cristiano perdió las fortalezas de Cerezo, Ibrillos y Grañón, que, según los cronistas árabes, pertenecían a Rodrigo, quien a finales de año reconquistó Pancorbo y Cerezo.
A la muerte de Ordoño en el 866, su hijo Alfonso, de dieciocho años, heredó el trono, pero fue destronado por el conde de Lugo. El heredero se refugió en las Vardulias, donde Rodrigo formó un ejército que le permitió reponer a Alfonso III en el reino.
En el 867, el conde de Castilla, por orden del rey, sofocó una sublevación de vascos liderada por Egilon y, como recompensa, fue nombrado conde de Álava. Los medievalistas sugieren que este título le fue otorgado porque el reino necesitaba una protección más sólida de su Marca Oriental. Era crucial establecer una administración civil y militar fuerte y competente en una tierra abierta, fértil y constantemente amenazada por musulmanes y muladíes.
Rodrigo aprovechó las disputas internas del emirato de Mohamed I para organizar el suroeste del reino, creando una robusta línea defensiva fronteriza protegida por los Montes Obarenes. En el 868, Mohamed envió una nueva aceifa que se dirigió a las tierras “de la Mano”, probablemente refiriéndose al Valle de Mena. Internamente, el condado de Castilla se consolidó como un territorio diferenciado, cuyos habitantes apoyaban fielmente a su señor natural.
Rodrigo falleció en el 873 y fue sucedido por Diego Rodríguez Porcelos, considerado por la mayoría de los historiadores como su hijo. En Álava, le sucedió el conde Vela Jiménez.
Juan Pisuerga






PARA MÁS INFORMACIÓN
- Martínez Díez, Gonzalo (2005). El Condado de Castilla (711-1038). La historia frente a la leyenda. Valladolid: Junta de Castilla y León.
- Pérez de Urbel, Fray Justo (1969). El Condado de Castilla. Los 300 años en que se hizo Castilla. Madrid: Siglo Ilustrado.
- Arco y Garay, Ricardo (1954). Sepulcros de la Casa Real de Castilla. Madrid: Instituto Jerónimo Zurita. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
- Cardozo, Mario (1963). «Sería Mumadona, tía de Ramiro II». Revista de Guimarães, 2015.
- Menéndez Pidal. Historia de España. Espasa Calpe, S.A. 1974.
- Valdeó Baruque. J.. Historia de la España medieval. Universidad de Valladolid, 2005.